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La Triple M faraónica dinamita el grupo G

Egipto firmó en Vancouver su primera victoria en la historia de los Mundiales con una remontada de manual ante Nueva Zelanda

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

El fútbol, en su infinita sabiduría, a veces escribe guiones que parecen salidos de la mente de un poeta. Y la noche del domingo en el BC Place de Vancouver fue una de esas. Egipto, esa selección que nunca había saboreado las mieles de una victoria en un Mundial, se quitó la losa de la historia con una remontada que tuvo el sabor de la épica y la firma de una Triple M que ya resuena en los anales del torneo.

Porque el partido comenzó con el pie izquierdo para los faraones. Nueva Zelanda, cenicienta oceánica que ya había sorprendido a Irán en su debut, salió con la convicción de quien no tiene nada que perder. Y a los 15 minutos, Finn Surman, el defensa de 1,90 metros que juega en el Portland Timbers, se elevó como un ave rapaz en el área pequeña y conectó un cabezazo perfecto tras un centro de Tim Payne. El golpe fue tan certero como inesperado. El portero Mostafa Shoubir, que había sostenido a Egipto con paradas milagrosas durante los primeros compases, solo pudo observar cómo el balón se alojaba en su portería.

El primer tiempo fue un monólogo neozelandés. El veterano Chris Wood ejercía de ancla ofensiva, bajando balones y armando el juego con la paciencia de un artesano. Egipto, atenazado por los nervios de su propia historia, circulaba el balón sin encontrar la profundidad. Salah, el faro, aparecía a destellos, pero sus compañeros parecían jugar en otra frecuencia. El 1-0 al descanso era justo, pero también engañoso. Porque en el vestuario, el técnico Hossam Hassan debió pronunciar las palabras exactas.

Porque la segunda parte fue una declaración de intenciones. Egipto salió a morder, a presionar, a creer. Y el fútbol, como premio a la fe, le devolvió el favor. En el minuto 58, Mostafa Zico cabeceó a la red un centro de Mohamed Hany desde la derecha. Era el 1-1, pero sobre todo era la confirmación de que la historia estaba a punto de cambiar de dueño.

Y entonces apareció la M mayúscula. Mohamed Salah, el faraón de Liverpool, el hombre que carga sobre sus hombros el peso de una nación, tomó el balón en la derecha, se internó en el área como un cuchillo en mantequilla, combinó con Zico y, con la frialdad de un cirujano, colocó el balón en el palo lejano. Era el 1-2 en el minuto 67. Su 68vo. gol con la selección, el tercero en su cuenta mundialista. La celebración, con el puño en alto y sus compañeros abrazándolo, fue la imagen de una noche que ya era histórica.

Pero la Triple M aún guardaba un as en la manga. En el minuto 81, Muammad Trezeguet, extremo que había entrado en sustitución de Omar Marmoush, se lanzó como un buzo en el área pequeña y cabeceó a la red un centro de Salah desde la derecha. Era el 1-3, la sentencia, el primer triunfo de Egipto en la historia de los Mundiales. Las gradas del BC Place, con 52 497 espectadores, estallaron en un rugido que debió oírse hasta El Cairo.

La estadística, fría pero implacable, refleja lo que los ojos vieron: Egipto castigó tres errores defensivos de Nueva Zelanda con tres goles, todos marcados por jugadores cuyo nombre comienza con M. Y es que el fútbol, a veces, escribe sus propias poesías.

Pero si el domingo fue dulce para Egipto, fue amargo para Bélgica. Los Diablos Rojos, que habían empatado 1-1 con Egipto en su debut y llegaban a esta segunda jornada como favoritos del grupo, volvieron a tropezar. Esta vez fue un 0-0 ante Irán en el Estadio de Los Ángeles. Un empate que, leído en clave de grupo, complica extraordinariamente las cosas para los belgas. Con cuatro puntos, Egipto es líder; Bélgica e Irán suman dos; y Nueva Zelanda, con uno, cierra la tabla. Pero el nuevo formato de 48 selecciones, con los mejores terceros clasificados, mantiene a todos con vida. Hasta perdiendo, Egipto podría meterse en dieciseisavos como uno de los mejores terceros.

La última jornada, el 27 de junio, será un duelo de titanes: Egipto se medirá a Irán en Seattle, mientras Nueva Zelanda buscará su primera victoria ante una Bélgica que ya no puede fallar. El grupo G, que parecía un paseo para los belgas, se ha convertido en un polvorín. Y Egipto, con su Triple M, ha dinamitado todas las quinielas.

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