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Una escuela en La Cristina para solo diez

El segundo Convoy europeo solidario ya deja su huella en Santiago de Cuba, donde el oriente del país se convierte en epicentro de intercambios profundamente humanos 

Autor:

Juventud Rebelde

Este lunes, la segunda parada del Convoy solidario con Cuba en San Luis, Santiago de Cuba, fue una escuela para solo diez estudiantes desde los grados de primero a sexto en la comunidad La Cristina. La maestra camina todos los días ocho kilómetros para llegar a ella desde una comunidad cercana. Lleva 17 años consagrada a la enseñanza.

Los miembros del Convoy llegaron a la comunidad por el sendero que conduce a ella. Allí todavía se respira el impacto del huracán Melissa, aunque también el de la recuperación. Los niños muy felices con las donaciones y enseguida usaron los colores para hacer los primeros dibujos que les dedicaron a algunos de los miembros del Convoy.

Así lo reseñó en su página en Facebook Naturaleza Secreta, quien destaca que el Convoy también llegó hasta la cooperativa Mario Muñoz, en la que trabajan muchos de los habitantes de la comunidad, es de las mejores de la zona y una de las pocas que cumplió sus compromisos de producción de café del pasado año, pese a los impactos del huracán.

Oscar Argüelles Castillo, presidente de la cooperativa, explicó que esta posee 740 hectáreas, de las cuales casi 90 son de café. Sus 108 miembros desarrollan también la ganadería, la producción de viandas, frutas y recientemente cacao.

Este último cultivo tiene un gran potencial, por las posibilidades de insertarlo en el mercado internacional y los altos precios que tiene. Los campesinos aspiran a exportar el cacao sin llevarlo a Baracoa, el principal polo productivo para este producto.

Los productores necesitan machetes para su trabajo diario, más cuando carecen de combustible para utilizar las motosierras disponibles para liberar los troncos de los árboles que todavía quedan sobre los campos, un rostro menos conocido de la asfixia energética, pero muy presente en esta zona del país.

A su vez, el café producido en la cooperativa no utiliza productos químicos, pero no está certificado en su condición orgánica y, por lo tanto, no puede acceder a ese mercado, retos que se proponen alcanzar con el apoyo de la empresa BioCubaCafe. También el de insertarse en el mercado internacional de carbono.

La Cuba profunda es con la que interactúa este convoy, conociendo sus enormes valores, su cultura, y a la vez los desafíos por alcanzar el desarrollo, en momentos en que es más difícil lograrlo. Pero ni Cuba está sola, ni renuncia a sus sueños.

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