Algo pasa en mi cerebro (II y final) - Sexo Sentido

Algo pasa en mi cerebro (II y final)

Para tener una vida placentera debemos cuidar nuestro cerebro, y eso incluye desde asumir una alimentación balanceada y libre de toxinas hasta practicar ejercicios aeróbicos y contar con una red de apoyo familiar o comunitario que identifique vulnerabilidades y ayude

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

El amor no opera en otro momento sino en el presente, un presente continuo.

Joel Goldsmith

La pasada semana iniciamos una serie sobre el valor que el neuropsiquiatra Daniel G. Amen concede a varias estructuras del cerebro en el éxito de las relaciones interpersonales, pero es bueno puntualizar que esa «capacidad instalada» no se manifiesta al margen de nuestro contexto sociocultural.

Para tener una vida placentera debemos cuidar nuestro cerebro, y eso incluye desde asumir una alimentación balanceada y libre de toxinas hasta practicar ejercicios aeróbicos (gimnasia, bicicleta, caminatas, natación, sexo…), y contar con una red de apoyo familiar o comunitario que identifique vulnerabilidades y ayude a atenuarlas.

La mayoría de las disfunciones cerebrales se asocian a fallos en el flujo sanguíneo provocados por enfermedades vasculares, hipertensión, diabetes u otras afecciones crónicas mal atendidas, pero también por traumas físicos o psicológicos, exposición a sustancias tóxicas, abuso de drogas, tabaco o alcohol e incluso a cambios en el nivel de estrógenos, testosterona y otros neurotransmisores, los mensajeros químicos de nuestro pensar y sentir según las circunstancias de la vida.

Todo cambia

Una estructura fascinante es el Giro Cingulado Anterior (GCA), al cual el doctor Amen califica de «estación de intercambio» porque mueve nuestra atención de un estímulo a otro y valora las opciones antes de aferrarse a alguna en particular, además de ubicarnos en contexto, relajarnos y hacernos enfrentar los retos cotidianos a partir de una habilidad básica para el trabajo en equipo: la flexibilidad cognitiva, la cual genera tolerancia y cooperación en la pareja, la familia y otros espacios públicos.

Un nivel bajo de serotonina genera hiperactividad del GCA, lo cual lleva a comportamientos rígidos u obsesivos, típico de esa gente que vive atrapada en lo que ya sabe y no logra aprender o adaptarse. Por eso dicen NO automáticamente a lo nuevo o planean mucho el futuro; y como son inseguros, las cosas son a su manera o ellos pierden los estribos.

Para colmo necesitan controlar a los demás, no olvidan los errores y viven atrapados en ideas fijas, casi siempre pesimistas, que vuelven una y otra vez (como si su cerebro se reiniciara a cada momento) al estilo de «nunca volverá a ser igual» o «me fallaste y nunca te perdonaré».

Existen fármacos que bajo estricta supervisión médica pueden mejorar la calidad de vida de estas personas, pero sus allegados deben aprender también a manejar la situación si quieren lograr lo que se proponen. Para que se «relajen y cooperen» no hay que llevarles la contraria. Amen sugiere presentarles opciones de modo supuestamente indiferente, pero desafiante: «Seguro que no quieres ir al cine…» o «¿Quieres que te deje descansar esta noche?».

Es obvio que son personas difíciles de complacer (sobre todo en ciertos días del ciclo menstrual si es una mujer), pero tampoco es fácil convivir con quienes tienen un GCA hipoactivo, porque se vuelven apáticos, se disocian con facilidad y cambian de opinión como una veleta.

En casos extremos estos individuos llegan al mutismo y la akinesia (inactividad casi total), la relación deja de importarles y no hacen nada por recuperar terreno, aun amando a la pareja y sabiendo que la pueden perder.

Un buen programa para convencer a los cerebros «rígidos» es llevarles a comer una pizza u otros alimentos bajos en proteína y altos en carbohidratos (para regular su serotonina), luego dar una caminata por el parque de la ciudad y, para cerrar la noche, ¡chocolate!

El cristal con que miramos

El sistema límbico (SL) es el filtro para interpretar lo que nos ocurre cada día. Además de intervenir en el régimen de sueños y alimentación, colorea nuestra realidad y es el almacén de los recuerdos emocionales, buenos y malos.

Por eso muchas reacciones dependen de cuán felices o traumáticas sean nuestras remembranzas, principio aplicado en hipnoterapias para deconstruir el pasado con una mejor perspectiva y «recordarlo» de modo menos conflictivo.

El SL procesa directamente el sentido del olfato. De ahí que los olores asociados a ciertas emociones nos impacten tanto, así que si hablamos de amor «a primera olfateada», esta estructura tiene mucho que ver en el asunto.

Si trabaja bien, nos proyectamos positivos, esperanzados, bien conectados con los demás, vemos el lado bueno de la vida y perdonamos los errores ajenos. También somos más jaraneros, sensuales, interesados en los juegos sexuales y recordamos sobre todo las emociones agradables.

Cuando hay baja actividad del SL no se reportan cambios en la conducta, pero si trabaja mucho provoca negatividad, depresión, pesimismo e irritabilidad; genera patrones irregulares en el comer o dormir (por exceso o defecto) y reduce la energía, la motivación y el deseo sexual.

Como no se sienten sexys, estas personas se apartan de todo lo que huela a erotismo. Más bien prefieren permanecer solas, no les interesa hacer nada, no acepan disculpas y toman todo por el lado peor. En ese estado pueden darse crisis emotivas, llantos de desesperanza y baja autoestima.

Esta disfunción puede deberse a déficit de norepinefrina, dopamina o serotonina, cuyos niveles son regulables mediante cambios en el estilo de vida y atención psicológica.

Valioso recurso de la música

Los lóbulos temporales (LB) y sus diversos componentes atesoran las claves para el aprendizaje social y cognitivo (escuchar, hablar, leer, escribir, reconocer nombres y caras…), el uso de la memoria a corto, mediano y largo plazo, el procesamiento de la voz o la música y la estabilidad del temperamento.

El lóbulo derecho procesa la valoración interior y las experiencias espirituales y orgásmicas (a veces los límites son confusos). Mientras la amígdala cerebral coordina las respuestas emocionales, el hipocampo codifica cada suceso durante varias semanas para su posterior recuperación. Ambos trabajan mejor unidos; por eso se recuerdan más fácilmente aquellos procesos de aprendizaje formal o informal que se imprimieron en el cerebro asociados a emociones intensas.

Si esta amígdala funciona adecuadamente tendemos a procesar el mundo de modo lógico, racional. Si se sobreestimula reaccionamos en exceso, pero cuando está «en baja» no asimilamos de inmediato la situación y por ende no hacemos lo que se espera de nosotros en el momento preciso.

En ambos casos hay dificultades para estudiar y recordar lo aprendido a largo y mediano plazo, para hallar la palabra adecuada en una conversación y captar las claves sociales del comportamiento. Eso provoca inestabilidad del carácter, preocupaciones espirituales o morales y a veces falta de sensibilidad o empatía con el conflicto ajeno.

Para las parejas es importante saber cómo tratar a estos individuos y ayudarles a ser emocionalmente más estables, a comprender y respetar el estado de los demás, tener sentido de la identidad e historia propias, llenar las lagunas que se forman en la memoria y «capear el temporal» de su carácter inestable, sus episodios de ira, conversaciones ambiguas o agresivas y sus sentimientos frustrantes.

Suerte entonces para quienes lidian con sus sospechas y pequeñas paranoias, sus confusiones y malinterpretaciones de la realidad, su pesimismo, alucinaciones, intuiciones y fanatismos religiosos provocados por la hipoactividad de estos lóbulos, o los episodios de amnesia, depresión e ideas suicidas que genera su hiperactividad.

Por suerte la música es un recurso valioso para domar almas turbulentas y devolverles el sentido de la vida, aunque también ayudan una dieta proteica, ingerir sustancias antioxidantes y procurar consejería formal.

Ahora al menos podemos sospechar de qué padece la madre de la Santita en la novela brasileña de turno, Ciudad Paraíso. Pero a la joven ¿qué parte del cerebro le falla que aún no corre a los brazos del obsesivo y apasionado Zeca?

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