A mí también me llegó. Como al resto de sus contactos, el mensaje apareció en la pantalla con un tono zalamero, impostando a la perfección a aquel compañero de trabajo. Pedía una transferencia a cambio de efectivo que presuntamente haría llegar a la oficina al día siguiente. «Tú sabes que conmigo no hay problema», remataba la frase, confiado. Y entonces, la emboscada.
BEIJING, China.― A Cuba la separan de China ―entre mar y tierra― unos 13 500 kilómetros, una vuelta completa a las manecillas del reloj y un inusitado tránsito por los husos horarios, que permite contemplar desde el aire un doble amanecer.
Antes de nuestra era, cuando se hablaba de transformar la gastronomía estatal —por ineficiente, corrupta, atrasada y burocrática—, la tabla de salvación que aparecía en el horizonte, al inicio de manera más o menos tenue, era la de caminar hacia la privatización.
Una de las primeras cosas que me preguntaron al llegar la semana última a Beijing, la capital de la República Popular China, donde me encuentro junto a otros cien colegas del mundo, resultó algo chocante. Fueron dos latinoamericanos quienes me soltaron una interrogante en forma de granada letal: «Cubano, ¿es cierto que Raúl murió?».
Septiembre vuelve a retarme, como a tantos padres en esta Cuba golpeada e incansable. Es el desafío a no dejarme vencer mientras impulso a cada uno de mis cuatro retoños a volver a sus escuelas, por encima de todo.
Una de las biografías musicales más esperadas de los últimos años es Michael, que veremos en Arte 7, el domingo 6 de septiembre. Fue producida este mismo año, y cuenta la historia del apodado Rey del Pop, es decir, Michael Jackson, desde que se inicia su viaje a la fama, con solo cinco años, junto a sus hermanos, como voz líder del grupo The Jackson Five, hasta convertirse en una de las figuras más populares y relevantes de la industria del entretenimiento entre los años ochenta y los noventa.
Déjame coger el paso y no hacerle caso a mi abuelo, que hoy es el primer día de clases. Antes de que se acabaran las vacaciones, con el corre-corre del uniforme, él me había enseñado cómo tenía que tirar los taquitos y de qué manera debía tomar la puntería para no fallar.
Lo supe por una vecina. Según ella, lo había oído en una cola, en pleno mercado. «Dicen que van a prohibir la venta de carne de cerdo y pollo a los cuentapropistas», me soltó sin preámbulos, como quien da una mala noticia y la disfruta.
Basta revisar algunas cuartillas históricas para saber que, en Cuba, no se come miedo. En esta tierra heroica, su pueblo llegó a incendiar una ciudad para salvar la vergüenza de la nación, estampó luego la Revolución y hoy, más que todo, poseemos el Récord Guinness a la resistencia frente al imperio moderno. Somos gente noble, humanista y persistente, pero que no tolera nunca, bajo ningún concepto, que lo amenacen.