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Senel Paz: ¿Reconciliación con la literatura?

El periodista y escritor de renombre universal publicó en España la novela En el cielo con diamantes que pronto estará a disposición de los lectores cubanos

Autor:

Juventud Rebelde

Tuve el privilegio y la buena suerte de ganar el Premio David de Poesía el mismo año en que Senel Paz lo ganaba en el género de Cuento (1979). Ambos también éramos —y seguimos siendo— periodistas y aunque no presumimos cada día de nuestra amistad creo que compartimos un cariño y una complicidad especiales.

Después de que en 1990 «el niño aquel», obtuviera el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional con ese relato paradigmático que es El lobo, el bosque y el hombre nuevo, Senel dejó de ser un escritor conocido solo en Cuba para alcanzar renombre universal, sobre todo a partir de la película Fresa y Chocolate, de la cual fue guionista y artífice principal, bajo la dirección del genial Tomás Gutiérrez Alea y el talentoso Juan Carlos Tabío.

Ahora Senel vuelve a ser noticia con la publicación en España por la Editorial Brughera de una novela voluminosa, cuyo título es En el cielo con diamantes que muy pronto será puesta a disposición de los lectores cubanos por la Editorial Oriente. Pero no es ese el motivo de esta entrevista, aunque en ella se hable del tema.

Senel Paz es más que una moda para la literatura cubana e hispanomericana. Alguien que, por su honestidad y por su relación auténtica con la escritura y con la vida, merece ser escuchado. Y he aquí esa oportunidad.

—¿Puedes adelantar algo sobre En el cielo con diamantes?

—Con esta novela retomo mi trabajo literario y retorno al gremio desde el punto de vista de la publicación, porque nunca he dejado de escribir. En el cielo con diamantes, que es el título de la novela (viene de una canción de los Beatles, que «suenan» mucho en sus páginas) doy continuidad al mundo literario que vengo conformando desde mis primeros textos. Ahí puede estar el interés y el peligro.

«Este mundo ha evolucionado, naturalmente, ha avanzado en el tiempo y con la vida, pero me mantengo fiel al mismo universo, con personajes que me acompañan desde el principio y otros que han llegado después para quedarse, atraídos por los primeros. Comprendo que puede producir un cansancio en el lector (el riesgo) y en mis colegas, pero no puedo renunciar a este concepto porque es el mío, no lo puedo traicionar porque me viene de muy hondo. Y de hacerlo sería como escribir sobre temas que me aseguren éxito de ventas».

—¿Por qué esa recurrencia sobre los mismos temas y los mismos personajes?

—En mis inicios como escritor, al no tener conciencia de mi carácter de novelista (circunstancia que creo advertir también en algunos libros de cuentos de jóvenes autores que estoy leyendo ahora, y me parecen novelas), publiqué cuentos que no eran más que avances o anunciaciones de mis novelas. Los di a conocer, al igual que los guiones para cine, pero ahora no puedo dejar fuera esos fragmentos porque ocupan zonas importantes en la trayectoria de mis personajes. Yo pienso que las novelas, más que ser creadas por uno, se te van revelando, en mi caso con dificultad y lentitud. Es el tipo de escritor que soy y no puedo remediarlo, es un asunto de tómalo o déjalo, pero no caben fingimientos.

—¿Qué distingue entonces a esta novela?

—Creo que es la escritura y la relación que como autor tengo ahora con los mismos personajes y el contexto en que se mueven. Vale decir, lo que he vivido y pensado. Es el mismo universo y los mismos personajes, pero mi visión de todo esto se ha enriquecido, me parece, o se ha complejizado. Cuento, a través de las voces principales de dos personajes ya conocidos, el fragmento de la vida de David anterior al que conoce a Diego, el homosexual de Fresa y Chocolate. La novela termina aquel día en Coppelia en que Diego se sienta a la mesa de David. Esto, entre otras muchas historias (porque es una novela con muchas historias, que me ha permitido disfrutar el acto de contar como lo hacía al principio, cuando no me preocupaba por el lenguaje ni por lo que decía). Por otro lado, creo que es la más divertida de todas mis obras y que he encontrado en ella la manera de, sin apartarme del momento histórico principal en que me tienen atrapado mis personajes, conversar con el lector desde la actualidad.

—¿Por qué primero en España y después en Cuba?

—He publicado la novela primero en España buscando una mayor difusión y un mejor pago por mi trabajo. He tenido la suerte de que la novela, además de la edición española por Ediciones B y Bruguera, dos colecciones de una misma casa, ya haya aparecido en Portugal por la Editorial Sudeste, con una portada muy bella, y que saliera en junio en Italia por la Editorial Giunti, y en lo que queda del año en Francia, Alemania, Serbia. En Cuba que es, naturalmente, el sitio que más me importa (porque la novela está escrita en primer lugar para los cubanos), saldrá también este año por la Editorial Oriente, que dirige la escritora Aida Bahr.

—¿Cómo son tus relaciones con los más jóvenes escritores cubanos?

—Ha estado muy en baja, y casi te diría que con los escritores en general, excepto con aquellos que son mis amigos, que son muchos. Como consecuencia de mi alejamiento del trabajo literario también me he apartado un poco de la vida literaria. Al estar escribiendo, he preferido abstenerme de leer a los autores cubanos, en particular a mis contemporáneos, que enfrentan problemas estéticos similares, limitándome a aquellos indispensables para mi propia labor creativa, ya que en mi novela hay muchas referencias literarias y también cinematográficas. Esto es algo frecuente en muchos autores en sus etapas creativas. Ahora bien, lo anterior no significa que he estado completamente al margen de lo publicado por los más jóvenes, sobre todo a través de las revistas. Pero, en todo caso, estoy revirtiendo de inmediato esa situación. Me estoy actualizando, a marcha forzada y con gozo, en la literatura más reciente, y llevándome muy agradables sorpresas. Te lo digo con toda sinceridad. Es una necesidad personal.

—Y a propósito del cine, ¿piensas continuar haciendo guiones y asesorando a nuevos escritores para el medio?

—Para mí el cine significa otra posibilidad de narrar y pienso seguirla utilizando, intercambiando mis personajes con ese medio, y a la vez esforzarme por concentrarme en historias cubanas acordes con mi estilo. Sin duda, el cine ha influido mucho en mi actitud literaria y ha enriquecido mi pensamiento de narrador, a pesar de que me mantengo en mi estilo, siempre fundamentalmente introvertido, y que es, en rigor, a la primera impresión, poco cinematográfico, muy dependiente de la palabra. Siempre me ha interesado colaborar con la formación de otros escritores, tal como otros intervinieron e intervienen en la mía, y he preferido el cine para esta tarea, ya que hay mucha gente que se ocupa de la literatura y lo hacen muy bien. Me interesan en general los nuevos cineastas (realizadores, editores fotógrafos, etc.), porque en cine no se puede tener una visión por parcela. Tiene sentido formar escritores y cineastas, si existen posibilidades de filmar y esos jóvenes pueden conquistarlas o imponerlas, porque si no es un poco tomarle el pelo a los muchachos.

—¿Cuál es tu opinión sobre el mercado del libro en España y cuáles son las diferencias que encuentras con la circulación del libro en Cuba?

—Es una pregunta muy abarcadora, ideal para otro tipo de escritor. Mi experiencia con el mercado del libro en España se reduce a comprobar que un título nuevo no es más que una gota en un inmenso mar y que todo transcurre entre demasiadas luces y brillos que ocultan la banalización de la literatura y el triunfo del interés de mercado; lo que importa fundamentalmente es vender libros, no de lo que estos traten, pero así y todo la literatura subsiste y el interesado tiene a mano una amplia oferta si la sabe buscar. Nos pasamos la vida trayendo buenos títulos del extranjero. Tampoco he estudiado el fenómeno en Cuba, donde en los últimos años ha habido una importante y yo diría que festiva, alegre, recuperación editorial y donde se mantiene una actitud responsable en el campo de la edición, pero salta a la vista que es difícil conseguir los títulos porque se agotan enseguida, se distribuyen de forma irregular y no se renuevan, que los libros aún no reciben suficiente promoción, que hay poca información y acceso a títulos de literatura extranjera, que las librerías no siempre son sitios agradables, y que todo gira fundamentalmente alrededor de la maravilla de las ferias del libro.

«Me pregunto qué contacto con la literatura tienen nuestros jóvenes estudiantes que pasan la mayor parte de su vida lejos de los centros urbanos, e incluso los de la Enseñanza Superior cuando nuestras universidades no se relacionan con la cultura literaria, ni siquiera las facultades de Humanidades. Yo he tenido muchos encuentros y lecturas en universidades extranjeras, pero en Cuba las puedo contar con un dedo de la mano».

Así es Senel siempre conforme pero siempre insatisfecho. Exigente con sus libros y con el mundo que lo rodea. Porque como todo gran artista a lo que aspira para él y para el Universo es a la perfección.

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