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«Somos un pueblo como cualquier otro»

El reconocido escritor, guionista y cineasta Eduardo del Llano nos habla acerca de algunas valoraciones que, sobre la risa, han condicionado la esencia del pueblo cubano

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

Tu extensa obra, en disímiles soportes, está cuajada de un intenso, crítico y elaborado humor. A partir de tu experiencia, ¿qué piensas acerca de la manida frase: «el cubano es cómico por esencia»?

—Quizá, por el aislamiento geográfico, y también ideológico, nosotros nos hemos creído, como cubanos, que somos algo especial en materia de humor. Yo no lo creo así. Pienso que somos un pueblo con sentido del humor como lo puede ser el noruego, el neozelandés o el alemán…; cada uno con sus peculiaridades que hacen que el humor de cada uno de estos pueblos resulte incomprensible o no humorístico para los demás, pero no creo que seamos nada especial. Si algo tenemos especial puede ser el choteo definido por Mañach, que tampoco es algo de lo cual vanagloriarse mucho. Esto de tirarlo todo a relajo, de tratar de minimizar o aplastar cualquier intento de sobresalir por parte del prójimo, no es algo que nos deba hacer sentir particularmente orgullosos.

«Definitivamente, el humor sí ha estado presente en toda la historia de Cuba, desde las obras satíricas que se ponían en la época de la dominación española, o las de comienzo del siglo XX, para justamente burlarse y criticar la corrupción y la falta de seriedad de muchos de los gobiernos de la república pre revolucionaria. Después de la Revolución ha existido, en primera instancia, un humor enfrentado al imperialismo y las amenazas externas, pero en la medida en que hubo más que criticar, y hubo espacios para satirizar, se señalaron los defectos inherentes al sistema social en que vivimos.

«A veces se tiende a creer, sobre el humor satírico, que lo último más conflictivo que aparece fue lo primero, y vemos que también desde afuera, cuando descubren algún fenómeno crítico, dicen: “¡fulana o fulano es muy valiente!”, o tal blog o publicación es muy valiente porque dijo… como si eso hubiera empezado ayer por la tarde cuando en realidad, desde que triunfó la Revolución, ha habido sátira de los problemas internos de manera más o menos oficial, más o menos legal, más o menos bien considerada por la oficialidad; y eso ha sido una corriente que ha existido siempre, con Marcos Behmaras, Zumbado, el movimiento humorístico de los años ochenta… hasta la actualidad en que, quizá, haya un poco más de apertura al respecto, pero no significa que ahora es que está surgiendo. Ha existido siempre.

«Entonces sí, creo que nosotros, como cualquier otro pueblo… como cualquier otro pueblo, recalco, tenemos el humor como una parte consustancial de nuestra cultura y de la manera en que hemos asumido la historia, lo que no quiere decir, repito, que seamos nada especial. Creo que justamente la insularidad y la dificultad que hemos tenido para confrontarnos con otros pueblos, con otras culturas, es una buena razón para que nos creamos excepcionales en eso y en otras cosas. Somos un pueblo como cualquier otro, quizá, con un poquito más de qué reírnos de nosotros mismos, pero no con una capacidad especial para hacerlo».

(Fragmento de la entrevista realizada a Eduardo del Llano en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).

Una extensa obra humorística, con un sello muy personal

Eduardo del Llano Rodríguez nació en Moscú en el año 1962, y se graduó de Licenciado en Historia del Arte en la Universidad de La Habana, en 1985. A principios de los años ochenta del siglo XX, fundó el grupo teatral y literario Nos y otros.

Aprendió sobre la elaboración de guiones cinematográficos de reconocidos profesionales al estilo de Jorge Goldenberg, Tom Abrams y Walter Bernstein, mientras que fungía como profesor en la Facultad de Artes y Letras de la universidad habanera, y «colaba» algunos cuentos, bajo su rúbrica, en Caimán Barbudo, la revista de la Casa de las Américas, entre otras publicaciones del patio, según aseguran los más importantes espacios culturales de las redes.

Extenso sería aquí nombrar la lista de sus libros, guiones cinematográficos, documentales y cortometrajes, incluyendo la conocida serie de Nicanor O'Donnell. También son muchos los premios obtenidos en Cuba y el exterior en su prolífera carrera, que comenzó hace muchos años, antes de la creación misma del Centro Promotor del Humor y su festival nacional Aquelarre. Eduardo del Llano se inscribe en la historia de los concursos literarios convocados por los Aquelarres, como uno de los más ganadores de dicho premio, sobre todo el que conserva mayor cantidad de veces consecutivas, desde el inicio mismo en 1993, hasta el 1995, cuando ganó con el texto Las treinta monedas de la virgen.

Del Llano cuenta también con una extensa obra cinematográfica, que incluye desde el guion hasta la dirección, destacando como cine de autor, con un sello muy personal. Ha obtenido los premios literarios de la editorial Abril en 1988 y 1992; Premio Italo Calvino en 1996 y el Premio de Cuento 1998 de la revista Revolución y Cultura. Y, en el año 2012 resultó Premio Coral Mejor Guion del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana por La película de Ana (con Daniel Díaz Torres), entre otras distinciones del patio e internacional.

 

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