Una pelea entre Aurelien Tchouameni y Fede Valverde ha sido el último incidente en una temporada para el olvido del Real Madrid. Autor: Tomada de El Desmarque Publicado: 07/05/2026 | 10:31 pm
Hay equipos que se tambalean y equipos que estallan. El Real Madrid que este domingo visita el Camp Nou pertenece a la segunda categoría: es un polvorín al que alguien ha acercado una cerilla y que amenaza con llevarse por delante lo poco que queda de una temporada que ya es historia de la vergüenza. A pocas horas del Clásico, el conjunto blanco llega sin títulos, sin líderes, sin proyecto y, lo que es peor, sin paz. Las noticias que llegan de Valdebebas no hablan de táctica ni de alineaciones, sino de puñetazos, facciones enfrentadas y un entrenador al que media plantilla ha dejado de dirigir la palabra. Tal parece que ese poder de la amistad que los llevó a conquistar Europa no es más que historia pasada.
La mecha se encendió hace meses, pero el incendio se declaró esta misma semana. Fede Valverde y Aurélien Tchouaméni, dos pesos pesados del vestuario, protagonizaron un violento altercado en el entrenamiento que pasó de una entrada fuerte a los empujones y continuó puertas adentro. No fue un hecho aislado: días antes, Antonio Rüdiger ya había abofeteado a Álvaro Carreras en el comedor de Valdebebas, un incidente que el propio Carreras confirmó en redes sociales restándole importancia pero que evidenciaba que algo huele a podrido en el vestuario blanco.
En medio de este polvorín, la figura de Álvaro Arbeloa se ha convertido en el centro de todas las críticas. El técnico, ascendido desde el Castilla tras la fulminante destitución de Xabi Alonso en enero, ha perdido por completo el control del grupo. Según revela la prensa española, hasta seis jugadores de la plantilla no le dirigen la palabra.
La lista de desencuentros es interminable: Dani Ceballos ha sido apartado del equipo por decisión técnica, Carvajal ha sido enterrado en una especie de inquina por lo sucedido cuando compartía vestuario con el Arbeloa jugador, y Raúl Asencio también está en el grupo de los rebeldes. El técnico ha perdido totalmente el control del vestuario en apenas cuatro meses y los medios especializados han calificado este 2026 como el «Annus horribilis» del Real Madrid, una temporada que recuerda a la de 2005-2006 que culminó con la dimisión de Florentino Pérez, aquel famoso Galacticidio.
Y luego está el caso Mbappé. La estrella francesa, lesionada y en proceso de recuperación, decidió viajar a Italia y París junto a la actriz Ester Expósito mientras su equipo se desangraba. El malestar en la directiva fue mayúsculo cuando el jugador aterrizó en Madrid apenas diez minutos antes del inicio de un partido clave ante el Espanyol.
Arbeloa intentó restar importancia al asunto, pero dejó una frase que resonó como un trueno en el vestuario: «No existe, ni existirá, un jugador más grande que el propio Real Madrid». La sensación generalizada es que el francés nunca ha entendido la decisión del club de sustituir a Xabi Alonso por Arbeloa, y su actitud ha contribuido a ensanchar las grietas de un vestuario ya fracturado.
El balance deportivo no ofrece consuelo alguno. El Madrid acumula 57 lesiones en lo que va de temporada, nueve derrotas en 40 partidos, y llega al Clásico con 77 puntos, a once de un Barcelona al que le basta un empate para proclamarse campeón en su propia casa. Eliminados de la Champions por el Bayern, fuera de la Copa del Rey a manos del Albacete de Segunda División, y con Vinicius Jr. sin renovar su contrato a falta de un año para que expire, el polvorín amenaza con explosionar justo en el peor escenario posible: el césped del Camp Nou, con toda Europa mirando y un título liguero que podría sentenciarse en sus narices. Si el fútbol es un estado de ánimo, el del Real Madrid es el de un gigante que camina hacia el abismo con los ojos cerrados y las manos atadas.
