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Díaz-Canel: El compromiso desde y para siempre con el pueblo cubano

El Jefe de Estado señaló que corregir profundas distorsiones y desviaciones estructurales que lastran el desempeño económico es palabra de orden para remontar la complejísima situación que enfrentamos hoy, por los impactos combinados del cerco norteamericano, la crisis en las relaciones económicas internacionales y nuestros propios errores

Autor:

Tomada de Granma

Al pronunciar las palabras finales del Segundo Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su X Legislatura, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, precisó que esta última sesión puede marcar el inicio de una nueva tendencia en el comportamiento de la economía cubana.

El mandatario señaló que corregir profundas distorsiones y desviaciones estructurales que lastran el desempeño económico es palabra de orden para remontar la complejísima situación que enfrentamos hoy por los impactos combinados del cerco norteamericano, la crisis en las relaciones económicas internacionales y nuestros propios errores. Una vez más, dijo, todo dependerá de la capacidad que tengamos de ejecutar e implementar adecuadamente las medidas enunciadas.

«Economía de guerra la hemos llamado porque debe operar en un escenario de política de máxima asfixia diseñada y aplicada contra un pequeño país, por el más poderoso imperio de la historia», expresó.

Díaz-Canel llamó la atención de aquellos que prefieren que soslayemos el término bloqueo que «ojalá igual de fácil sea sacarlo de nuestra cotidianidad y borrar sus amenazas y sus efectos sobre la sociedad cubana».

Acotó que, hacerlo, equivaldría a estar con aquellos que pretenden negar el genocidio en Gaza mientras las bombas sionistas caen sobre barrios, escuelas y hospitales con el propósito de exterminar a su pueblo.

Resaltó que las medidas de asfixia económica de los últimos años son bombas dirigidas a derribar las columnas que sostienen la resistencia cubana, agregando que importa entonces que encontremos las vías para impedir que explote. El mandatario resaltó que Estados Unidos favorece acciones de desestabilización, descrédito y guerra mediática que buscan alentar el estallido social.

Se reactivan, incluso, las amenazas de actos terroristas «que las autoridades hacen como que no ven o no reconocen. Como si fuera posible ignorar que desde territorio norteamericano se facilita y financia el entrenamiento con apoyo logístico a grupos armados que desbordan mensajes de violencia por todos los medios a su alcance».

El Jefe de Estado reiteró que la determinación de enfrentarlos es firme y que la información que hemos divulgado en días recientes es parte de la alerta. Remarcó que la historia recoge numerosos actos y crímenes perpetrados por elementos vinculados a la extrema derecha de Miami, en los que no se descarta la participación norteamericana.

No hay correspondencia, añadió, sino incoherencia en el discurso y el compromiso que propone Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo y la actuación permisiva que mantiene ante personas de origen cubano que, desde territorio norteamericano, alientan, planifican, financian, organizan y realizan planes violentos contra Cuba y sus dependencias diplomáticas, incluso, en nuestra sede muy cerca de la Casa Blanca.

Exigió a las autoridades norteamericanas que investiguen y tomen medidas, hagan justicia contra elementos que profesan el terrorismo y acciones violentas que no han cesado de aplicar estos métodos en medio del reforzamiento del bloqueo.

El Jefe de Estado señaló que el estímulo que representa la política del Gobierno de EE. UU. para la comisión de crímenes contra Cuba no es ningún absurdo. Por el contrario, ha sido recurrente en el contexto en el contexto bilateral y es un patrón de conducta probado por la historia.

Añadió que «tres años de una administración demócrata que actúa con total apego a su antecesor republicano, confirman que la hostilidad contra Cuba no responde a un Partido, sino a una política afincada en la pretensión hegemónica de un imperio incapaz de aceptar la soberanía de su pequeño vecino».

Señaló que si alguien tuviera dudas basta con leerlo dispuesto en el Título II de la Ley Helms-Berton que, entre otros aspectos, plantea la permanencia del bloqueo económico, comercial y financiero hasta que sea derrocado el Gobierno revolucionario, desaparezcan el Partido Comunista de Cuba, las organizaciones políticas y de masas y sean devueltas las propiedades o hayan recibido compensación todo el que alguna vez tuvo una propiedad en Cuba.

A pesar de estas irrefutables evidencias, Díaz-Canel apuntó que no faltan los dispuestos a sugerir que Cuba ofrezca gestos o concesiones para ayudar, también entre comillas, al Gobierno estadounidense a asumir una conducta más benévola y constructiva.

«Con frecuencia desconocen o simplemente no se quiere oír hablar sobre el impacto del bloqueo, algunos ni siquiera lo mencionan como el aspecto central del conflicto entre los dos países y los impedimentos que imponen a nuestro desarrollo», reflexionó.

Comentó que más de 30 veces consecutivas la mayoría de los gobiernos del mundo han respaldado mediante votos ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la resolución cubana contra el bloqueo.

«La prepotencia imperial desprecia este apoyo global, vira la cara ante el reclamo mundial y mantiene su criminal política la cual justifica de una construcción discursiva de doble rasero, mentirosa y calumniosa que, tras una falsa preocupación y compromiso con los problemas del pueblo cubano, esconde sus reales propósitos de destruir la Revolución a cualquier costo», alertó.

El Presidente cubano manifestó que, con la solidaridad y la comprensión de una parte significativa de la comunidad internacional, Cuba enfrenta los impactos de un bloqueo recrudecido.

«Hoy, nos corresponde enfrentar la concurrencia a estas problemáticas, con las secuelas de la pandemia y la crisis global, lo haremos con decisión y firmeza, con inteligencia e integralidad, con optimismo y confianza, compartiendo esfuerzos y aportes entre todos y en medio de un contexto adverso; pero seguro de que vamos a superar los desafíos contra talento y creatividad, o sea, con resistencia creativa», convocó.

Como el dinosaurio de Monterroso el bloqueo seguirá ahí. Ahora  1 000 veces recrudecido, deteniendo nuestros sueños, poniendo obstáculos impidiendo el desarrollo y la prosperidad merecida debido a que el gobierno de los Estados Unidos continúa lastrado por la falta de voluntad política para amenazar hacia una relación con Cuba que sea respetuosa y apegada a la carta de las Naciones Unidas y al derecho internacional.

El empeño es cortar el acceso a capital y a financiamientos, asfixiar la economía y mutilar así la capacidad del gobierno para dar respuesta a las necesidades fundamentales de la población.

El efecto de esa política es visible en la depresión de varios servicios esenciales, entre ellos la electricidad, la salud, la educación, el abasto de agua, los servicios comunales, el transporte público, la producción de alimentos y de medicamentos; todos los cuales requieren de la importación de equipos, piezas, partes, combustibles o materias primas, para los que no alcanzan los escasos recursos financieros con los que podemos contar.

Incluso si la gestión económica del Estado fuera la más eficiente y efectiva del mundo, cosa de la que no puede presumir ningún gobierno del mundo, muchos de nuestros problemas persistirían por esa causa, por la causa del bloqueo.

Como se expresa en la contracción de los abastecimientos para el consumo de la población, el nivel de inflación y el insuficiente poder adquisitivo de la mayoría del pueblo.

Ese es el objetivo de la guerra económica y los resultados se materializan con claridad. Aunque no alcanzan a cumplir con la meta que se trazó el imperialismo desde el triunfo de la revolución. Junto a las acciones constantes de suspensión y desinformación contra Cuba, la meta es quebrar al país, provocar la descomposición social y generar la ingobernabilidad, un propósito en el que han fracasado rotundamente.

Compatriotas, durante los debates de estos días se ha hablado crítica y autocríticamente de los errores cometidos. Esos errores forman parte también de la complejidad en la toma de decisiones, en un contexto de tensiones extremas. En una suerte de tormenta perfecta confluyen con mucha frecuencia el deseo de superar la situación adversa, la correlación entre las variables económicas y el compromiso por preservar las conquistas sociales y la muy poca y a veces dura disponibilidad de divisas.

Todo ello ha sido caldo de cultivo para la toma de decisiones no integrales que provocan lógicas incomprensiones e impactos negativos por su aplicación en condiciones desfavorables, lo que muchos consideran causa de todos los problemas sin ser realmente las únicas y, ni siquiera, las más determinantes.

Durante estos días hemos hablado de esfuerzos que todavía no se traducen en soluciones, de medidas que no fructificaron, de pronósticos que no se cumplieron.

 Así como reconocemos errores en el diseño de la tarea ordenamiento y su inadecuada implementación, hemos cuestionado también la aprobación de nuevos actores económicos sin la adecuada precisión de las reglas de actuación que podían haber evitado numerosas desviaciones.

Es importante señalar también que la falta de control y defensa de las normas que se aprueban y el inadecuado funcionamiento de entidades estatales responsables de ejecutarlas, han afianzado los errores. Corresponde ahora avanzar en la rectificación paulatina.

La coincidencia de estas problemáticas y su acumulación en el tiempo, han facilitado la presencia de fenómenos y manifestaciones negativas en la sociedad cubana que no deseamos. Otra vez es tiempo de rectificar. La rectificación es un proceso inherente a la revolución. Del ideario de las acciones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el General de Ejército Raúl Castro Ruz, aprendimos la importancia de la corrección oportuna ante cualquier situación que pudiese comprometer el futuro de la construcción socialista.

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