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La dimensión humana del Comandante

Un joven matancero tuvo la oportunidad de dialogar en varias ocasiones con el Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, mientras dirigía la FEU en la Universidad de La Habana. De esos momentos, hoy atesora como inspiración, para la labor social que realiza en su comunidad, al ser humano cercano, sensible y atento que tuvo el privilegio de tener cerca

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— En el corazón de Matanzas, un joven cuenta una experiencia que marcó profundamente su vida. Randy Perdomo García, quien fuera presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la Universidad de La Habana (UH), tuvo la oportunidad de dialogar en varias ocasiones con el Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

Ahora, con 34 años de edad, de aquellos encuentros Randy conserva huellas imborrables en su espíritu. Más allá de la figura política, descubrió al ser humano cercano, sensible y atento, y eso convirtió cada intercambio en un momento cumbre de su trayectoria personal y estudiantil.

«Fue un placer increíble el encuentro con Fidel, porque lo conocí en otra dimensión, en el plano humano», recuerda. Sus palabras reflejan la trascendencia de un vínculo que lo acompañará siempre, como testimonio de una generación que tuvo la oportunidad de dialogar con quien marcó la historia de Cuba y el mundo.

Al visitar a este joven matancero, licenciado en Filosofía, máster y comunicador del Hospital provincial Comandante Faustino Pérez, nos mostró algunas transformaciones que su barrio agradece, como sus calles asfaltadas, la casa cultural comunitaria, una galería de arte, consultorios médicos, jardines colectivos construidos en sitios saneados y el alumbrado público, obras que lo enorgullecen como delegado de la circunscripción 78, del Consejo Popular Peñas Altas, desde hace diez años. Y que son la evidencia concreta no solo de los valores del estadista que tuvo frente a sí, sino, y muy especialmente, del hombre de carne y hueso que siempre fue Fidel en su perenne aspiración de construir una Revolución con todos y para el bien de todos.

—¿Qué motivó el primer encuentro con Fidel?

—En un intercambio que tuvimos con los Cinco Héroes, el maestro Frank Fernández escuchó nuestra intención de celebrar el 70 cumpleaños del Comandante y nos puso en contacto con Dalia, su esposa. Por esa vía, le enviamos una carta oficial, y en otra hoja le escribí una breve nota: «Fidel, le envío esta nota y junto a ella un abrazo. Hasta la juventud siempre. Contamos con usted». Para mi sorpresa, la noche siguiente me llamaron para decirme que tendríamos un intercambio con Fidel.

«Tuve varios contactos con él, sobre todo telefónicamente. En esas oportunidades conocí a su familia, el hogar de la última etapa de vida, de su descanso, luego de una intensa labor política como Presidente del país y Primer Secretario del Partido; y donde Dalia lo acompañó en todos sus quehaceres y contactos, además de sus hijos y nietos. Fue un privilegio conocerlo de civil y confirmar esa capacidad suya de escuchar y su sensibilidad extraordinaria.

«No tuve la posibilidad de conocerlo físicamente cuando era Presidente, pero guardo con gran sentimiento esa otra faceta porque conocí su humanismo, su don de preocuparse por los detalles, a veces efímeros, pero trascendentales en la subjetividad del ser humano.

«Crecí viéndolo de verde olivo, muy distante en las noticias del televisor, y tuve una construcción simbólica de Fidel hasta que ingresé en la Universidad de La Habana. Estando en cuarto año de la carrera es que conozco a Fidel de verdad y pude acercarme a él, porque siempre estuvo muy al tanto de todo en lo referente al liderazgo y el quehacer en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU); es que seguía recordando su lealtad a la colina universitaria que lo hizo revolucionario y donde estudió en la Facultad de Derecho.

«Estar al tanto de cada uno en del día a día es lo que me queda del Fidel humano, con esa capacidad de aunar y abrazar sentimientos de cualquier joven intrépido y curioso. Creo en ese Fidel conciliador que conversa con gente de diferentes ideologías y aspiraciones y promueve el respeto a la igualdad, la nobleza y el pueblo. Eso hay que agradecérselo.

«Cada momento histórico es diferente, pero en cuanto a lo que él hizo y generó en diferentes aristas de nuestra sociedad, creo que todavía nos queda mucho para estar a su altura. Por eso sigue como motivación para nuestro país y nuestros proyectos emancipadores. Donde quiera que esté una persona dispuesta a hacer, habrá que recurrir al Fidel humano».

—¿De qué asuntos hablaban?

—Dialogar con él tomaba horas interminables. Hablábamos de diversos temas. Sobre todo, le interesaba la biotecnología, el desarrollo de la ciencia cubana y las diferentes alternativas e innovaciones; me habló de la fotografía y la producción de cámaras fotográficas, y de historia.

—¿Nunca se desvinculó de la FEU?

—Estuvimos en contacto cuando se celebraba el aniversario 70 de su ingreso a la UH. Teníamos una campaña y él quiso saber cómo queríamos celebrarlo. Nos acompañó en todo momento. Fidel nunca se desvinculó de la FEU. Incluso cuando ya no recibía a nadie, solo dedicado a sus estudios y el análisis del desarrollo de la ciencia, y supo que la FEU de la UH quería un encuentro con él, abrió las puertas de su hogar.

—¿Qué guardas con más cariño?

—Su sensibilidad y humanismo. En mi labor social como delegado del poder Popular, en las iniciativas para la inclusión en el trabajo con personas sordas, autistas, niños con Síndrome de Down y otras acciones de gestión sociocultural en el trabajo comunitario, su legado más presente es cuidar a la gente.

«A veces nos perdemos en grandes proyectos y estructuras, pero olvidamos la labor gente a gente, el diálogo cara a cara con las personas. Creo que eso es lo que más guardo de Fidel, lo que más proyecta, sin nunca perder la esencia de atender a las personas, la inclusión, el trabajo social y el día a día de la gente.

«Fidel vive en muchas personas y en ese legado que nos inculcó. Él será siempre inspiración para la labor social y la atención a las vulnerabilidades de nuestra gente».

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