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Un final de altura para la visita del Papa

A la Misa en la Plaza de la Revolución José Martí, con unos 300 000 cubanos, asistió el Presidente Raúl Castro. Un pueblo afectuoso le dio la despedida a Su Santidad

Autores:

Jorge L. Rodríguez González
Alina Perera Robbio
Juana Carrasco Martín

Temprano llegó Raúl a la Plaza de la Revolución para asistir a la segunda Santa Misa que ofició el Papa Benedicto XVI en el jubileo 400 de la Virgen de la Caridad del Cobre, ante una multitud de 300 000 cubanos.

También estaba allí una familia grande que sufre el dolor de sus hijos presos: cinco hombres en los calabozos de la llamada justicia de Estados Unidos.

Este fue el momento culminante con que comenzó la tercera y última jornada de la visita apostólica a nuestro país.

Un segundo momento llenaría también de emoción al pueblo todo: el encuentro por casi 30 minutos de Fidel y el Papa.

Cánticos religiosos de un coro gigante y fantástico acompañaron la solemnidad y respeto de miles de cubanos, católicos y de muchas otras creencias, o no creyentes, que se dieron cita en la celebración religiosa.

Nuestro pueblo siguió la liturgia desde las pantallas de los televisores y la radio porque se transmitió en vivo por ambos medios, como cada uno de los pasos de Su Santidad en Cuba, expresión del respeto a la práctica religiosa que dicta nuestra Constitución.

«Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre», así reza el Preámbulo de nuestra Carta Magna, voluntad que nos viene de nuestro Maestro y Apóstol, José Martí.

Ese pueblo digno era el de hoy en la Plaza, el que acogió con alegría a Su Santidad, y agradeció que «haya incluido a Cuba en este viaje a América», como señaló en su discurso el Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana.

En las palabras de saludo al Jefe de la Iglesia Católica, el Cardenal subrayó: «Este pueblo está congregado hoy aquí, está en sus casas frente al televisor y esperan de Su Santidad la palabra que traiga sobre cada uno de nosotros y sobre toda nuestra nación, la Bendición de Dios».

En el ambiente impregnado por melodías sacras, que reiteraban un sello de cubanía acrecentado por las palmas reales y el tricolor de nuestra bandera, el Papa Benedicto XVI ofició la Misa junto a la imagen de la Virgen de la Caridad peregrina, en una mañana de cielo límpido.

En la homilía papal recordó al insigne sacerdote Félix Varela, educador y maestro, hijo ilustre de La Habana, que «nos presenta el camino para una verdadera

transformación social: formar hombres virtuosos para forjar una nación digna y libre, ya que esta transformación dependerá de la vida espiritual del hombre», subrayó el Pontífice.

Los instantes de la Eucaristía, la sagrada comunión de los creyentes con Cristo, según la liturgia católica, estuvieron marcados por la emoción y el regocijo. El Papa les ofreció la hostia consagrada a 30 fieles, representantes de la multietnia cubana.

Al culminar la celebración litúrgica de aproximadamente hora y media de duración, el Presidente Raúl Castro estrechó las manos del Pontífice, como había hecho en Santiago de Cuba.

Luego, prelados, sacerdotes, religiosas y seminaristas se acercaron a Su Santidad, quien accedió feliz a las fotos de recuerdo.

Mientras tanto, se seguían escuchando los cánticos de alegría, y el Papa abordó el vehículo con vista panorámica en el que había llegado a la Plaza de la Revolución, para andar entre esa multitud que lo aclamó con entusiasmo. Con las ventanillas del transporte abiertas —como a su arribo—, la máxima autoridad católica saludaba,  un gesto apreciado con toda razón por los cubanos como de confianza hacia su nobleza, generosidad, respeto y virtudes ciudadanas.

Un deseo satisfecho: Fidel y El Papa

A las 12:20 del mediodía llegó Fidel a la Nunciatura Apostólica y en cuanto trascendió en la Sala de Prensa habilitada para esta histórica visita, la noticia corrió como pólvora por las redes sociales y los medios digitales cubanos e internacionales. Los de-

talles fueron ofrecidos poco

después por el padre Federico Lombardi, director del Centro de Prensa del Vaticano, quien dijo que el Papa llegó al lugar pocos minutos después.

«Fue un encuentro muy sereno, muy cordial», así calificó al intercambio entre el líder histórico de la Revolución y el Sumo Pontífice. Estaba concertado para media hora y eso fue lo que duró; sin embargo, Lombardi dijo que podía haberse prolongado mucho por el interés mutuo. «Pueden dar fe las imágenes de la cordialidad de ese encuentro».

Describió la escena: «Yo podía ver el coloquio de ambos a través de los cristales de la puerta; podía ver que era muy participativo de ambas partes. Fidel sobre todo era quien hacía las preguntas».

En el inicio de ese diálogo el Papa expresó su alegría de estar en Cuba «por la acogida hermosa que ha recibido del pueblo». Y Fidel le contó que había seguido todos los acontecimientos de su viaje a través de la televisión.

«Al inicio del coloquio hubo también un intercambio un poco jocoso sobre la edad» dijo sonriente Lombardi, al aclarar que son coetáneos.

Según detalles de Lombardi, Fidel se interesó por los cambios litúrgicos en la Iglesia, sobre las funciones papales y las problemáticas actuales que enfrenta la humanidad: la ecológica; la ciencia, que no es capaz de dar soluciones; la cultural; la realidad interreligiosa; el modo en que las distintas religiones buscan respuesta.

En esa cordialidad, que el padre Lombardi describió como «muy animada», Fidel pidió al Papa algunos libros interesantes, que en torno a esas problemáticas puedan ser útiles para las reflexiones que está llevando adelante.

Las preguntas llovieron en la Sala de Prensa, habilitada en el emblemático Hotel Nacional para dar cobertura a estos tres días, que se inscribirán en la historia de las buenas relaciones entre el Estado cubano y la Santa Sede, desde hace 76 años.

Sin dudas los viajes papales

—refiriéndose el Vocero también a México— permanecerán como momentos fuertes en un camino de estrechar relaciones. «El hecho de la presencia física y personal de Su Santidad aquí y su encuentro con la Iglesia y el pueblo cubano puede ser un impulso en este camino».

Si se hablaba de un encuentro entre Fidel y el Papa, no podía faltar una pregunta: ¿Recibió el Papa a Chávez?, ¿o se encontrarán en las horas que le quedan en Cuba?

No —afirmó Lombardi—, no hubo tal encuentro, no se solicitó, no se ha dado: por lo que sé, el mismo Presidente Chávez declaró que no deseaba tener el encuentro por respeto a lo que estaba viviendo el pueblo cubano; porque es el momento de Cuba.

Sin embargo, fue espontáneo su comentario: «Expresamos nuestros mejores deseos por su salud y recuperación».

«A las tres de la tarde salen los periodistas que vuelan a Italia», anunció alguien en voz alta en la Sala de Prensa. Está cerca el final de un viaje que ha sido exitoso pese a agoreros y malos intencionados de adentro y sobre todo de afuera. ¡Que ladren Sancho!

Epílogo de una fiesta

Llueve con fuerza mientras el Papamóvil avanza rumbo al Aeropuerto Internacional José Martí, en horas de la tarde del miércoles 28 de marzo de 2012. Pocos llevan sombrilla en ambas aceras de la amplia avenida por donde transcurre la caravana. Sin embargo, a pesar del temporal, ahí permanece un pueblo afectuoso y digno que lleva tres días expresando su fibra y enjundia espiritual.

A esos hombres y mujeres va, en el «emocionado adiós», el mensaje de aliento del Papa desde la ceremonia de despedida, que el aguacero ha obligado a hacer en un salón de la terminal aérea. Reconoce ahí los efectos del bloqueo injusto al afirmar que la carencia de recursos materiales es una «situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del país pesan negativamente sobre la población». Sin embargo apunta que «lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles», hacen «posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada».

En el breve saludo de despedida pronunciado por el Presidente Raúl Castro están señalados puntales de esa fortaleza: el cubano —aseguró—, es «un pueblo justo que se enorgullece de las virtudes de sus cinco hijos condenados por luchar contra el flagelo del terrorismo y defender la verdad, que los acompaña en cada minuto de su inmerecido encierro y comparte los sentimientos de sus familias que sufren».

Y es que nos acompañará por siempre algo que satisface a nuestro país y resaltó Raúl, «estar entre los que más han hecho por la vida, la libertad y la dignidad humana».

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