Acuse de recibo
Armando Amieva (Juan Delgado 403, Víbora, Diez de Octubre, La Habana) cuenta que el 10 de junio de 2024 presentó la solicitud de legalización de certificación de notas y plan temático de su hija como Licenciada en Sicología de la Universidad de La Habana. Por ello se pagaron 12 500 pesos. Y estas son las horas que aún no le dan respuesta en el bufete colectivo de Santos Suárez, ubicado en Juan Delgado y Santa Catalina.
Según asegura el remitente, la Directora del bufete le argumentó que no tienen personal para hacer esos trámites; y, por lo tanto, lo hacen cuando pueden.
Precisa Armando que el 4 de noviembre pasado habló con la Directora del bufete colectivo de Santos Suárez, quien le informó que en septiembre de 2024 se recibió la certificación de notas y plan temático de su hija en la oficina central de bufetes colectivos, ubicada en la avenida Carlos III.
Y aún a estas alturas no han recibido los documentos requeridos. Todo sigue igual en 18 meses de espera para una respuesta efectiva ¡en tiempos de digitalización!
¿Cómo explicarle a una joven profesional de reciente graduación que en su país un trámite tan expedito pueda demorarse tanto? Ya es un lugar común la pregunta tan reiterada por la vox populi: ¿por qué hacer las cosas más difíciles de lo que son?
Darwin Tamayo, un lector perenne de nuestra columna, considera que entre los asuntos más desgastantes para la población hoy figuran con especial fuerza los trámites bancarios; y en particular la extracción de dinero, que es una empresa muy azarosa y lacerante.
«Es incuestionable lo difícil que resulta tramitar con holgura, tranquilidad y satisfacción el cobrar la jubilación o el salario y los depósitos personales. Constituye una tremenda tragedia lograr ese propósito sin alteración, hacerlo rápido y complacido».
Una de las razones, en su consideración, radica en que en casi todas las sucursales bancarias hay pocos cajeros sanos, y pocas cajas con ventanillos activas, por la falta de personal.
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