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Sin parar hasta la playa

La Escuela de Responsables de Milicias de Matanzas, junto a otras fuerzas, impidió el avance de los mercenarios en Pálpite, cuenta a nuestro diario Dimas Manuel Vilahomat Navarro, uno de los jóvenes combatientes de Playa Girón

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— Para Dimas Manuel Vilahomat Navarro el tiempo no ha pasado tan de prisa. Ahora, al frisar los 83 años de edad, comprende la magnitud de los acontecimientos de abril de 1961, cuando el arrojo de los cubanos sorprendió a los invasores.

Tiempos después, en una conferencia dirigida por el capitán José Ramón Fernández, se analizaban los riesgos que se enfrentaron ante la posibilidad de la toma de Pálpite, poblado de la Ciénaga de Zapata.

Desde el principio, Fidel había ordenado evitar que los mercenarios se hicieran fuertes en esa comunidad. Él intuyó la importancia de defender la región y no se equivocó. La acción definiría la victoria pocas horas después.

El 16 de abril de 1996, el líder histórico de la Revolución recordó en Matanzas durante un discurso por aquellas épicas jornadas: «Trato de imaginarme por un instante, el momento aquel en que el batallón de responsables de milicias de esta histórica escuela marchaba hacia los combates de Playa Girón y no se detuvo hasta tomar aquel punto culminante, clave, decisivo en la Batalla de Girón». 

TODOS PARA LA ESCUELA

En la memoria de Dimas Manuel todavía viven los acontecimientos de los combates contra los mercenarios, como si sintiera aquel olor a pólvora emanado de su ametralladora BSA modelo 37 milímetros, con la cual disparó intensamente contra los B-26 que volaban a baja altura, al igual que cuando estuvo frente a frente a los enemigos en Pálpite. 

«Hubo toda una serie de acontecimientos y actividades contrarrevolucionarias con el fin de derrotar la Revolución, ya agotado todo se engendra la posibilidad de la invasión armada con elementos reaccionarios. 

«La invasión estaba gestionada por el anterior presidente de Estados Unidos que es quien la aprueba y se la deja a Kennedy para que ejecuten en su mandato esa acción armada, que lo único que quería era que no apareciera la imagen de EE. UU. involucrada, y quedara todo como un problema entre cubanos. 

«Desde el mismo triunfo de la Revolución se empieza a preparar la milicia: subimos el Pico Turquino tres veces en octubre de 1960, como parte de la preparación. Yo vivía en el municipio espirituano de Fomento. Estuvimos en La Habana. Después matriculo en el segundo curso de la Escuela Nacional de Responsables de Milicias, que empezó el 2 de febrero de 1961. 

«Allí nos impartían las materias fundamentales. Yo estaba de pase en Fomento, a donde llegué el día 14 de abril. El 15 cuando me levanto vienen unas compañeras para la casa de una tía mía y me dicen: «Oye, te enteraste, están bombardeando en Santiago Cuba y en La Habana». La actitud inicial fue
reunirnos los que estábamos en Fomento, unos 12 compañeros de la zona. Qué hacemos, nos preguntamos una sola vez: todos para la escuela. 

«Entonces arrancamos a esa hora para Matanzas, con los distintivos de piel con nuestros dos apellidos; llegamos a la escuela aproximadamente por la tardecita del día 15. La escuela estaba formada en grupos de estudios y compañías de alumnos, pero ya había que estructurar por completo la
situación de una unidad de estudio a una unidad de combate.

«Cuanto medio de transporte pasaba por la Carretera Central, que estaba al frente de la escuela, se paraba y se le bajaba todo lo que tuviera encima; si era una rastra, camión o guagua, todo se le bajaba, hasta que se completara su capacidad, porque en la escuela teníamos pocos transportes y era imperioso para trasladarnos.

«El día 16 fue completo de alarmas de combate en la escuela, y después, el 17, hasta por la madrugada, cuando salimos en cuanto transporte apareció. Nos dieron 200 cartuchos.

«Nos trasladamos el 17 para Australia, a donde llegamos a las 8:05 de la mañana. Allí el capitán Fernández sale con un megáfono y se dirige al batallón de la escuela. Explica que se había producido un desembarco y que la orden que nos daba era de no parar hasta la playa. Empezamos a echar para allá. 

«Antes de llegar a la Boca de Guamá se nos aparece el primer avioncito tiroteándonos. Ciertamente, las principales víctimas que tuvo la escuela y el hostigamiento mayor fue por parte de la aviación enemiga el propio día 17», detalla.

PÁLPITE DECIDÍA LA GUERRA

Dimas Manuel recuerda que los ataques eran constantes y que no contaban todavía con las baterías antiaéreas. «Nos teníamos que lanzar para la orilla de la carretera, donde no había nada para cubrirse, solo matojos y, a veces, alguna alcantarilla.

«Ya a la entrada de Pálpite había tierra firme; montamos los morteros y las ametralladoras, y sobre el mediodía del 17 ya lo habíamos tomado, con un fuego constante que hizo retroceder a los mercenarios hacia Playa Larga. Ahí es cuando Fidel comenta que al abandonar Pálpite, los mercenarios habían perdido... Desde el principio de las hostilidades y conociendo bien el terreno, Fidel sabía que Pálpite decidía la guerra.

«Se hizo un primer intento de avanzar, pero no se pudo. La aviación siguió sus ametrallamientos, pero le tirábamos con todo, con las BSA y hasta con los fusiles, con fuego cerrado. En la noche del 17 las ametralladoras de los mercenarios emplazadas en Playa Larga no paraban de disparar balas trazadoras, que te obligaban a protegerte. 

«Pero por nuestra parte empezaron a llegar los refuerzos: las baterías antiaéreas, obuses, los tanques y los diversos cañones. A las seis de la mañana del 18, todavía estaba oscuro y, cuando viene rasante un avión enemigo, este recibió una avalancha de plomo, fue impactado y tembló la ciénaga. Ya nuestra aviación comenzaba a combatir en el aire y la correlación de fuerzas cambió. 

«Esa jornada inició el avance definitivo de nuestras tropas hacia Playa Larga y luego a Girón. Los combatientes de la escuela estuvimos hasta el mediodía del 18, cuando Fidel ordena que nos repleguemos hacia el central Australia. El día 20 retornamos a la escuela de milicias. Justo ahí supimos que una veintena de nuestros compañeros habían caído durante la agresión», apuntó.

HÉROES ETERNOS DE LA PATRIA

Precisamente el 26 de septiembre de 1961, en Matanzas, Fidel rindió tributo a los milicianos caídos en combate y señaló que los que no se graduaron de responsables de milicias; «se graduaron de Héroes eternos de la Patria».

De ellos es Dimas Manuel, quien perteneció a la 34ta. división de infantería. En Trinidad, trabajó en numerosas tareas y fue profesor en cursos de preparación de jefes de compañías, pelotones y unidades, al tiempo que participó en la lucha contra bandidos en el Escambray. 

En 1968 sufrió un accidente, el cual le provocó una lesión en una pierna. Se jubiló como mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en 1989, luego de una extensa y fructífera hoja de servicio en defensa de la Patria.

Aquel fervor de los jóvenes combatientes, muchos de ellos mártires, ha quedado en la memoria colectiva de los cubanos, no como quimera, sino como acicate para las nuevas generaciones, dispuestas a defender nuestro pequeño Archipiélago ante amenazas o agresiones, como mismo hicieron cientos de compatriotas en la gesta heroica de Playa Girón. 

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