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Un artífice del parche

El artista Ebenecert Ballat defiende la idea de que la artesanía no es solo utilitaria, sino que puede fructificar en interesantes obras de arte. Por ello desde hace años trabaja el parche bajo este concepto y sus obras han merecido diversos premios y reconocimientos

Autores:

Ana María Domínguez Cruz
Yeisa Sarduy Herrera

Increíble. Fue lo primero que pensamos al ver un trabajo de parche del «maestro». Sí, porque de ese modo le dicen a Ebenecert Ballart en su natal Viñales. Rodeado de cuadros, pinturas, trabajos de parches suyos y de otros creadores, retazos de telas y cartulina trabaja este artista en su taller, que abraza los sueños de grandes y chicos del territorio.

Con una sonrisa discreta, este artista, quien ha presentado sus obras también en Italia, Suiza y España, accedió a brindarnos parte de su tiempo, propiciándose una conversación amena bajo un clima artístico, jovial y hasta familiar.

—¿Cuándo surge en Ud. el interés por trabajar los parches?

—En la década del 90 comencé a trabajar la muñequería por razones puramente comerciales, y con el tiempo comprendí las potencialidades que estas manualidades me ofrecían. Comencé a elaborar otras ideas con un sentido artístico, con una historia, que transmitiera un mensaje. Entonces, surgió el primer parche, El sueño de la abuela, donde incorporé otras técnicas que lo enriquecieron. Esta obra me proporcionó el premio del II Salón de Artes Aplicadas en el año 1999.

«A partir de ahí ingresé en la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas de Cuba (ACAA) e incorporé el parche como un nuevo soporte de expresión artística. Poco a poco fui perfeccionando esta técnica hasta lograr los trabajos que el público puede apreciar hoy, siempre contando con la ayuda del maestro Alberto Vázquez León».

—¿Cuáles fueron las motivaciones que lo acercaron a la técnica del parche?

—Necesidades espirituales, de expresión artística y de realización personal. Pero una de las más importantes fue demostrar que la artesanía no solo es utilitaria, sino que tiene un alto valor artístico. Es decir, resaltar tanto la dignidad de este arte como la de sus realizadores.

«Algunos de los premios que he logrado son sueños hechos realidad. Desde el galardón alcanzado en el II Salón, he obtenido cuatro veces más dicho reconocimiento en ese evento, además del primer premio que me otorgaron en el II Salón de Parche Nacional. Estos y otros me regocijan mucho».

Las temáticas de sus obras son diversas: el valle de Viñales, la figura del Che, el escudo del municipio, su pueblo... Títulos como El sueño de la abuela, Evocación, La llave del Golfo, Mi pueblo, Canción de las sombras (trilogía), Preludio para un ascenso, Atardecer y La fortuna, muestran la creatividad y el empeño de su creador. Sin embargo, encontrar la(s) favorita(s) resultó un tanto difícil pues todas son resultados de vivencias, recuerdos que invocan a amigos, familiares, entornos gustados.

—¿Cuál cree sea su mayor reto en esta labor?

—En primer lugar, he enfrentado incomprensiones y limitaciones para valorar esta forma de hacer que surgió hace milenios. Mi afán es sensibilizar a las personas para entender este arte. Valorarlo desde el punto de vista artístico y utilitario, ser fiel a la cubanía y la cultura, y transmitirlo a las nuevas generaciones para que no mueran estas tradiciones; ese constituye mi mayor anhelo. Por ello, cada vez que realizo una de las peñas culturales aquí, en mi taller, presento el trabajo de las niñas y los niños que integran el proyecto comunitario Espacio abierto.

«Dedicado a presentar la obra de los niños de mi comunidad con el apoyo de diversas instituciones culturales, el proyecto nació hace varios años con el nombre de Jugando con mis manos. Trato que los niños y las niñas expresen lo que sienten a través de sus realizaciones; y el resultado es maravilloso, pues con mucho amor y dedicación se logra dar rienda suelta a la imaginación infantil».

—En su trabajo sobresale mucho el entorno natural que le rodea: el pueblo y valle de Viñales, ¿a qué se debe ese acercamiento?

—Mi entorno es mi terruño, mi origen. Es la savia que alimenta mi vida. La naturaleza privilegiada que me rodea llena mis días de orgullo y forma parte de la fuerza que me impulsa a seguir creando.

Para Ebenecert, el pasado fue un año fructífero para su carrera. Su participación en la Exposición de las Banderas, auspiciada y coordinada por la ACAA a nivel nacional, bajo la dirección de su vicepresidente Alberto Vásquez León —se presentó en el Convento de Santa Clara— es un reflejo de sus sentimientos de cubanía.

—Ebenecert, ¿cómo usted mira el futuro?

—Seguir trabajando es lo esencial, es decir, continuar los proyectos de creación con niños y adultos, celebrar el tercer año de mi taller, que se ha convertido en un espacio de disfrute y enseñanza en la comunidad. Quiero fundar la Casa del Parche en mi localidad, y seguir realizando el Salón provincial de parche en nuestro municipio. Igualmente, brindaré todo mi apoyo al desarrollo de la cultura, a partir del perfeccionamiento de mi obra.

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