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Danny Miranda, el adiós a un héroe

El campeón olímpico, Danny Miranda, recibió el último adiós de un pueblo que todavía no cree la muerte de quien dirigió a los Tigres de Ciego de Ávila al título de campeón en la última Liga de Élite del Béisbol en Cuba

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.― La temperatura y la humedad de la tarde anunciaba la despedida del invierno y la llegada de las lluvias. Dentro de la funeraria se escuchaba un murmullo con rostros marcados por el dolor y la incredulidad.

 ¿Cómo es posible que se fuera tan rápido? Esa es la pregunta que desde ayer, domingo, en la noche, todos se hacen al conocerse la muerte de Danny Miranda, víctima de una severa obstrucción intestinal.

 «‎Ciego de Ávila está triste

‎y llorando sin consuelo

‎porque no entiende el pañuelo

‎que fuiste a cumplir tu rol

‎a un partido de béisbol

‎en el estadio del cielo», declamó el actor Roberto Castillo momentos antes de dar sepultura al campeón olímpico de Atenas 2004.

En la guardia de honor, donde estuvieron presentes autoridades del Partido, el Gobierno, la Federación Cubana de Béisbol y Softbol, sus compañeros de trabajo, los vecinos, las personas más disímiles se detuvieron unos minutos al lado del féretro.

Allí estaban los miembros de los Tigres. Con la cabeza baja, algunos con los ojos enrojecidos, delante de la copa que ganaron bajo su mando y los dos podios repletos de medallas, las que Danny se ganó a golpe de coraje y disciplina.

Quizás ahí estaba una de las razones de la veneración. La causa por la que, al terminar la guardia, se tocaban el pecho y ponían la mano sobre el féretro cubierto con la bandera cubana.

Porque todos, hasta los menos informados, sabían o sentían que la vida de Danny fue a golpe de trabajo. De salir de abajo, de las entrañas de un campo en el municipio de Chambas y que él puso en el mapa de los corazones de Cuba. De concentrarse hasta el final en el resultado. De ser honesto consigo mismo. De conocerse y superarse en las horas solitarias del entrenamiento, esas en las que el atleta se autorreconoce, se llena de preguntas y se crece hacia el momento final.

¿A dónde hubiera llegado como entrenador? La pregunta ya no tiene respuestas, pero sí tiene hechos. Ahí está el campeonato de la Liga Élite. Ahí está ese pueblo que salió a los portales para acompañar el paso de un cortejo que tomó varias cuadras. Los niños, alumnos de la Academia Provincial de Judo, que alzaron los brazos en señal de respeto a un grande que nunca olvidó de dónde salió.

Ahora Danny descansa en el cementerio avileño junto a varias glorias deportivas de Cuba y Ciego de Ávila. A unos metros de la tumba de Pedro Martínez Brito, el compañero de José Antonio Echeverría, el eterno líder de la FEU y a unos pasos donde tranquilos, llenos de gloria, como él, descansan los mambises de Ciego de Ávila. Ahí está Danny. Abrazado por los héroes.

 

 

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