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Lista para ayer

El hábito de posponer se basa en dos patrones paralizantes: verse a sí mismo como un ser inadecuado y ver el mundo como un lugar demasiado difícil y exigente. Sexo Sentido aborda el tema

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Al mal paso dale prisa. Proverbio popular

 

Casi todo el mundo tiene una lista de cosas que hubiera sido bueno terminar para ayer, sin embargo vive aplazándolas con la pueril esperanza de que se resuelvan por arte de magia y quedar libres de esa sensación de culpa, autoengaño o desesperanza que genera la postergación.

En un artículo titulado Superar el hábito de posponer, publicado en 1997 en la revista Toxicomanía, el doctor William J. Knaus describe el costo sicológico de esa actitud y propone un modelo de herramientas para superar la tendencia hedonista de perder el tiempo y además sufrirlo.

La postergación se manifiesta en dos áreas: el autodesarrollo y el automantenimiento, presentes en todas las dimensiones de la vida: estudio y trabajo, relaciones interpersonales, entorno... Llevado a la cotidianidad de las parejas, un ejemplo del primer caso es el de esas personas que no quieren asumir compromisos serios porque saben que tarde o temprano eso implica la constitución de un hogar con responsabilidades.

El segundo caso puede verse en gente que boicotea su propio placer al demorar pequeños pasos que lo acercarían hacia su ideal de encuentro erótico, desde limpiar la habitación o mejorar la técnica amatoria hasta grabar la música adecuada, cambiar de perfume o aprender el poema que la pareja sugirió.

El hábito de posponer se basa en dos patrones paralizantes: verse a sí mismo como un ser inadecuado y ver el mundo como un lugar demasiado difícil y exigente. Tales creencias irracionales se manifiestan de varias maneras. La primera es un perfeccionismo que se traduce en miedo y te lleva a evitar tareas en las que el éxito no es seguro, sobre todo cuando asumes (o te hacen ver) que tus metas son poco realistas.

Ese es el caso del tímido que cree no estar a la altura de su deseo, y como no tolera la idea del rechazo, no toma la iniciativa, pero luego sufre si ve a esa persona en amoríos con alguien que se le asemeja en físico o personalidad.

La ansiedad con tendencia al catastrofismo es otra creencia errónea: tanto pospones tus decisiones en espera de una señal de garantía que tus pendientes se acumulan, y esa saturación (que es otra creencia) agrava tu angustia, de la cual te justificas asumiendo el rol de víctima atrapada en una vida demasiado dura y lacerante.

¿Quién no conoce a una persona así? Su matrimonio es un desastre, su familia no la considera, su imagen personal se deteriora, pero sigue posponiendo la ruptura, el diálogo o la consulta y acumula más humillaciones en espera de un milagro salvador, o elige «sacrificarse» para que la gente la ame más y la ayude a resolver otros conflictos.

También son creencias postergadoras el decidir que hay que hacer todo o no empezar nada, y el sentir enfado cuando no avanzas porque sientes que tú sí puedes comerte el león. Esa avalancha abrumadora de autocríticas te debilita y compulsa a adormecerte con juegos (como las descargas sexuales con gente desconocida) u otras acciones poco prácticas (burlarte de gente que sí está enamorada), en espera de una señal inspiradora para solucionar tus propios desafíos.

Los mecanismos que perpetúan esa actitud son muy poderosos (racionalización, huida, impulsividad), pero son fáciles de identificar cuando los encaras como adicciones y te muestras alerta ante esa intolerancia cargada de autodesprecio y derrotismo (Ya lo haré mañana. Yo soy así de finalista. Qué estupidez estoy haciendo. Tú verás que alguien me ayuda…).

Claro que puedes cambiar esa conducta, y el primer paso debes darlo ahora mismo: con toda honestidad escribe los pendientes que perjudican tu vida sexual o amorosa, busca prioridades según sus consecuencias estratégicas, define de forma realista cuánto tiempo te llevará ejecutarlos, marca una fecha y hora tentativa de inicio (empezando hoy con los más fáciles y urgentes, como llamar a «esa» persona o mejorar tu higiene) y subraya en una columna paralela el premio autootorgado por cumplirlos o el castigo por posponerlos otra vez.

¡No hagas trampas! No esperes por la volátil inspiración, enfócate en los beneficios que cada tarea va a reportarte, vigila los pensamientos autodestructivos y ten frases positivas en lugares donde puedas leerlas a menudo.

En especial disfruta las reacciones de tu familia y pareja cada vez que logres algo nuevo y reflexiona en cómo mejora tu estado de ánimo y tu autoconfianza al salir de ese círculo de demandas insatisfechas, enfado crónico y rebelión interior. 

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