Programa televisivo Cultuber Zero. Autor: Cortesía del programa Publicado: 22/07/2026 | 10:22 pm
En un contexto donde las nuevas generaciones consumen contenidos culturales a través de múltiples plataformas y lenguajes, surge Cultuber Zero, una propuesta televisiva que apuesta por renovar la manera en que los jóvenes se relacionan con la cultura. Con una duración de 27 minutos y estreno previsto para el martes 30 de junio a las 6:00 p.m. por Canal Habana —con retransmisión los miércoles a las 8:30 p.m.—, este programa semanal se presenta como una alternativa fresca, dinámica y necesaria dentro del panorama audiovisual cubano.
La idea original y el guion pertenecen a Santiago Jerez Mustelier, quien lidera un equipo creativo integrado por el conductor Kriss Rojas Rosales, el director y editor Maykel Espinosa Rodríguez, la asesora Sutrayel Falcón, la asistente de producción Leydis Quesada López, la asistente de dirección Leyanis Infante Curbelo y la diseñadora gráfica Maday Acosta. Se trata de una coproducción entre Canal Habana y la Casa Editora Abril, lo que refuerza su vocación cultural y educativa.
Cultuber Zero se inscribe dentro del género variado juvenil, pero con una estructura contemporánea: cada emisión gira en torno a un tema central que sirve como hilo conductor, acompañado de microsegmentos que abordan diferentes aristas del universo cultural. Este formato permite integrar contenidos diversos como la música, el audiovisual, la literatura, el arte digital y las tendencias en redes sociales, todo desde una narrativa ágil y cercana.
El programa está especialmente dirigido a adolescentes y jóvenes de la generación Z, aunque su enfoque inclusivo permite que también conecte con la familia en general. La clave está en su lenguaje: directo, desenfadado y participativo, sin renunciar al rigor ni a la profundidad.

Parte del equipo de Cultuber Zero en el set de grabación. Foto: Cortesía del programa
Precisamente, uno de los elementos distintivos del proyecto es la construcción de un lenguaje capaz de dialogar con los códigos de la juventud contemporánea. Para Kriss Rojas, conductor del espacio, el reto ha sido encontrar un tono que conecte con los jóvenes cubanos sin caer ni en la rigidez ni en la vulgaridad.
«Tratamos de no utilizar un lenguaje tan formal, pero tampoco llegar al lenguaje más callejero o informal. Intentamos acercarnos a la forma en que hablan los jóvenes cubanos hoy, utilizando frases y guiños que hicieran el programa lo más coloquial posible».
Según explica, desde la propia escritura de los guiones se concibió una comunicación más espontánea y cercana a los códigos de las nuevas generaciones, una decisión que fue afinándose durante el proceso creativo y las grabaciones.
Rojas destaca además que el programa le permite mostrarse ante la audiencia sin artificios ni personajes construidos para la pantalla.
«Mi estilo personal está en el programa. No van a ver a un personaje. Van a ver a Kriss tal como soy. Lo que aparece en pantalla es el resultado de una construcción colectiva entre guionista, dirección, asesoría y conducción».
La esencia del proyecto se basa en el concepto de “cultuber”, término que define a creadores de contenido que promueven y divulgan la cultura a través de plataformas digitales, combinando educación y entretenimiento. Este fenómeno, cada vez más visible en redes sociales, ha transformado la manera en que los jóvenes descubren, analizan y consumen productos culturales. Desde críticas cinematográficas hasta recomendaciones literarias, pasando por análisis de tendencias o debates sobre la industria cultural, los cultubers han logrado posicionarse como mediadores entre el conocimiento y el público joven. Cultuber Zero recoge esta lógica y la traslada al formato televisivo, con el objetivo de popularizar el término en Cuba y fomentar una cultura mediática más consciente.

Para Kriss Rojas, conductor del espacio, el reto ha sido encontrar un tono que conecte con los jóvenes cubanos sin caer ni en la rigidez ni en la vulgaridad. Foto: Cortesía del programa
Sobre la selección de los temas y referentes culturales que aparecen en pantalla, Santiago Jerez explica que el proceso de investigación fue tan importante como la propia escritura de los guiones.
«En lo personal, el ejercicio de crear el proyecto y escribir los guiones fue muy inmersivo todo el tiempo y de mucho aprendizaje para mí. Leí muchos artículos, investigué cada tema, fui organizando un mapa de canales, sitios y proyectos de confianza, fuentes a las que acudir para nutrirme del conocimiento colectivo y que mis experiencias, criterios o consumos no dominaran únicamente la narrativa».
El creador reconoce que una parte importante de esa preparación consistió en acercarse a los llamados cultubers y a las dinámicas de creación de contenido cultural en las plataformas digitales.
«Sigo varios cultubers en Instagram y YouTube; eso me permitió acercarme a sus modos de producción de contenido, temáticas más reiteradas, enfoques, lenguajes, formatos y consideraciones. En la bruma de plasticidad y banalización que rodea a las redes sociales también hay mucho contenido de valor que producen creadores especializados en áreas como la música, el cine, la tecnología, la educomunicación y la literatura».
Para Jerez, este tipo de influenciadores desempeña un papel esencial en la formación cultural de las nuevas generaciones.
«Los cultubers son un tipo de influenciador que debería inundar más las redes sociales. Qué maravilloso es abrir Instagram y que el algoritmo te sugiera un reel de alguien analizando una obra de arte renacentista, o explicándote por qué el último disco de Bad Bunny es relevante, o de alguien que comparte su top literario o hace una crítica sincera a la película del momento. Ese contenido te desafía, te amplía el conocimiento y no sientes que estás subordinado al scroll inútil».
El guionista también reconoce que la identidad del programa es el resultado de un esfuerzo colectivo.
«No voy a negar que los guiones y el programa se parecen mucho a mí y tienen mucho de lo que consumo y me gusta, pero también Cultuber Zero se parece a Maykel, a Kriss, a Leya, a Sutra… todos aportamos un poco de lo que nos gusta. Todos aportamos un poco al ADN del programa».
Asimismo, destaca que una de sus prioridades fue acercarse a los hábitos de consumo cultural de la generación a la que está dirigido el espacio.
«Traté de estar lo más al tanto posible de los consumos culturales de la Generación Z. Escuché playlists y artistas, busqué mucho arte plástico, me apoyé en obras clásicas —desde Beethoven, Hans Zimmer hasta Manuel de Falla— para impulsarme a escribir, volví a escuchar a Omara Portuondo y al Buena Vista Social Club, y vi mucho cine durante el proceso de escritura de los guiones. Y aquí aprovecho para recomendar siempre el cine como vía para alcanzar la inspiración».
La propuesta también destaca por intentar tender puentes entre dos universos comunicativos que tradicionalmente han transitado por caminos diferentes: la televisión y las redes sociales.
Desde la dirección y edición, Maykel Espinosa Rodríguez identifica precisamente en esa convergencia uno de los mayores desafíos del proyecto.
«El reto principal ha sido encontrar los puntos en común entre la televisión y las redes sociales para que sus lenguajes no compitan. El lenguaje de redes suele ser más cercano, desenfadado y personal, y en Cultuber Zero hemos intentado trasladar la figura del cultuber a la televisión».
Según explica, la edición desempeña un papel esencial en la construcción de esa identidad visual y narrativa.
«La inclusión de memes, reacciones y cortes de humor ayuda a acercar el programa al estilo de los streamers y youtubers, sin renunciar a la esencia televisiva».
Uno de los grandes desafíos del programa es equilibrar lo didáctico con lo entretenido. Para ello, combina divulgación cultural, análisis crítico, humor, interacción con influencers y recomendaciones creativas. No se trata solo de informar, sino de generar reflexión: cuestionar lo que se consume, entender los procesos detrás de las industrias culturales y desarrollar una mirada crítica ante los contenidos digitales. En una era donde los algoritmos y la inteligencia artificial influyen cada vez más en la producción y circulación del arte, propuestas como esta resultan especialmente pertinentes.
«Lo logramos desde la autenticidad, la inquietud conceptual, la renovación artística y el constante jaqueo del propio formato. Ningún episodio se parece al otro. Nos parodiamos, nos atrevemos a dudar en pantalla, jugamos con premisas o ideas preconcebidas y, a la vez, las destrozamos durante el devenir del capítulo; continuamente introducimos nuevas formas de dialogar con el público y de compartir visiones», explica Jerez.
Cada secuencia de inicio, añade, está concebida para dialogar con el tema central de cada emisión y ofrecer estímulos creativos diferentes, manteniendo una identidad propia sin renunciar a la diversidad.
«El programa tiene una identidad marcada y el público lo va a ir notando, pero es muy diverso, abierto, plural, interactivo y amplio, como la misma concepción de cultura que defendemos».
La intención no es imponer respuestas ni lecturas únicas, sino incentivar la reflexión y el pensamiento crítico.
«No le decimos violentamente al público cómo tiene que pensar o posicionarse ante determinado debate, por muy polémico que sea. Simplemente damos claves, ‘mieles’ y recomendaciones; exponemos nuestra consideración porque tampoco queremos pecar en el programa de superficiales o de tocar las cosas por las ramas, aunque intentamos ser todo lo profundos que se puede ser en un programa de poco más de 25 minutos».
El director considera que una de las principales misiones del programa es ampliar el horizonte cultural de sus espectadores.
«Sabemos que el algoritmo tiende cada vez más a mostrar contenidos basura o de entretenimiento poco profundo. El programa intenta que la Generación Z sea consciente de que existen contenidos más allá de los gatitos cuquis y de los perfiles que replican tendencias» señala Maykel Espinosa Rodríguez.
Sin embargo, aclara que el propósito no es asumir una postura paternalista.
«Intentamos evitar el didactismo entendido como ‘yo te enseño porque tú no sabes’. Más que enseñar, buscamos que el espectador acompañe al cultuber en un viaje para descubrir contenidos de valor».
El programa se plantea como objetivo fomentar el consumo cultural consciente y el pensamiento crítico en los jóvenes a través de un formato audiovisual dinámico, atractivo e interactivo. A su vez, busca promover la cultura artística, literaria, musical y digital entre adolescentes y jóvenes; visibilizar creadores contemporáneos relevantes; estimular la reflexión crítica sobre productos culturales como series, cine, música y redes sociales; conectar la cultura pop con valores educativos, sociales y creativos; incentivar la participación activa de la audiencia juvenil en entornos multiplataforma y convertirse en una referencia de divulgación cultural en la televisión cubana. Inicialmente se han concebido nueve emisiones, que funcionarán como una primera etapa para medir el impacto y consolidar el formato.
Más allá del espacio televisivo, Cultuber Zero se proyecta como una experiencia transmedia. La intención es extender el diálogo con la audiencia a través de redes sociales, podcasts, transmisiones en vivo, eventos presenciales, clubes de lectura o incluso listening parties. Esta estrategia no solo amplía el alcance del proyecto, sino que responde a los hábitos de consumo de la generación actual. La televisión, en este caso, es solo una de las plataformas posibles, mientras que el verdadero valor del proyecto radica en su capacidad de articular distintos lenguajes y espacios para construir una comunidad activa, participativa y crítica.
Para Santiago Jerez, las redes sociales no deben funcionar como una simple réplica de lo que aparece en televisión, sino como una extensión natural del proyecto.
«Tenemos mucho contenido preparado para compartir durante y después de la transmisión del programa. De hecho, nuestras redes ya están activas; hemos comenzado poco a poco porque lo mejor viene cuando la temporada esté al aire. Pero la idea no es volcar el contenido del programa a las redes, sino enriquecerlo, amplificar los debates, sumar otras perspectivas y colocar más contenido extra. Las redes son una extensión del programa y nuestro deseo es que las conversaciones continúen allí».
Esa apuesta responde también a una necesidad práctica: ampliar los espacios de diálogo y profundizar en temas que, por cuestiones de tiempo y formato, no pueden agotarse en la pantalla televisiva.
«Donde el programa de TV no puede llegar por limitaciones de tiempo y formato, están las redes sociales como espacio para seguir la conversación, retroalimentarnos de posturas, enriquecer el tratamiento del tema y construir colectivamente».
A largo plazo, el equipo aspira a convertir Cultuber Zero en una plataforma cultural mucho más amplia.
«Queremos hacer más temporadas del programa televisivo, pero eventualmente el programa de TV será solo una de las plataformas, porque tenemos muchas ideas en mente. Aspiramos a tener un podcast audiovisual, hacer eventos y crear más contenido adicional para YouTube. Lo bueno es que tenemos muchas ideas y ganas de sostener el proyecto».
El espíritu colaborativo que distingue al programa también ha marcado su proceso de producción.
«Lo mejor de Cultuber Zero es que pude formar equipo con amigos, aprender muchísimo de ellos y que todos hemos enriquecido un poco el proyecto. Se parece a cada uno de nosotros y, por tanto, es más sincero y auténtico», concluye Jerez.
La asesora del programa, Sutrayel Falcón, destaca que la coherencia entre contenidos, estética y público objetivo ha sido una de las claves durante el proceso de construcción del espacio.
«El trabajo con el guionista resulta esencial para determinar la línea del programa tanto desde el punto de vista de los contenidos como de la propuesta estética. El público meta y sus intereses han sido una brújula determinante a la hora de seleccionar los contenidos».
Asimismo, resalta la sintonía alcanzada por el equipo creativo durante el desarrollo del proyecto.
«El trabajo resultó muy fluido porque el equipo está en plena sintonía, tienen visiones complementarias y afines. Guiarlos resultó una experiencia grata porque son muy receptivos y están atentos a cada detalle que pueda hacer crecer la obra».
Para Falcón, uno de los principales valores de la propuesta es precisamente su voluntad de cuestionar y repensar los discursos culturales establecidos.
«Cultuber Zero intenta tener un acercamiento cuestionador al contexto artístico en general. Se propone abordar los aspectos más polémicos de las diversas manifestaciones artísticas y mostrar tanto la creación contemporánea como la clásica desde una posición cuestionadora y desacralizadora, tratando de ir más allá de los esquemas».
En un escenario mediático en constante transformación, donde la inmediatez y la superficialidad suelen imponerse, Cultuber Zero emerge como una propuesta que apuesta por la profundidad sin perder atractivo. Su enfoque híbrido —entre lo cultural y lo digital, lo educativo y lo lúdico— lo posiciona como un proyecto relevante dentro de la televisión contemporánea.
Más que un programa, se perfila como una plataforma de diálogo generacional, un puente entre la cultura tradicional y las nuevas formas de consumo, y una invitación a pensar, crear y participar. Con su estreno, la televisión cubana suma una propuesta que no solo entretiene, sino que también forma, cuestiona y conecta. Y en tiempos donde entender la cultura es también entender el mundo, iniciativas como esta resultan más necesarias que nunca.
Dónde encontrar a Cultuber Zero
El proyecto extiende su propuesta más allá de la pantalla televisiva y apuesta por una comunidad digital activa y participativa. Sus contenidos y actualizaciones pueden seguirse a través de:
Instagram: @cultuberzero | Picta: Cultuber Zero en Picta | YouTube: Canal de YouTube | Facebook: Página oficial en Facebook
