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Un supermercado para un nuevo SuperDepor

Ocho años después de su calvario, el Deportivo de la Coruña regresó a Primera con la chequera en la mano y el hambre de un gigante despierto

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

En el corazón de la ciudad de A Coruña, el estadio de Riazor ha sido durante décadas el templo donde el deportivismo se convirtió en religión. Pero los últimos años habían sido un viacrucis.

Ocho temporadas en el purgatorio, cuatro de ellas en la tercera categoría del fútbol español, una propiedad que cambió de manos y una afición que nunca dejó de creer. El gigante dormía. Y como todos los gigantes, cuando despierta, tiemblan hasta los cimientos.

El despertar comenzó el 24 de mayo, en Valladolid, con el ascenso que devolvió al Dépor a la élite. Pero el verdadero terremoto llegó en el mercado de verano. El club presidido por el venezolano Juan Carlos Escotet, respaldado por el músculo financiero de Abanca, decidió que su regreso no sería un paseo de turistas, sino una declaración de guerra. Como arquitecto de esta revolución llegó Fernando Soriano, quien desplegó un tablero de fichajes que dejó boquiabiertos a propios y extraños.

La primera fase del plan fue la siembra de futuro. Cinco fichajes con un mismo perfil: sub23, proyección, y contratos hasta 2030. Así llegaron Teun Gijselhart (1 millón), Jonathan Asp Jensen (6 millones desde el Bayern Múnich), Bright Ede (5,8 millones desde el Motor Lublin polaco) y Lorenzo Amatucci (2,5 millones desde la Fiorentina). También cubrieron la portería con Leo Román, internacional español, por 9 millones de euros. Fue el golpe más caro del verano en A Coruña y una declaración de intenciones: el SuperDepor no venía a hacer turismo.

La segunda fase fue la del talento experimentado. Primero Pierre Emerick Aubameyang, el veterano goleador de 37 años, quien aterrizó desde el Olympique de Marsella por 1,5 millones y ya ha firmado tres goles en tres partidos, siendo todo un fenómeno. Luego Angeliño, el canterano que regresó a casa cedido por el AS Roma, y Adama Traoré, que llegó libre desde el West Ham, completando una delantera de lujo. A Aubameyang se le convenció con un proyecto que le sedujo desde el primer día; a Angeliño, con el vínculo sentimental de su cantera; a Adama, con la llamada de su amigo Auba.

Y entonces, en el último día del mercado, llegó la traca final. El Dépor, que ya había gastado 26 millones de euros —solo superado por Real Madrid, Barcelona, Atlético y Betis—, cerró las cesiones de Marc Casadó y José María Giménez. El primero, un centrocampista de 22 años formado en La Masia, llega cedido por el Barcelona con una opción de compra de 30 millones de euros. El segundo, un central uruguayo de 31 años que había pasado más de una década en el Atlético de Madrid, aterrizó con la jerarquía de quien ha vestido la camiseta de su selección en 78 ocasiones.

El resultado de todo esto es una plantilla de garantías para el retorno a Primera. Diez incorporaciones, una inversión récord para un recién ascendido, y una mezcla de juventud y veteranía que promete mantener a Riazor en vilo. Antonio Hidalgo, el técnico que se estrena en la élite a sus 47 años, ha visto cómo su equipo, con cinco puntos en tres partidos, se sitúa en la octava posición de la tabla.

El gran anhelo, a pesar de los nombres y de la inversión, es la permanencia. Escotet, el presidente que ha devuelto la ilusión a la ciudad, sueña con devolver al Deportivo a Europa. Pero el primer paso, el más difícil, ya está dado. El gigante ha vuelto a rugir. Y en A Coruña, el viento del cambio ya sopla con la fuerza de un vendaval.

 

 

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