¿A qué le eres fiel?

Las misteriosas y no tan misteriosas motivaciones tras las infidelidades son reveladas por la sicóloga Esther Perel, tras años de estudio de la intimidad de pareja

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

El matrimonio es una cadena tan pesada que a veces hacen falta tres para llevarla.

Alejandro Dumas

Ser infieles demanda una tenacidad que todo matrimonio envidiaría. Su encanto está en lo prohibido, pero también en la embriaguez de captar una pasión novedosa, tal como empezó la relación traicionada.

Así lo revela Esther Perel, sicóloga belga especializada en intimidad de las parejas, quien de visita en Cuba por estos días aceptó inaugurar un ciclo de charlas sobre el futuro de la feminidad, iniciativa del proyecto Abanico y su productor, Rafael Lavín.

La monogamia se concreta en el día a día, pero la realidad es una pequeña porción de la mente humana, donde la fantasía tiene mucho más espacio. Por eso quien engaña casi nunca tiene la intención de lastimar, dice la experta.

Más que alejarse de su pareja o buscar placer ajeno, lo que se añora es la propia esencia, lo dejado atrás al asumir una exclusividad basada en el amor, aunque el deseo es quien impulsa ese tipo de elecciones.

Cuando sale a la luz, lo que más duele no es el contacto con otros cuerpos, el tiempo o los recursos «desviados» del afán común, sino la traición a esa misión idealizada de construir el amor único, indispensable e irremplazable que los llevó a unirse en primera instancia.

Pero la práctica terapéutica confirma que tras materializar una aventura mucha gente refuerza el interés hacia su vínculo estable, mejora su entrega erótica y se dispone a resarcirla de mil maneras.

Facebook que no ve...

En esta era digital es más fácil y a la vez más difícil esconder las infidelidades. En las redes sociales puedes conocer a muchas personas, pero también hay más riesgo de que te atrapen en un fuego cruzado.

Hoy no se mira con igual condescendencia a una mujer que decide perdonar porque hay más facilidades para no depender económicamente de nadie y ella puede tener todo el sexo que quiera, comenta la experta. Si no fuera por esa presión social (ejercida desde siempre sobre los hombres), mucha gente reconocería que su amor es aún más fuerte que el desencanto y le daría a su historia otra oportunidad.

Esther no se declara ni a favor ni en contra de las infidelidades. Cada caso es una enseñanza y hace falta coraje tanto para romper como para reescribir la trama.

Ella comparte dos claves para lograrlo: la primera es que el infiel se arrepienta sinceramente del daño ocasionado a su pareja, aun cuando no sienta remordimientos por la experiencia vivida, y la segunda es enfocar el diálogo conciliatorio no desde los detalles sórdidos (quién, dónde, cómo), sino desde lo aprendido sobre su propio vínculo: ¿Por qué tú? ¿Por qué nosotros? ¿Qué sentías al verme cada día? ¿Qué descubriste de ti? ¿Cómo salimos de esto juntos?

Pasión vs. contrato

El matrimonio ha sido, y es aún de cierta forma, un acuerdo patrimonial: qué familia alimentar y quién se queda con los bienes en caso de muerte o ruptura. Por eso la magnitud del engaño depende tanto de lo hecho como del modo en que se recepciona por la otra parte.

Si la infidelidad se generara porque falta algo dentro de una relación, todos los matrimonios estarían condenados a sufrirla, porque nadie lo tiene siempre todo para el otro: la pareja se construye entre dos seres imperfectos que sueñan algo dialécticamente superior y viven en permanente reto, negociando poder y seducción hacia adentro y   afuera.

La persona infiel viola la fe colectiva en un modelo romántico que aún defendemos, y esa violación no empieza al meterse en otra cama sino antes, desde el chateo, el piropo en la calle, el gesto de atención hacia otras personas…

Se dice que el hombre es infiel por temor al compromiso y la mujer por hambre de intimidad, pero la vida es una ecuación más compleja, sobre todo ahora, que no nos casamos para tener sexo con alguien, sino para dejar de tenerlo con otras personas, apunta Esther.

Incluso en parejas abiertas hay reglas claras de cuándo, dónde o con quién no se puede experimentar, pero bordear el contrato es lo apasionante: transgredir los límites da sensación de autonomía y puede llegar a ser adictivo, no importa que tan tradicional o moderna sea la pareja.

La alquimia sexual es importante en esa vivencia. Después de cierto tiempo, un sexo fantasioso de pocos minutos genera más endorfinas que el intercambio cotidiano con tu pareja. En las encuestas aplicadas en disímiles países el 95 por ciento critica las aventuras, pero esa misma cifra dice que las tendría si pudiera evitar las consecuencias.

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