En la Cumbre de Panamá tuvo lugar el encuentro entre el entonces presidente cubano Raúl Castro y el estadounidense Barack Obama. Autor: Sitio de la VII Cumbre de las Américas Publicado: 02/06/2026 | 02:49 pm
Corría el último trimestre de 2014 y Fidel publica la Reflexión que tituló Lo que no podrá olvidarse nunca, en que hizo referencia y citó profusamente un artículo en The New York Times, en el cual el diario, le recomendaba al presidente Barack Obama «un giro de política» respecto a Cuba que «podría representar un gran triunfo para su gobierno», un «acercamiento con la isla más poblada del Caribe» y le «ayudaría a mejorar las relaciones de Estados Unidos con varios países de América Latina».
Nuestro Comandante en Jefe señalaba que el artículo estaba escrito «con gran habilidad, buscando el mayor beneficio para la política norteamericana en la compleja situación» que describía como si lo estuviera haciendo ahora mismo en 2026: «cuando los problemas políticos, económicos, financieros y comerciales se acrecientan. A ello se suman los derivados del cambio climático acelerado; la competencia comercial; la velocidad, precisión y poder destructivo de armas que amenazan la supervivencia de la humanidad».
También en aquel momento, a finales de 2014, con ya más de medio siglo de Revolución, se hacía necesaria garantizar la continuidad del proceso en una Cuba que estaba inmersa en la actualización del modelo socio-económico, con la intención y objetivo de fortalecer el sistema socialista que había garantizado, entre otros logros, iniciar un curso escolar con más de dos millones de estudiantes, desde la primaria hasta los estudios en más de 60 centros universitarios, y una retención docente de 98,7 y 97,9 por ciento en las enseñanzas primaria y secundaria, en una población de menos de 12 millones de habitantes.
A ello se sumaba un sistema de salud también universal, gratuito, accesible, basado en la prevención y garantizado en más12 000 instalaciones —incluidos 152 hospitales—, y un médico por cada 143 habitantes, lo que permitía mostrar una tasa de mortalidad infantil por debajo de cinco por cada mil nacidos vivos, la más baja de todos el Hemisferio —incluido Estados Unidos—, una esperanza de vida próxima a los 80 años; y programas de vacunación contra más de una decena de enfermedades, iniciados desde los primeros días del nacimiento de cada cubano en cualquier geografía del país.
Cuba podía mencionar también ser un país solidario, con miles de colaboradores de la salud, la educación, el deporte y la cultura prestando servicio entonces en más de cien naciones del orbe. Pero, siete de diez de esos cubanos habían nacido bajo el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde el mismo 1ro. de enero de 1959 y formalizado en leyes a partir de 1962, que constituía el mayor obstáculo a su desarrollo, porque establecía un valladar ineludible al comercio, la libre navegación, el acceso a inversiones y créditos financieros, entre otras medidas de estrangulamiento económico.
A Cuba también beneficiaría el acercamiento que dejaba entrever el artículo en The New York Times. El presidente de los Consejos de Estados y de Ministros, Raúl Castro Ruz, había advertido ante el Parlamento, en diciembre de 2013, lo perentorio de las transformaciones económicas que debían eliminar prohibiciones y trabas al desarrollo de las fuerzas productivas, entre ellas implantación de precios, unificación monetaria y cambiaria, impulso a cooperativas más allá del sector agropecuario, mayor autonomía y poder de gestión económica, y abrir puertas a las inversiones extranjeras.
Cuando se ajustan las relaciones
En diciembre de 2014 se descorren cortinas. Medios creados por la política exterior anticubana de las administraciones estadounidenses y los segmentos retrógrados de Miami hablaban, como era habitual, en aquel último mes del año de «los fracasos del socialismo» cubano, de la «crisis agravada del régimen comunista», y los trasnochados hacían sonar como canción navideña preferida Ya vienen llegando, pero el 17 de diciembre lo que les llegó fue un diluvio de frustración.
Simultáneamente, a las 12:00 horas de aquel día de 2014 en La Habana y en Washington, los presidentes Raúl Castro Ruz y Barack Obama, lanzaban al mundo un mensaje de expectativa. Abrieron un nuevo capítulo en las relaciones de Cuba y Estados Unidos, que culminaba 18 meses de conversaciones y negociaciones en la mayor discreción —«en silencio ha tenido que ser», diría nuestro José Martí, para lograrlo.
Un hecho esperado por el pueblo cubano, por lo que había luchado sin tregua durante años, daba la mayor felicidad inmediata, la liberación Gerardo Hernández Nordelo, Antonio Guerrero Rodríguez y Ramón Labañino Salazar los tres de nuestros Cinco héroes que todavía estaban en injusta prisión en Estados Unidos, Cuba entregaba al contratista de la USAID, Alan Gross y ponía en libertad a un espía de origen cubano.
Junto a ello, el otro anuncio de importancia capital en las controvertidas y enfrentadas relaciones entre ambos países, cuyas profundas diferencias históricas eran reconocidas, pero sobre las cuales se podía dialogar —soberanía nacional, democracia, derechos humanos y política exterior— dando continuidad a la posición expresada siempre por Fidel de discutir y resolver las diferencias con Estados Unidos mediante negociaciones «sin renunciar a uno solo de nuestros principios».
Raúl expresó en aquel momento esa disposición a «sostener con el Gobierno de Estados Unidos un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, para tratar los más diversos temas de forma recíproca, sin menoscabo a la independencia nacional y la autodeterminación de nuestro pueblo». Era la decisión de un estadista responsable informando a un pueblo que siempre ha demostrado firmeza ante peligros, agresiones, adversidades y sacrificios, y fiel a los ideales de independencia y justicia social, como nos describiera en su alocución.
Raúl había dicho el 17 de diciembre: «Proponemos al Gobierno de los Estados Unidos adoptar medidas mutuas para mejorar el clima bilateral y avanzar hacia la normalización de los vínculos entre nuestros países, basados en los principios del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas».
También expresó: «Exhorto al Gobierno de Estados Unidos a remover los obstáculos que impiden o restringen los vínculos entre nuestros pueblos, las familias y los ciudadanos de ambos países, en particular los relativos a los viajes, el correo postal directo y las telecomunicaciones». Era posible encontrar solución a muchos problemas y «aprender el arte de convivir, de forma civilizada».
No se levantó el bloqueo, pero se flexibilizó en algunos aspectos, aunque continúo provocando daños humanos y económicos y sus modificaciones pudieron haber sido mayores y más profundas. En el verano de 2015 se reabrieron las respectivas embajadas.
Casi al final de su mandato, Obama realizó una histórica visita a Cuba, traía en la mano la zanahoria para adormecer a ciertos sectores de nuestra población. Recuerdo perfectamente su discurso en el Gran Teatro Nacional de La Habana Alicia Alonso. Fidel también escribió una Reflexión sobre ello: El hermano Obama, en la cual abordaba sobre las desafiantes realidades. Es recomendable releerlo porque era imposible un borrón y cuenta nueva con el despiadado bloqueo y todas las víctimas de los múltiples actos de agresión y violencia desplegados por Estados Unidos.
Luego llegó su sucesor a la Casa Blanca y todo lo revirtió, aún más lo incrementó. Está ahora en una segunda temporada y aconsejado por el revanchista y oportunista Marco Rubio, quiere, por las «buenas» o por las malas que renunciemos a nuestra gloriosa historia, a nuestros derechos, a lo ganado en educación, ciencia y cultura, a lo que seríamos capaces de producir en lo material si estuviéramos en igualdad de condiciones al resto del mundo.
