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Hay que conocer el campo

La capacitación de los técnicos agrícolas para lograr la explotación adecuada de la tierra y la contratación objetiva de las producciones, unido al manejo acertado del ganado, figuran entre las prioridades del movimiento campesino cubano

Autor:

Litzie Álvarez Santana

CIENFUEGOS.— Mi abuelo repetía la frase cuando solo era una niña: «Hay que conocer el campo para hablar de él». Y en esa frase, al parecer muy sencilla, se puede estar decidiendo parte de la suerte de la recuperación agrícola cubana.

La experiencia de campesinos como él, acumulada al pie del surco, los avala para hablar de los avatares de las siembras, de las cosechas felices, y hasta de las más discretas. Por eso enumeran los tropiezos que dificultan un mejor ritmo en el movimiento campesino cubano, y para ello también apelan a las historias que filtran los rayos de sol y ciertos amaneceres.

Como mi abuelo, más de 17 000 afiliados cienfuegueros celebran el primer lugar de esta provincia en la emulación anual de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), por el 17 de Mayo, preguntándose qué más puede hacerse para hacer parir la tierra como lo demanda el país.

Aroma de mujer

«No se puede llegar al campo a improvisar, pensando que vas a tener suerte. Los cultivos te agradecen el fertilizante a su hora y el agua necesaria, no la siembra fuera de temporada», sostiene Odalys Rodríguez Fernández, trabajadora de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Antonio Maceo, campesina desde hace 15 años, que se dedica a la cría de toros de ceba y una de las primeras acogidas al Decreto Ley 259 en la provincia.

Para esta cienfueguera constituye una prioridad enseñarle a las nuevas generaciones los atractivos del campo y la importancia de perfeccionar sus labores desde el conocimiento integral. «Además, es vital facilitarles la capacitación a los técnicos para lograr la explotación adecuada de las diferentes áreas y que se contraten las producciones objetivamente», agrega.

Lidia Tomasa Calvo, presidenta de la CCS Antonio Maceo, alude a la necesidad de preparar a los campesinos para que realicen una adecuada contratación. «Muchos desconocen los beneficios que puede aportarle este trámite a la hora de recuperar parte de sus inversiones».

Para la lajera Amarilis Mondeja Ramírez, quien no es la típica campesina, solo del interés germinan los resultados, sobre todo con los animales, que necesitan muchos cuidados.

A esta graduada de Psicología le apasiona la crianza de animales, oficio que ha escogido como segunda vocación. Su andar en los surcos cubanos da fe de sus ocupaciones habituales, esas que comparten otras cientos de féminas en el país.

Amarilis, en lo particular, es una de las beneficiadas por el Decreto Ley 259 y pertenece a la CCS Víctor Abello García, ubicada en el municipio de Lajas.

Ella asegura no haber sacrificado nada al decidirse por este tipo de trabajo. «Mucha gente me ha reprochado eso de no aprovechar mis estudios, porque no entienden la importancia de hacer producir la tierra. Ojalá fueran más los que, en nuestra sociedad, vieran este trabajo como una alternativa.

«En mis tierras tengo 200 pollitos, algunas cabezas de ganado y hasta un caballo llamado Chispa. Trabajo junto a mi esposo y soñamos con tener una buena vaquería antes de finalizar el año», explica.

Esta entusiasta productora también señala que su primera vocación «le dio la valentía para vivir rodeada de matas de guayaba y animales. Me sé necesaria, no solo para mi familia, también para la sociedad.

«Con la producción avícola, por ejemplo, garantizamos los huevos de los campesinos del área, y en no pocas ocasiones hemos abastecido de pechugas de pollo al hospital pediátrico», aclara orgullosa.

Mirada juvenil al campo

El sol inunda las pupilas del cienfueguero Yopdany León Sánchez. Este productor —uno de los más de 1 400 jóvenes integrados a las actividades agropecuarias en Cienfuegos— reconoce que su pasión por la tierra es una herencia de familia.

El compromiso con su labor diaria mantiene en vilo al también dirigente de base de la Unión de Jóvenes Comunistas. Su mayor preocupación está ligada al destino final de los productos. No concibe la pérdida de las cosechas, y si es por negligencia en la comercialización mucho menos.

«El arroz tiene mercado seguro, a través del programa arrocero. Sin embargo, con los cultivos varios se tienen tropiezos durante los picos de cosecha. A nosotros la cooperativa nos ayuda y la empresa de Frutas Selectas también nos compra, pero esto no sucede con todos los productores del país».

Ante esta realidad, Yopdany León cree que la alternativa de dejar que el campesino venda lo suyo es lo mejor, y eso los obligaría a entender además las ventajas de la competencia. «Si hay otro producto mejor, entonces deberá bajar el precio a su mercancía y, por supuesto, tendría que pagar el correspondiente impuesto por vender. Así se eliminarían mecanismos burocráticos y para nosotros sería más beneficioso».

Su hermano Yoel se presenta como alguien que no entiende de tabúes: «¡Imagínate, de psicólogo a campesino!». Con esta expresión, alusiva a lo que algunos tildarían como locura, se burla del sol y el cansancio; decide no hablar de sacrificio y sí de las ventajas de hacer producir su finca.

Estos jóvenes le dan gran importancia al conocimiento de la técnica aplicada a los procesos del cultivo y el cuidado de la ganadería, estrategias que se apoyan en la provincia con la preparación de líderes campesinos encargados de gestionar y viabilizar los cambios del sector en cada una de las áreas rurales.

Desafíos

En Cuba no son pocos los que se preocupan por seguirle los pasos a los productos agropecuarios, lo cual exige conocer el camino que recorren una vez que abandonan el surco. «Esa es una de las prioridades de la ANAP en este 2012, que debe apoyarse en estrategias funcionales si queremos mantener eficientemente la venta al turismo», opina Orlando Lugo Fonte, máximo representante de la ANAP en el país.

Lugo Fonte reconoce que la disciplina en los pagos, la disminución de mermas, la

seguridad de un mercado, las bondades sanitarias y la presencia del producto figuran entre los aciertos de esta nueva forma de comercialización, a partir de un contrato que aún sufre por algunas trabas organizativas e insuficiencias detectadas al inicio de las transacciones.

Yazmín Jiménez Álvarez, su homóloga en Cienfuegos, subraya que estudiar las potencialidades reales del campesino establecerá las bases de oferta-demanda permitidas entre las partes interesadas y, además, facilitará la posterior comercialización de los diferentes productos.

Esta dirigente declara que la objetividad de los contratos viabilizará las relaciones con los sectores cooperativo y campesino, que tanta importancia tienen en la garantía de la alimentación de la población y la variedad de los productos en los diferentes mercados.

Lugo Fonte también insiste en que no se puede descuidar la ganadería, «se deben adoptar medidas más urgentes para evitar el desembolso de algunos millones de dólares por los incumplimientos en la venta de leche al Estado».

Estos análisis se mantienen al «rojo vivo» hoy en el territorio cienfueguero, según declaraciones de Jiménez Álvarez, quien  apunta: «El manejo acertado del ganado, el control de las reproducciones y la preparación de las condiciones de la siembra de los alimentos se ubican entre las líneas de trabajo que priorizan en la actualidad nuestros campesinos».

De estas estrategias también habla mi abuelo, sentado en el portal de la casa. Allí diserta sobre novillos y vacas lecheras, de contratos con la industria y productos con precios topados. Se interesa, incluso, por las 107 cooperativas del territorio, ya que el 26 por ciento de la tierra sureña está en manos campesinas.

Y con la misma energía que un día dedicó a sus siembras y animales hoy brinda consejos a aquellos que le siguen los pasos al surco.

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