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Personajes

Cali cuenta con actores de pueblo; algunos reales, otros más fantasiosos, pero todos le dan a la ciudad un toque de magia y de misterio

Autor:

Lianet Escobar Hernández

Cali.— Cada país, cada rincón del mundo tiene figuras icónicas que los identifica. Personajes que dejan huella.

Por ejemplo, nosotros en Cuba tenemos al Caballero de París, por solo citar a uno.

Cali también cuenta con actores de pueblo; algunos reales, otros más fantasiosos, pero todos le dan a la ciudad un toque de magia y de misterio.

La más reconocida por los caleños es Jovita Feijoó. Una mujer famosa por su carismático actuar, por su elegancia al vestir y, sobre todo, por su locura.

Pero su demencia despertó el cariño de la gente que la conocía. Y es que Jovita, luego de ser «coronada» en par de ocasiones «Reina de la simpatía», llegó a tomarse muy en serio su título; al punto de que nunca más se le vio comportarse de otra manera que no fuera como lo que se creía, una auténtica soberana.

De ahí que, según cuentan, se le podía ver encabezando desfiles, mediando a favor del pueblo, sentándose en los eventos al lado derecho de los alcaldes de turno, e incluso, recibiendo a presidentes.

Aunque vivía casi en la total indigencia, Jovita siempre vestía ropa fina y jamás abandonaba su porte elegante. Falleció un día de julio de 1970 y dicen que su sepelio todavía se recuerda como el más concurrido en la historia de la ciudad.

En el año 2007, Cali develó un monumento en su honor, para que la reina infinita siga gobernando por siempre, la comarca que amó.

Pero Jovita no es la única que despierta interés en los que visitan esta urbe colombiana por primera vez; hay otros personajes que aun siendo conscientes de su lógica irrealidad, pueden ponerte los pelos de punta.

¿Qué de quién hablo? Pues del «Diablo de Juanchito». Ya les cuento.

Comentan que en la década del 90, un hombre muy apuesto llegó a la Discoteca Changó y comenzó a bailar, ganándose la atención de todas las mujeres en la pista.

Algunos afirman que el caballero invitó a una caleña a bailar y que le habló al oído, dándole la orden de que no le mirara los pies; sin embargo, la muchacha no hizo caso y cuando lo vio, quedó en shock, porque sus pies eran como los de una bestia, parecidos a los cascos de un toro. El sitio, inmediatamente, comenzó a despedir oler a azufre.

El mito sigue latente en la actualidad, tanto que en Juanchito, el supuesto lugar de los hechos, nunca más se ha tirado un pasillo.

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