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Clínica del Adolescente de Villa Clara: un espacio único para la salud mental adolescente

Surgió en 1984 como respuesta al incremento de los intentos suicidas en la provincia de Villa Clara, y desde entonces ha mantenido una labor ininterrumpida que combina el rigor científico con una profunda vocación humanista

Autor:

Y. Crecencio Galañena León

 

Su nombre quedó en el anonimato por respeto a su historia, pero su caso marcó a todo el equipo de la Clínica del Adolescente de Villa Clara.

Llegó con 16 años, arrastrando el silencio de un abuso sexual que la había sumido en el mutismo. Cinco sesiones sin pronunciar una palabra. Cinco semanas en las que el equipo terapéutico decidió no forzar, no apresurar, solo estar. Hasta que un día… habló.

   Hoy es una joven que estudia enfermería y que, según cuentan sus terapeutas a la Agencia Cubana de Noticias, sonríe. Esa sonrisa —la de una adolescente que recuperó su voz y su proyecto de vida— constituye el mejor resumen de lo que esta institución única en Cuba ofrece: un espacio donde la psicoterapia no resulta solo una técnica, es también un acto de fe en la posibilidad de cambio.

 La Clínica del Adolescente, que el 9 de abril cumplió 42 años de fundada, es el único servicio de su tipo en el país dedicado a la psicoterapia grupal para jóvenes de 10 a 18 años.

 Surgió en 1984 como respuesta al incremento de los intentos suicidas en la provincia de Villa Clara, y desde entonces ha mantenido una labor ininterrumpida que combina el rigor científico con una profunda vocación humanista.

Marisley Díaz Pérez, psiquiatra infantil y jefa del servicio desde hace varios años, lo explica con una frase que repite a sus colegas: «El objetivo fundamental de la psicoterapia apunta a lograr un cambio en el pensamiento, cambiar la mente de la persona y eso no se hace en tres días ni en cuatro». Ese cambio —añade— requiere tiempo, voluntariedad y, sobre todo, un espacio seguro donde el adolescente pueda ser escuchado sin ser juzgado.

 Un espacio único para la salud mental adolescente

La singularidad de la institución no es solo su carácter de servicio único en Cuba, a ello se añade su enfoque integral, que combina psicoterapia grupal como modalidad principal con terapias individuales y familiares, según las necesidades de cada paciente.

   Marta Meli Hernández, psiquiatra del centro, señala que allí no solo atiende a jóvenes con diagnóstico psiquiátrico, sino también a aquellos que presentan dificultades de socialización, problemas familiares o escolares que aún no constituyen una patología.

«Todo el que llega a la puerta se atiende», afirma, aunque aclara que la vía de ingreso habitual es a través de los psiquiatras de las áreas de salud, quienes derivan los casos que requieren rehabilitación.

La estadística de la clínica oscila de 30 a 40 ingresos mensuales, entre psicoterapia grupal e individual. Las sesiones grupales se realizan los martes, mientras que los jueves están dedicados a las terapias familiares y los viernes a los casos nuevos.

Sin embargo, como subraya Díaz Pérez, «el protocolo existe, pero tiene que haber un poco de flexibilidad cuando se trata de seres humanos».

Yolanda Cárdenas Mallea, psicopedagoga de la clínica, explica que su labor consiste en ser un puente mediador entre la salud mental de los alumnos y la escuela, realiza diagnósticos psicopedagógicos y traza estrategias que integran a la familia, las instituciones educativas y la comunidad.

«Hacemos orientación a la familia y a los profesores sobre métodos educativos adecuados, cómo establecer límites y cómo mejorar la comunicación con los adolescentes», agrega.

Del abuso sexual a la reinserción: historias de vida que marcan

La historia de la adolescente de 16 años que superó el mutismo selectivo no es la única que ha marcado al equipo de la clínica. Marisley Díaz Pérez recuerda también el caso de un joven de 17 años que logró que su familia aceptara su orientación sexual, después de un proceso terapéutico que incluyó sesiones individuales y familiares.

«Al final se logró el abrazo, el beso, el llanto, que a veces es necesario con los padres», relata la psiquiatra. Y añade: «Este es un trabajo muy bonito, de mucha paciencia y sensibilidad. Siempre hay que trabajar mucho con la familia».

Otro caso que impactó al equipo fue el de una adolescente de 16 años que participaba en un grupo de WhatsApp, al cual se enviaban fotografías íntimas a cambio de dinero. 

   La joven no percibía el riesgo de su conducta, lo que preocupó profundamente a su familia. El trabajo terapéutico logró que comprendiera los peligros y retomara, incluso, sus estudios interrumpidos de enfermería.

«Gracias a Dios llegó hasta ahí, que no era algo tampoco para celebrar, pero bueno, se logró reeducar e insertar satisfactoriamente en la sociedad», afirma Díaz Pérez, quien subraya que el uso excesivo de la tecnología y las preferencias sexuales diversas son hoy las principales causas de consulta, después de la conducta suicida.

La disfuncionalidad familiar —caracterizada por la falta de comunicación, la ausencia física o emocional de los progenitores y métodos educativos inadecuados— deviene factor determinante que la clínica aborda de manera sistemática.

El impacto de la familia y el contexto en la salud mental

Según Díaz Pérez, el sentir de muchos adolescentes que llegan a la clínica se resume en «mi familia no me entiende, mi familia no me escucha, nunca tienen tiempo para mí». La psiquiatra insiste en que la familia debe ser más que un techo y un plato de comida.

«El hogar está llamado a ser ese ámbito donde se logra cubrir, además de las necesidades materiales, las emocionales y afectivas desde la comprensión y la comunicación afectiva; el hogar debe ser un lugar de apoyo y refugio donde todos seamos escuchados».

Marta Meli Hernández añade que «cada familia es un libro, una historia», y que los métodos educativos —desde la sobreprotección hasta la rigidez o la permisividad— tienen consecuencias directas en el funcionamiento psicológico de los adolescentes.

En un contexto marcado por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, la estabilidad familiar se ha visto aún más tensionada.

Padres que migran o están ausentes, o que estando presentes se mantienen emocionalmente desconectados… Estas son realidades que se enfrentan a diario.

A pesar de los retos tras 42 años de trabajo, la Clínica del Adolescente sigue siendo ese espacio donde la psicoterapia cura y transforma vidas.

La sonrisa de la joven que recuperó su voz, el abrazo entre un padre y su hijo adolescente, o el testimonio de una familia que logra reencontrarse, son la prueba de que, incluso en medio de las mayores adversidades, la esperanza y la salud mental pueden ser un camino posible.

(Tomado de la ACN)

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