Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

21 años no son nada

El Betis firma una remontada de leyenda en su regreso a la Champions tras 21 años

 

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

Tuvieron que pasar más de 20 largos años para vivir una noche así. El Betis regresó a la Champions League, y lo hizo a lo grande. No con un simple triunfo, sino con una remontada épica en el Stade Pierre-Mauroy que supo a poesía y a resistencia. Porque el fútbol quiso que los verdiblancos sufrieran, cayeran y se levantaran dos veces antes de firmar una victoria que quedará grabada en la memoria heliopolitana. La noche en Lille fue un viaje iniciático: del miedo a la esperanza, del desconcierto a la certeza, todo en un suspiro de 90 minutos que devolvieron al Betis al olimpo europeo con el puño en alto.

La primera embestida llegó temprano, como un mazazo a la ilusión. Ethan Mbappé, el hermano pequeño del fenómeno francés, se encargó de recordarle al Betis que la Champions no perdona las distracciones. El joven galo rompió el frágil carril de Junior Firpo y sirvió un centro perfecto para que el nipón Ayase Ueda adelantara al Lille. Fue un golpe seco, directo a la fe de los 3.000 béticos que viajaron al norte de Francia. Pero el equipo de Pellegrini, acostumbrado a navegar en aguas turbulentas, no tardó en sacar el coraje que llevaba en la mochila.

La respuesta fue una obra de arte firmada por el tándem Fornals-Bartra. El castellonense, con la precisión de un relojero suizo, puso un balón en el corazón del área que el central catalán, como un gladiador levantándose del polvo, remachó a la red con la testa y la furia de quien sabe que este es su momento. Las tablas en el marcador apenas duraron lo que un suspiro, porque el Lille, con la eficacia de un equipo entrenado por un Ancelotti, volvió a castigar la fragilidad defensiva verdiblanca en un córner. Alexsandro Ribeiro se elevó en el cielo francés para cabecear el 2-1 y devolver al Betis al abismo de la duda. Pero los héroes de esta historia no estaban dispuestos a arrugarse.

La segunda parte fue un torrente de emociones y rebeldía. Isco tomó la batuta y, como un director de orquesta, volvió a encontrar a Bartra en el área. El defensa, convertido en delantero por una noche, repitió la diana con la misma testa firme y la misma fe inquebrantable. Era el doblete que encendía la mecha de la remontada. Y entonces, cuando el partido se desbordaba como un río en crecida, apareció Troy Parrott, el irlandés que Pellegrini esperó con paciencia de santo, para recibir un pase de Riquelme y fusilar al portero con un disparo cruzado, seco y definitivo, que puso el 2-3 en el marcador y desató la locura en la grada visitante.

El colofón a la noche perfecta llegó en forma de expulsión. Ethan Mbappé, que había sido el verdugo en el primer acto, cayó en la trampa de Natan y vio la cartulina roja tras la revisión del VAR. El hermano pequeño se despedía de la Champions con una autoexpulsión que dejaba al Lille con un jugador menos y al Betis con el control total del partido. Pellegrini, sabio en la gestión de los momentos, pidió calma y su equipo respondió con pausa, con balón, con la inteligencia de Fornals y el equilibrio de Bernal y Roca. Fue entonces cuando el Betis dejó de sufrir y comenzó a disfrutar, a acariciar el balón como quien acaricia un sueño cumplido.

21 años después, el Betis vuelve a sonreír en la Champions. No fue un regreso cualquiera, sino una declaración de intenciones: el equipo verdiblanco no ha venido a hacer turismo por Europa, sino a competir, a soñar y a escribir su propia leyenda. La noche en Lille supo a gloria, a fútbol de autor, a resistencia y a talento. Con Bartra como héroe inesperado, Fornals como director de orquesta y Parrott como ejecutor, el Betis demostró que el tiempo, cuando se espera con fe, solo sirve para hacer más grande el regreso.

 

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