Era una tarde fría de enero cuando mis padres me dieron la noticia que al terminar el servicio militar iríamos a vivir a La Habana. En aquel momento no comprendí la magnitud de los hechos hasta pasados algunos días. Mi padre debía presentarse en abril en un nuevo trabajo muy lejos de casa, a unos 360 kilómetros, mientras mi madre y yo tendríamos que tomar su rol en la familia.
En la era digital, las redes sociales se han convertido en un nueva ágora. Instagram, con su estética cuidadosamente curada, era mi refugio. Cada notificación que iluminaba la pantalla era un recordatorio de que existía, de que alguien me veía. La validación se medía en corazones rojos y yo me aferraba a ellos como quien busca oxígeno.
Las décimas de diferencia que en la tarde del lunes daban ventaja a Roberto Sánchez sobre Keiko Fujimori, puede que no constituyeran la última palabra de las elecciones presidenciales peruanas.
Ya probé la benevolente alternativa que ofrece Mi turno en Transfermóvil para realizar distintas gestiones, en particular, la que permite agendar el día y la hora para la extracción de efectivo en las sucursales bancarias habilitadas para ello.
Dicen que hace muchos años atrás coger un transporte en La Habana era algo relativamente fácil; las guaguas y los carros particulares tenían precios asequibles. Las personas sabían a qué hora salían las primeras guaguas y las últimas, y hasta se ponían de acuerdo para compartir en algún lugar recreativo, sin angustiarse debido al regreso.
Mientras los manipuladores, promotores del intervencionismo y el sometimiento de los pueblos a los poderosos intentan dividir a los cubanos y embaucar al mundo con el carácter diabólico y elitista del Grupo de Administración Empresarial (GAE) en Cuba, el Complejo Militar Industrial (CMI) de Estados Unidos acrecienta su rastro de muerte y destrucción internacional, de espaldas a los desposeídos y olvidados en el país más rico del mundo.
Irán, Venezuela, Nigeria y ahora las amenazas de agresión militar contra la pequeñita y bloqueada Cuba. A ello debemos sumar los golpes electorales como los que están encaramando en el poder en varios países de América Latina y el Caribe a lo peor del conservadurismo proimperialista.
Todo es parte de un esquema de lo que se denomina guerras abusivas, las cuales no son solamente bélicas, sino económicas, sociales,...
A la corta edad de 22 años, el entonces jovencito Raúl Castro participó en el asalto al Cuartel Moncada. Con total entrega, arrojo y valentía supo conducir a sus hombres. Luego, pasaría 22 meses en prisión sin claudicar una sola vez.