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La oportunidad que sostiene un sueño

El tenimesista artemiseño Andy Amador Martínez es el único atleta cubano con implante coclear en la lid panamericana de la juventud sorda, a donde llegó en busca de escalar el podio

Autor:

Lianet Escobar Hernández

 

Andy Amador Martínez es un niño feliz. Su sonrisa lo delata. Tiene 13 años y es tímido ante la entrevista, pero cuando toma su raqueta y enfrenta la mesa, la timidez se disuelve y aparece el talento.

Es el más joven de la delegación cubana que competirá en los VI Juegos Panamericanos de la Juventud Sorda, que inician hoy en la urbe portuaria ecuatoriana de Guayaquil. También es el único de los 17 atletas de la Isla que lleva un implante coclear.

Ese pequeño dispositivo, que fuera colocado quirúrgicamente en su oído interno cuando tenía cinco años de edad, no solo le permite escuchar mejor, le ha cambiado la vida y la de toda su familia.

«Si existen oportunidades para que las personas logren romper el silencio, ¿por qué negársela?», pregunta Amílcar Amador Lemus, su padre, en diálogo con JIT. 

La decisión fue colegiada en la familia, y se tomó sin dudar.

El camino comenzó en el Hospital Pediátrico Universitario Borrás-Marfán de La Habana, donde radica el Programa de Implantes Cocleares en Cuba. Allí los atendió un equipo de profesionales que, según los padres, les dio seguridad desde el primer momento. 

«Lo más difícil estuvo en la cirugía: siete horas en el quirófano. Después, todo ha sido de victoria en victoria», asegura Amador Lemus.

Andy empezó el prescolar siendo sordo, en una escuela de oyentes. A mediados de ese curso recibió el implante. «De ahí a la fecha ha sido como salir corriendo», cuenta Merlin Bárbara Martínez Coto, su mamá.

Pero romper esa inercia implicó un gran esfuerzo. Durante tres años, la familia viajó desde Artemisa hasta La Habana para las consultas de

rehabilitación. «Lo hicimos con mucho sacrificio de toda la familia —dice la madre—. Si no lo hacemos así, quizá mi hijo no fuera el niño feliz que es hoy».

Sin embargo, esa felicidad no fue lineal. Durante la pandemia de la COVID-19, Andy estuvo un año y cuatro meses sin el equipo que lo ayuda a escuchar y comunicarse. El confinamiento llegó cuando más necesitaba leer los labios de sus compañeros y profesores en la escuela, pues los nasobucos se lo impedían.

Entonces apareció el tenis de mesa, y se convirtió en aliado y refugio en medio del aislamiento.

Muy poco ha competido el artemiseño desde que este deporte irrumpió en su rutina. 

En 2025 participó en los Juegos Escolares Nacionales y obtuvo la medalla de plata, la primera de su corta carrera. Quiere otras y para eso está aquí.

«Verse con el uniforme de las cuatro letras es un sueño cumplido para él y para nosotros», dicen sus padres desde Cuba vía online, con la emoción contenida en la voz.

Los progenitores de Andy hablan del Programa de Implante Coclear en Cuba con una gratitud que no cabe en una sola frase. «No hay palabras para agradecer», expresa Amador Lemus. «Es digno de reconocimiento y nuestro agradecimiento será eterno».

Saben que una intervención quirúrgica como la de su hijo es costosa, una operación que en otras naciones sería de miles de dólares y que, en nuestro país, le realizaron gratis.

Mencionan a la doctora Sandra Bermejo, jefa del programa; al doctor Manuel Sevila, el cirujano; a la doctora Idania, que guió la rehabilitación. «Son personas que guardamos en nuestros corazones como familia», añade Martínez Coto.

También hay una comunidad que los sostiene: un grupo de WhatsApp llamado Romper el silencio, en el cual padres de todo el país con niños implantados o por implantarse, comparten experiencias y se apoyan mutuamente.

Andy vive con las mismas carencias que cualquier niño cubano en la actualidad, vicisitudes propias de una Isla cercada inhumanamente por el Gobierno estadounidense. Mas, sus padres no lo sobreprotegen, solo tratan de complacerlo en lo que pueden. 

«Es un niño al que también ponemos límites a pesar de su discapacidad, como a su hermano mayor, sin distinciones», dice su madre.

«Él nos agradece aprendiendo cosas nuevas, incorporando palabras en su vocabulario. Esa es nuestra mayor satisfacción, ser testigos de su desarrollo y sus avances», agrega el papá.

Aquí en Guayaquil, el joven tenimesista no se separa de sus compañeras de equipo ni de su entrenador. Camina siempre con ellos y en ese simple detalle se nota disciplina, cohesión, amistad, respeto, apoyo.

Cuando el venidero día 22 arranquen los primeros partidos de este deporte en el certamen continental juvenil para atletas sordos, el artemiseño pudiera cumplir su anhelo de ser medallista, y de lograrlo, el tenis de mesa cubano podrá afirmar que tiene mucha suerte con los Andy. (Tomado de Jit)

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