Políticas, normas y realidad

El abuso del aborto quirúrgico y la regulación menstrual es en la actualidad un problema de salud, por sus consecuencias negativas para la salud reproductiva de la mujer

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

¿Cuántas mujeres mantienen una vida sexual activa y no emplean métodos anticonceptivos para evitar un embarazo? En nuestro país, no pocas acuden a la interrupción voluntaria y gratuita de la gestación, abusando de su derecho a decidir cuántos hijos tener y en qué momento de su vida.

En conferencia ofrecida en el XVI Congreso de la Sociedad Cubana de Ginecología y Obstetricia 2016, el especialista en Ginecobstetricia Miguel Sosa Marín, presidente de la Sociedad Cubana de Desarrollo de la Familia (Socudef), afirmó que un número elevado de mujeres menores de 20 años recurre al aborto e incluso lo reitera en menos de 12 meses, al asumir esta vía como método para regular su fecundidad.

¿Ignoran acaso la repercusión desfavorable del aborto sobre su salud sexual y reproductiva? ¿Desconocen que los métodos invasivos se relacionan de manera directa con diversas causas de infertilidad?

El aborto quirúrgico y la regulación menstrual constituyen hoy un problema de salud, en tanto su práctica es muy riesgosa, aunque se realice en condiciones seguras en las instituciones hospitalarias del país.

Sosa Marín acotó que en 161 policlínicos se realiza la regulación menstrual y 76 hospitales cuentan con servicios de aborto. Ambos procedimientos requieren determinados análisis previos para comprobar el estado de salud de la mujer. Se esperan los resultados del hemograma y del grupo factor para realizar la interrupción, mientras que la serología y el test de VIH no condicionan su postergación.

El 51 por ciento de los abortos inducidos en el país se realiza a través del aborto medicamentoso, la vía más segura porque es un método menos invasivo, tiene una elevada efectividad, puede involucrar a la pareja y la familia, y no suele comprometer la salud reproductiva, aunque su abuso puede acarrear consecuencias negativas.

Sosa Marín apuntó como prioridad del Sistema Nacional de Salud amplificar el uso del medicamento Misoprostol, como un protocolo referencial para extender el aborto farmacológico hasta el 80 por ciento de los abortos solicitados.

Sin embargo, subrayó, la mejor manera para decidir consciente y responsablemente cuántos hijos tener y en qué momento es asistir a las consultas de planificación familiar, en las que la mujer o la pareja determinan, a partir de la información recibida, cuál método anticonceptivo de larga duración, además del condón, desean utilizar para evitar un embarazo: píldoras, inyecciones hormonales, implantes o dispositivos intrauterinos.

La mejor estrategia para reducir el aborto y sus secuelas es disminuir los embarazos no planificados, añadió el especialista. Para ello urge no solo elevar y mantener la disponibilidad de los métodos anticonceptivos en nuestras instituciones, sino también incrementar el conocimiento sobre ellos en el personal que labora en la Atención Primaria de Salud, con vistas a una mejor educación sexual de la comunidad, en especial de adolescentes y jóvenes.

Se aspira a contar cada año con no menos de 500 000 tabletas de anticoncepción de emergencia disponibles en ese nivel de atención, pero no basta tenerlas si no se habla de ellas ni se informa sobre sus ventajas.

«No se logra una cultura de anticoncepción consciente en la población si los métodos existen pero se desconocen, mucho menos si se valoran el legrado o curetaje y la regulación como la solución ante un embarazo no esperado».

Sosa Marín insistió en que se debe evitar exponer a regulación menstrual a aquellas mujeres que no están grávidas. Primero debe hacerse un test de embarazo para descartar trastornos menstruales y así evitar maniobras abortivas invasivas innecesarias.

«En el aborto quirúrgico deben aplicarse las guías de atención aprobadas para elevar significativamente la seguridad en el proceder. Es importante que el personal de salud ofrezca información actualizada sobre los medios de anticoncepción existentes en el país y rompa con no pocos mitos y falsas creencias asociadas a algunos de ellos.

«El consultorio del médico de la familia y las consultas de Planificación Familiar deben propiciar, además, un ambiente amigable para adolescentes y jóvenes, pues las relaciones sexuales se inician cada vez a edades más tempranas sin tener conocimiento sobre estos temas».

Las investigaciones en torno a estos asuntos arrojan que la tasa de discontinuación del uso de un método anticonceptivo después de un año es elevada, si quien eligió el método fue el profesional de salud, acotó Sosa Marín.

«Cuando es la mujer o la pareja quien elige el método a partir de la información necesaria sobre los existentes, el riesgo de abandono es menor porque confían en el método y se sienten cómodos con él».

El desafío mayor radica en disminuir el abismo entre las políticas, las normas existentes y la realidad concreta. «No es posible un cambio de mentalidad en relación con el aborto, si quienes debemos ejecutar estas políticas desde la atención médica, la escuela y la familia no lo hacemos», concluyó el especialista.

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