Pregunte sin pena

Autor:

Mariela Rodríguez Méndez

F.P.: Mi primera relación sexual sucedió cuando tenía 17 años, con una muchacha de mi edad que ya había tenido sexo con anterioridad. La primera vez que lo intentamos estaba tan nervioso por temor a quedar mal ante ella, que no logré la erección. Luego, cada vez que lo intentaba pensaba en lo que me ocurrió, y lejos de concentrarme en el disfrute, mi cabeza no hacía más que intentar inútilmente lograr la erección. Solo pude con la comprensión y ayuda de ella. Desde entonces, ocurre lo mismo. Necesito la ayuda de mi pareja para lograrlo. He pensado usar píldoras, pero no quiero tener que lograrlo así. Tengo 24 años.

Las píldoras no curan el miedo a quedar mal, ni de la necesaria comprensión y ayuda de la mujer elegida. La píldora podría mostrar turgente el órgano viril. Pero posiblemente necesitarás de otros modos de quedar mal hasta sentirte comprendido y ayudado. No se trata tanto de tu erección como de tu modo de presentación.

Nos parece bien que comiences a cuestionarte esta reiterada manera de iniciar el lazo justamente porque cumple una función para ti. Quizá valga intentar desentrañar el enigma que este síntoma representa, más que deshacer ese mecanismo que hasta ahora te ha garantizado la comprensión y ayuda que tanto pudieras necesitar. Tal vez así puedas inventarte otros mecanismos. Para ello es necesario aliarse a un profesional dispuesto a ayudarte, a comprenderte y concluir reconciliándote con tus propias elecciones de amor. Observa que finalmente siempre lo logras si ella se muestra tan comprensiva y colaborativa como tú requieres.

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