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Farah María, excelencias de su arte

La triple virtud de ser mujer, madre y artista convierten a Farah María García Callava en símbolo y cúspide de la música de los siglos XX y XXI cubanos

 

Autor:

Laura Vilar Álvarez

Con 76 años de vida y más de cincuenta de labor artística, Farah María García Callava, quien siempre defendió a su patria y amó a su pueblo, a sus vecinos y a su familia, partió este 30 de diciembre de 2020 hacia la eternidad en paz, porque supo hacer bien la Obra de la vida.

Comenzó sus andares en la cultura durante su adolescencia, con solo 15 años de edad, pues tenía estirpe y figura de modelo, labor que le permitió conocer desde temprano el sacrificio necesario para cuidar su imagen.

Esta experiencia, junto con las clases de danza, ballet, actuación, canto y el magisterio de Meme Solís, constituyó la base de su formación profesional, asentada en el respeto, la disciplina, la ética y la total entrega a la escena, de ahí su permanente triunfo.

Y es que un artista para garantizar el éxito, además del talento nato, debe tener en cuenta varios elementos: figura, vestuario, movimientos escenográficos, repertorio, interpretación, y en el caso de Farah María, nombre artístico. Nunca descuidó ninguno de estos aspectos.

En cada entrega que he vuelto a disfrutar, gracias a algunos testimonios sonoros y audiovisuales que felizmente fueron recogidos, conservados y colocados en las Redes, pude apreciar el cuidado y profesionalidad que Farah María tuvo en cada puesta en escena, porque sus conciertos como solista, tenían la virtud de que ella sola llenaba el gran escenario cuya escenografía no era abarrotada como los espectáculos actuales. No hace falta tanto cuando en el tabloncillo hay un buen artista.

Ella logró su excelencia con el apoyo y magisterio de otros colegas como Tomás Morales, Riverón, Figueroa, coreógrafos, y Juan Espinosa, quien al decir de la propia Farah “le colocó la voz”. Arduo trabajo le llevó a Espinosa a prepararle su voz como solista, enseñándole técnicas vocales diferentes a la interpretación que ya ella conocía dentro del cuarteto Los Meme, donde la resultante sonora es diferente pues se tiene que lograr un empaste en las voces que armonicen la obra musical interpretada.

Su voz como solista logró tener un timbre que la distinguía entre otras talentosas cantantes. Fue la época de los cuartetos y seguidamente las solistas, Elena Burque, Moraima Secada, Omara Portuondo, Beatriz Márquez, Miriam Ramos y tantas otras voces femeninas, que mostraron el esplendor de la cancionística cubana de esos años.

Se caracterizó por tener una afinación impecable, una interpretación adecuada al contenido, contexto y concepto de la obra musical seleccionada, que apoyaba con su actuación y vestuario, así como muchas horas ensayo, estudio y disciplina, aspectos que definieron su profesionalidad como artista. 

En la creación de Farah María no hubo cabida a la improvisación, aspecto que algunos artistas actuales deberían superar y aprender de la vida profesional de esta cantante. No todo es pompa y luces, hay que ensayar y estudiar lo que el compositor quiso decir con su obra para poderla interpretar.

De aquí que la interpretación de Farah María de Óleo de mujer con sombrero de Silvio Rodríguez una de las mejores que he escuchado. La cima donde ella colocó el repertorio del compositor Juan Almeida, deleitando sus melodías, es relevante, pero ella también incursionó en el son, el cha cha cha, el bolero, la trova, y asumió con alegría los horizontes que deparaban los tiempos nuevos, porque confió siempre en la juventud. Nunca renegó sus orígenes, su primera formación vino de cuna, su abuela y los cantos en familia y ahí es donde nació la verdadera vocación, porque la tradición familiar te corre por las venas y te acompaña todo el tiempo.

Amó ser madre y abuela y el nacimiento de su hija fue «el día más feliz de su vida». Entregó su corazón al público que la escuchaba, pero realmente ella nos robó el corazón a todos los que tuvimos la dicha de verla actuar, porque fue una artista querida por su pueblo que marcó un estilo de interpretación y una época donde la industria de la música se encadenaba con todos sus elementos: la radio, la televisión, la fonografía con precios asequibles al pueblo, la programación, las giras nacionales e internacionales, vestuaristas, repertoristas, arreglistas. Toda una cadena de procesos en función del artista, que favorecieron el éxito alcanzado, por supuesto acompañado del soporte principal: el talento. Farah María lo tenía.

Cantó con varios artistas como Los Zabandeños, María Dolores Pradera, Miguel Río y Joaquín Sabina en España, con el Puma en Venezuela, Enrique Jorrín, Héctor Téllez, Josephine Baker y Bola de Nieve, otros de los grandes, y muchísimos más de una lista bien nutrida. Fue reconocida en escenarios cubanos y europeos obteniendo varios lauros de los que vivió orgullosa y le dedicó al pueblo cubano.

Interpretó obras de Adolfo Guzmán, Juan Almeida Bosque, Meme Solís, Silvio Rodríguez, Mario Aguirre, Juan Pablo Torres, Eddy Gaytán, Enrique Jorrín y Miguel Matamoros, entre otros cientos de temas grabados, fundamentalmente del repertorio cubano, aunque incluye obras del repertorio español.

Sirvan estas líneas para aportar algunos aspectos que realzan la labor de una mujer cubana, madre y artista, que se entregó a su carrera, que sembró y lo hizo bien porque recogió el trigo y dejo raíces para que nacieran nuevas plantas con su savia porque «quizás mañana brille más el sol», porque ella «seguirá sentada en el andén, dejando el tiempo y mirando el día».

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