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La agonía de los papeles

Han sido tres años de espera. Y lo peor, no por una casa o 50 sacos de cemento, sino por papeles. Imprescindibles papeles que podrían estar en tiempo, pero terminan aguando la felicidad.

El habanero Luis A. Brizuela Puebla (Edificio 2, apto. 32, batey Camilo Cienfuegos —Hershey—, Santa Cruz del Norte), ha sido extranjero en su propio hogar. Van a cumplirse 36 meses de que se lo otorgaran, y de la propiedad, nada.

La historia —evoca el remitente— comienza en abril de 2007, cuando le fue asignada una vivienda en un local que anteriormente funcionaba como consultorio médico. Se trataba de una biplanta construida en 1992, perteneciente al MINAZ. Al cerrarse el Central Camilo Cienfuegos pasó a ser parte de la Granja Agropecuaria de igual nombre, donde trabaja Luis.

«Sin embargo, la casa nunca la viví. Resulta que existía un compañero enfermo, el cual vivía en el edificio No.2, apartamento 32, cuarta planta. Su padecimiento le impedía subir y bajar escaleras. El director de la Empresa Agropecuaria Camilo Cienfuegos (EACC)… y el Presidente del Poder Popular de Santa Cruz del Norte… (ambos ocupan actualmente otras funciones) hablaron conmigo para realizar un cambio de viviendas atendiendo a razones humanitarias. No tuve objeción. El compañero tampoco vivió la casa. Falleció a los pocos días aunque su familia sí se mudó para aquella. El 22 de junio de 2007 me instalé en el referido apartamento», relata el lector.

Preocupado por la documentación, el doliente visitó en reiteradas ocasiones a la abogada de la EACC. Le informaron primeramente que su expediente se había perdido; después que no había personal para darle seguimiento al caso; y, por último, que todavía no se sabía con qué estatus definir la vivienda.

«El 6 de febrero de 2009 contacté (…) con un abogado de la dirección del MINAZ (…) e indagué sobre los procedimientos para que se otorgue la propiedad de una casa una vez que ha sido asignada. El compañero me contestó que no entendía la dilación en mi caso, pues esos trámites demoraban poco más de un mes. Él se comunicó inmediatamente con la abogada de la EACC. No he sabido nada más», se duele el habanero.

Y como Luis es prácticamente un ilegal en la casa que habita, tampoco ha podido trasladar la libreta de abastecimiento del núcleo familiar, ni le han entregado el módulo de cocina de que disponen otros vecinos…

¿Quién y cómo se responde a este trabajador que lleva 13 años fiel a su empresa?

NECESITAN ACLARACIÓN

La segunda misiva de hoy transita un camino ya conocido: la falta de información oportuna. La granmense Oilda Pompa López (Edificio 21, apto. A-10, Grito de Yara, Río Cauto) acude a estas líneas porque su hija ha quedado como quien dice «colgada de la brocha».

La joven, que es trabajadora social, cumplió misión en Venezuela y Haití y por ello se atrasó dos cursos en la universidad, cuenta Oilda. Ahora se encuentra en el cuarto año de la Licenciatura en Psicología.

Hace poco —evoca la remitente— le dijeron que sus notas anteriores y el título de bachiller solo eran válidos para ejercer como trabajadora social, para nada más; que tenía que hacer el duodécimo grado completo. «Ella cursó las asignaturas de letras en Santiago de Cuba. Muchos de sus compañeros matricularon el segundo semestre de duodécimo grado, pero al grupo donde está mi hija le dijeron que no, que debía hacer el año completo».

Y refiere Oilda la preocupación de muchos padres con esto, pues no tienen una orientación precisa. «Si aquellas notas y el título de bachiller que, dicen, no están completos, no son válidos para hacer un contrato ni para nada más ¿perdieron el tiempo los profesores que les impartieron las clases y los jóvenes que las recibieron?», pregunta la madre granmense.

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