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Museo Nacional de Bellas Artes exhibe muestra sobre la cultura del aceite

Los disímiles usos que ha tenido el aceite en la historia, ha sido el tema que ha movido a los curadores para conformar tan insólita exposición

Autor:

Juventud Rebelde

El aceite, dorado líquido que no puede faltar en cocina alguna, ha acompañado fielmente a la humanidad desde los tiempos antiguos, ungiendo su huella oleosa en la piel de la historia.

Tal impronta fue atrapada meticulosamente por un equipo de curadores del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), que conformaron la muestra La cultura del aceite en la Antigüedad, en la cual se puede apreciar la importancia que este ha tenido no solo para la alimentación sino además para la fabricación de perfumes y cosméticos, los ritos funerarios y religiosos, el alumbrado de las casas, e incluso en competencias deportivas.

Asistir entonces a la exposición se vuelve instructivo encuentro con culturas tan milenarias y atractivas como la egipcia, la sumeria y la grecorromana; un espacio que, a nuestros curiosos ojos, se presenta como una enciclopedia visual, cuyos ilustradores bien pudieron conocer a Aquiles o ver colocar el bloque cimero de las pirámides.

Resalta entre las piezas la bien conservada ánfora panatenaica que, colocada en el centro de la sala, recobra su valor de trofeo y se vuelve blanco de todas las miradas. Con igual admiración —y hasta con cierta envidia— la habrán observado en la antigua Grecia, sostenida por los firmes brazos del atleta triunfador; no precisamente por el bello decorado que perpetuaba la especialidad competitiva en la que este había salido victorioso, sino porque la vasija se encontraba rebosante del aceite extraído de los cinco árboles sagrados de Atenea, amada patrona de la ciudad.

Era tan importante para la vida de los helenos el producto del olivo que cuando la diosa —según reza la mitología— les regaló el primero, no dudaron en levantarle templos por todas partes, incluyendo el Partenón, y en celebrarle cada cuatro años estos juegos nombrados panateneas.

En los entrenamientos deportivos también se podía encontrar a los jóvenes empavesando su cuerpo desnudo con aceite de oliva, y retirándolo, después de los ejercicios, con un instrumento llamado estrígilo con el que eliminaban la capa de suciedad de la piel. El mismo aparece en la muestra acompañado de esponja y aríbalo, platillo que contenía el óleo; una tríada perfecta que los griegos inventaron para no eludir, a falta de jabón, el aseo personal.

En aquellos tiempos remotos los cánones de belleza veían con buenos ojos la piel lustrosa, algo que en estos más cercanos han retomado actores y supermodelos del star sistem para vender la sensualidad del músculo y el sudor. No obstante, en la antigüedad tal brillantez era tenida como uno de los más altos signos de limpieza y resultaba común ostentar las barbas embadurnadas o recibir a un huésped lavando de sus pies el polvo del camino y ungiéndolos finalmente con el suave líquido.

Las mujeres disfrutaban de todo un set de maquillaje compuesto por lociones, pomadas, cremas y ungüentos fabricados, por supuesto, a base de aceites naturales; y lo tenían en tan alta estima que muchas lo guardaban como parte de su dote matrimonial. Por esto, también desde tiempos inmemoriales, el perfume se ha guardado en frascos pequeños, de los cuales se puede apreciar una hermosa selección de botellitas de alabastro, arcilla y vidrio soplado en el Edificio de Arte Universal.

El aceite fue también utilizado como odorífico en las pirámides egipcias donde, a pesar de los grandes esfuerzos de los embalsamadores para evitar la descomposición de sus monarcas, el olor «real» no debió ser nada agradable. Algo que se percibe claramente en un relieve funerario que presenta a dos mujeres con sendos conos de óleos en la cabeza para aromatizar el ambiente mientras ofrecían libaciones.

Otro de los grandes beneficios del aceite fue, sin dudas, la iluminación de las casas, utilizando sencillas lamparillas con pico cerrado para colocar la mecha y vientre abultado para almacenar el combustible. En la colección que despliega Bellas Artes son diversos los ejemplares, aun cuando mantienen el diseño primario que trae a la memoria la maravilla de Aladino; no faltan minúsculas piezas de arcilla ni tampoco otra que, en forma de pie, fue trabajada en metal.

Innumerables fueron los usos atribuidos por los antiguos al preciado líquido, hasta emplearlo como bálsamo para las heridas por sus reputadas virtudes medicinales. También se cuenta que el heroico Jasón, líder de los argonautas, solo podría conseguir el ansiado vellocino de oro si les ungía los cuernos a dos toros con patas de bronce que echaban fuego por la boca; mientras que el rey Salomón daba al monarca de Tiro, cada año, en pago de los servicios prestados por sus hombres, 20 mil batos de aceite, siendo un bato más o menos igual a 30 litros.

La cultura del aceite en la Antigüedad, que podrá ser vista hasta el 14 de junio, no pasa por alto tópicos afines como la cosecha del olivo, los diferentes tipos de aceites que fueron explotados por cada región, y las plantas de las cuales este era extraído.

Elementos todos que se unen, haciendo gala de lécitos, aceiteras, anforillas y demás recipientes, para hacernos partícipes de una cultura latente, aunque lejana en el tiempo; que nos pone a pensar en lo perdurable de algo tan resbaladizo como el aceite.

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