Tu antípoda interior

La comunicación fluida en las relaciones interpersonales es el mejor método para llevar a cabo una buena relación

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Desde mi libertad, soy fuerte porque soy volcán.

Ana Belén

A veces discuto con mi amiga Rachel sobre nuestras vidas, social o sentimental, y ella me acusa de racionalizar demasiado cualquier asunto o buscarle la quinta pata a un gato que ni siquiera maúlla. Según ella, bien podría enriquecer mi existencia si me diera más permisos para vivir el ahora sin hurgar tanto en sus causas y azares.

Yo, a mi vez, la atormento por ser tan crédula y emocional, lo cual la lleva a estancarse en hechos irrelevantes en lugar de dar cauce a su precioso potencial creativo. «Por eso nos complementamos: tú abres mis horizontes y yo le doy sentido a tus chácharas», dice conciliadora, y juntas elegimos los siguientes mejores pasos posibles para ambas.

Sin duda, las amistades nos ayudan con sus elogios y empujones, a veces oportunísimos, pero como no siempre disponemos del tiempo y los consejos ajenos, es importante cultivar tu propio mejor amigo intangible: esa vocecita que disiente de tus reacciones antes de que se manifiesten, como el grillo conciencia de tu paz interior.

Dialogar con ese grillito requiere madurez, perspicacia, autoconocimiento, sentido del humor y mucha fe en el mejoramiento de tu condición humana. Solo así aprendes a ser flexible y cambiar la mirada si no puedes cambiar las circunstancias, ingrediente clave para la felicidad.

Vidas pararelas

Si por lo general dependes de tu orgulloso raciocinio para tomar todas las decisiones o, por el contrario, vives dando bandazos entre emociones convulsas, te puedes considerar una persona rígida e insegura, como un tren que avanza sobre un riel ignorando la cercanía del otro... hasta que un desnivel lo obliga a posar todas sus ruedas y aprende a confiar en el trazado del camino.

La flexibilidad es un atributo de la inteligencia, un remanso en el que podemos ESTAR sin obligarnos a SER. El filósofo hindú Osho lo describe así: «El hombre que es completamente lógico —totalmente cuerdo, siempre cuerdo, sin que nunca se permita nada ilógico en su vida— es un loco. La cordura necesita ser equilibrada con la locura; lo lógico necesita ser equilibrado con lo ilógico. Los opuestos se encuentran y se equilibran».

La rigidez excesiva genera sufrimiento y daño físico en las articulaciones y los órganos blandos, como el páncreas y el estómago. Es mejor acceder a ese otro yo que te compensa y encamina para acceder a una vida mejor.

Empieza pidiendo ayuda a tu familia, pareja o amistades íntimas, gente que te conozca y describa con honestidad tus puntos débiles, eso que te saca rápido de tus casillas. Los mayas llamaban poder antípoda a esa condición más opuesta a la personalidad dominante y estimulaban su reconocimiento desde edades tempranas. Cuando ya lo dominas, tu conducta cambia, primero de manera sutil y luego de forma evidente y sanadora.

Lo paradójico es que a veces la gente en tu entorno se preocupa por esa transformación, temen por tu estabilidad y hasta piensan que hay «alguien» trastocando tu vida en secreto, o se alarman si te escuchan tararear canciones o razonar en voz alta.

En ese caso demuéstrales que estar contigo no es para nada riesgoso: Tú estás disfrutando muchísimo de tu propia compañía, en las buenas y en las malas, y eso es lo que debe importarles en lo adelante.

Quien solo es racional es irracional y se pierde muchas cosas, dice Osho. De hecho, se perderá lo bello y verdadero por acumular cosas triviales en una vida mundana. Allá quien reacciona todo el tiempo desde «fuera» porque cree que así sufrirá menos... Tal vez lo logre, pero no va a disfrutar al ciento por ciento de su condición humana y llegará a la vejez sin ternuras memorables.

Un proverbio dice: si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes, y en materia de amor eso está probado. La anticipación exagerada de la mente le resta brillo a tu espontaneidad y te desmoraliza cuando el príncipe llega, pero es verde y no azul.

«Tu cabeza tiene su propia función, su propia belleza, pero tiene que estar en su lugar», insiste Osho. Hay momentos para reflexionar o tomar providencias y momentos para dejar fluir tu naturaleza, sentir sin poses, perdonar porque sí, llorar y reír, extasiarte con el canto de un pájaro y creer en las frases entusiasmadas de tus pretendientes, sean ciertas o no, porque en ese momento son auténticas para quienes las dicen y escuchan.

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