Sendos doblete de Raphinha y Lamine Yamal llevaron al Barca a golear 5-2 al Rayo Vallecano Autor: www.record.com.mx Publicado: 02/09/2026 | 12:02 pm
Hay estadios que son más que cemento y gradas. Son templos donde el fútbol se convierte en religión y cada domingo se celebra una misa laica. El Spotify Camp Nou es uno de ellos. Y anoche, en la tercera jornada de LaLiga, los 88 000 fieles que abarrotaron sus gradas fueron testigos de una ceremonia que empezó con un mazazo y terminó con un vendaval. Barcelona, el campeón defensor que ha hecho de su casa un fortín inexpugnable, ya con 21 victorias consecutivas en el templo azulgrana, escribió el capítulo más vibrante de su incipiente temporada con un 5-2 sobre el Rayo Vallecano que tuvo de todo: golpe, reacción, épica y sentencia.
El prólogo fue un jarro de agua fría. Apenas habían transcurrido doce minutos cuando Álvaro García, como un torero que cita al toro, dejó en evidencia a Jules Koundé por la banda derecha y puso un pase de oro a Sergio Camello. El delantero madrileño, con el pie tenso como un arco, clavó el balón en la escuadra. Era el primer gol que recibía Joan García en LaLiga, y era también el aviso de que el Rayo, ese equipo que navega en aguas turbulentas, no había venido a rendirse. El Camp Nou, que había rugido con el himno, se quedó en un silencio que olía a incredulidad.
Pero el fútbol, como los grandes relatos, no se escribe en el primer capítulo. La respuesta del Barcelona fue un vendaval de dos minutos que cambió el rumbo de la historia. En el minuto 19, Pedri, Xavi Espart y Raphinha tejieron una triangulación que parecía un bordado de hilo fino. El brasileño, con un regate que recordaba a los viejos delanteros centro, se zafó de Pathé Ciss y batió a Dani Cárdenas con una definición de calidad. Era el 1-1. Era el cuarto gol de Raphinha en lo que va de temporada, una cifra que lo colocaba como líder de la tabla de goleadores con cinco tantos.
Y no habían pasado ni noventa segundos cuando Lamine Yamal recibió el balón en la derecha, se metió hacia el centro como un cuchillo en mantequilla y soltó un zurdazo que se coló en la escuadra corta. Era el 2-1, su primer gol de LaLiga y desde que inauguró la cuenta de goles de España en la Copa Mundial de Fútbol. Era la vuelta al marcador en apenas 1 minuto y 41 segundos, poco más que un histórico record mundial del universo atlético.
El segundo tiempo fue un ejercicio de autoridad. Barcelona, como un torrente que no encuentra dique, siguió presionando. Anthony Gordon, extremo inglés que se ha ganado un puesto en el once a base de trabajo y desborde, avanzó por la izquierda y su centro terminó en el pie de Florian Lejeune, que intentó despejar y envió el balón a su propia portería.3-1. El partido parecía sentenciado. Pero el Rayo, como un boxeador que se niega a caer, tenía una última respuesta. Sergio Camello, el verdugo de la primera parte, apareció de nuevo en el minuto 59 para conectar un cabezazo sólido que devolvía la esperanza a los visitantes. Y el Camp Nou, que ya saboreaba la victoria, volvió a tensarse como una cuerda de violín.
Pero el Barcelona, en su fortín, no concede segundas oportunidades. Raphinha, como capitán que lleva el brazalete con la autoridad de un veterano, apareció en el minuto 71 para poner el 4-2 y dejar todo finiquitado. Y ya en el tiempo de descuento, Lamine Yamal cerró la cuenta con un remate rasante desde fuera del área que se alojó en el fondo de la red. Un 5-2 que era el broche de oro para una actuación que merecía un capítulo aparte en los anales recientes del Camp Nou.
La estadística, fría e implacable, refleja lo que los ojos vieron: con esta victoria, el Barcelona suma 21 triunfos consecutivos como local, una racha que convierte el Camp Nou en un fortín inexpugnable. Los azulgranas, con nueve puntos de nueve posibles, se colocan en lo más alto de la tabla junto al Real Madrid, pero con mejor diferencia de goles. Raphinha, con cinco dianas, lidera la clasificación de goleadores. Y Lamine Yamal, que había empezado la temporada con la frustración de no ser decisivo, volvió a sonreír con un zurdazo que recordó a los viejos tiempos de Leo Messi.
El Rayo, mientras tanto, se marcha con la cabeza alta pero con las manos vacías. Su valentía, su capacidad para incomodar al campeón y sus dos goles de Camello no fueron suficientes para doblegar a un equipo que ha hecho de su casa un territorio sagrado. El Camp Nou, que anoche fue testigo de cómo se colocan cinco pararrayos perfectos, sigue siendo el escenario donde los sueños de los visitantes se convierten en pesadillas. Y el Barcelona, con su vendaval de fútbol, ya mira hacia el siguiente desafío. La temporada apenas comienza, pero el campeón ya ha dado un aviso: en su fortín, solo hay espacio para la victoria.
