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Más brazos para quitar trabas

Con desafiante peso gravitan sobre el escenario agrícola del país la severa falta de insumos, motivada por duras dificultades económicas, la escasa fuerza de trabajo, y la desidia de quienes no abandonan su zona de confort para implementar a lo profundo las medidas que deben romper amarras de la producción agropecuaria

Autores:

Marianela Martín González
Juan Morales Agüero
Nelson Rodríguez Roque

¿Qué hace la agricultura cubana para saldar su larga deuda con la mesa del pueblo, sin que eso implique gastar mucho más de lo que nuestro bolsillo resiste?

Esa interrogante se escucha en cualquier escenario del país, aunque autoridades del Ministerio de la Agricultura aseguraron, en días recientes, que en La Habana, como promedio, se distribuyeron 540 toneladas diarias de productos agropecuarios en enero último. Y recordaron que en igual fecha del pasado año apenas promediaron cien, de una demanda aproximada a las 900 cada día.

No es nueva esa pregunta, ni mucho menos está asociada con la COVID-19, aunque ahora más que nunca urge de su respuesta, porque los contenedores procedentes de otros países son menos en los puertos de la Isla.

Surco adentro

En busca de una aproximación a cómo se produce en el campo cubano salimos a la caza de testimonios de manera sorpresiva. Y si bien no pudimos llegar a todos los lugares donde hubiéramos querido estar, lo cierto es que en cada sitio visitado quedó muy claro que poner la comida en el plato, sin depender de las importaciones, no es tan fácil como deseamos.

Es como nos dijera el joven campesino Maikel Córdova Cid, de la cooperativa de créditos y servicios Raúl Cepero Bonilla, en el municipio artemiseño de Güira de Melena, «tarea de magos». Supone barrer el bloqueo definitivamente, pero como eso no depende de nosotros, ahora debemos hacer una mejor interpretación de las 63 medidas aprobadas por el Gobierno para dinamizar la agricultura.

«Las directivas de manera general son buenas, pero hace falta mayor integralidad para que den el resultado esperado. Estas decisiones se hicieron para ayudar a los productores, pero hay quienes las interpretan a su manera, y no aceleran los cambios requeridos en estos momentos, porque siguen en su zona de confort», afirma.

Este ingeniero agrónomo comenta sobre la existencia de aspectos que afectan a los productores y están contemplados en este paquete de medidas, como la compra en tiendas y MLC con dificultades para adquirir esa moneda.

«Hay entidades estatales a las que les facturan a razón de 24x1, mientras los trabajadores por cuenta propia, como estamos catalogados los campesinos, tenemos que comprar el MLC o el euro en el mercado informal y depositarlo en nuestras cuentas para adquirir insumos», señala.

En plena fabricación de una cerca electrificada para su ganado, nos tropezamos con el joven Lázaro Iván Clara Martínez. Hace año y medio le entregaron en usufructo cinco caballerías infestadas de marabú y piedra, pertenecientes en otro tiempo a una vaquería administrada muchos años por su padre, en San José de las Lajas, Mayabeque. Aunque manualmente quita las piedras, solo ha podido limpiar dos, porque depende de la empresa Nazareno para los equipos.

«Aquí no hay agua ni para el consumo humano. Tenemos que comprar pipas. Las plantas que cultivamos para dar de comer a las reses las sembramos cuando cae un aguacero. El agua disponible nos queda a más de 15 kilómetros de distancia», añade.

Al referirse a las 63 medidas las considera buenas, pero advierte que hace falta más ayuda con los insumos, como alambre para acuartonar las reses y fumigación para controlar la maleza. «Si no hay fumigación no se puede avanzar. Sería buldoceo y chapeo por gusto. Hay que mantener limpia el área para que nazca pasto», subraya.

En estos momentos, acota, tributa 40 litros de leche diarios al Estado. Su rebaño se conforma de 49 reses y cuando obtenga el crédito comprará 30 novillas. También se propuso aumentar la siembra de poco más de cuatro hectáreas de king gras, titonia y caña, para que sus animales no carezcan de alimentos.

Soñar no cuesta nada

Con 72 años a cuesta y unas inmensas ganas de trabajar, en un paraje que honra su nombre —coto Bella Vista— Juan Caballero López cría 20 cerdos capa gruesa, tras firmar un convenio con la empresa Nazareno.

Cuando lo visitamos, atendía con medicina natural a una de sus puercas recién paridas, porque lo que de verdad es eficaz para matar los gusanos barrenadores, no se encuentra en esa zona a ningún precio. No existe el llamado Matagusanos.

Hace tan solo un año comenzó en esta labor con la ayuda de su esposa. Ahora recibe de la empresa 2 400 pesos mensuales, porque están en etapa de fomento, pero él asegura que cuando logre desbrozar el matorral donde sembrará comida para su familia y los cerdos, su prosperidad asomará.

Y hasta quizá sustituya su casa de piso de tierra y paredes de madera, donde vive hace 12 años, por una más confortable. «Ahora los animales comen palmiche y algunas sobras nuestras, pero cuando les siembre yuca, boniato y plátanos, otro gallo cantará», dice animoso este hombre noble.

Con solo 33 años, Yusmani Toirac Lafita es jefe de uno de los lotes de la cooperativa de producción agropecuaria Uvaldo Díaz, en Güira de Melena. Es el secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en esta prestigiosa entidad y militante del Partido.

Expresa que no se cansará de trabajar porque hay que satisfacer las demandas que durante tanto tiempo no están cubiertas, pero señala que es muy difícil salir adelante en la agricultura, pues los gastos son descomunales.

«Ahora mismo estamos en plena siembra de papas y los problemas con las gomas de las máquinas de riego son constantes. Tenemos déficit de fuerza de trabajo; y a los contratados temporales hay que pagarles 200 pesos por surco. De lo contrario te dicen que no lo hacen y hasta sacan cuentas de lo que les cuesta comprar el pollo y el aceite», refiere.

Para las 42 hectáreas atendidas por Toirac se dispuso de un crédito de algo más de 5 millones de pesos. Comprar la semilla le costó dos tercios del préstamo, el fertilizante un millón y el pago de la fuerza de trabajo, solo en limpieza, se estima en 100 000 pesos, al no poder contar con todas las aplicaciones de herbicidas requeridas.

«Hay que sumar el pago a los custodios. Pagamos a ocho durante 80 días, a razón de 150 pesos por cada jornada. Este cultivo hay que cuidarlo desde que se planta porque vienen a robárselo», apunta, al tiempo que avizora que lo más caro está por llegar (en estos momentos): la cosecha. Deben pagar la recogida a diez pesos por cada saco.

Tierras sin sembrar, solicitudes sin respuestas

Por el testimonio del tunero Armides Ramírez Ramírez, quien no rebasa los 50 años de edad y hace cinco reside en una zona rural de San Antonio de los Baños, Artemisa, supimos que en este territorio hay tierras entregadas en usufructo desatendidas por sus beneficiarios, mientras hay personas solicitando un pedacito y no se lo entregan.

Con él conversamos cuando a pleno sol guataqueaba en una finca perteneciente a la granja de la Agricultura Urbana, en la Villa del Humor. Unos garbanzos hermosos, plantados en secano, daban fe de su experiencia como agricultor.

Cuenta que ha desbrozado varias fincas circundantes a su residencia; y luego cuando las tiene sembradas aparecen los dueños, quienes les exigen parte de la cosecha y vuelven a abandonar las tierras.

«Ya cuando acabe la cosecha del garbanzo no tengo donde sembrar. Si en tierras de otros tengo buenos resultados y hasta entrego producciones a Acopio, imagínate si logro tener la mía. Yo no sé hacer otra cosa tan bien como entenderme con el surco», confiesa.

La hora de algo novedoso

A unas 41 hectáreas, entre tierras particulares y en usufructo, se extiende el área de trabajo del campesino holguinero Rogelio Ochoa, otrora profesor de una escuela politécnica, devenido hombre del surco tras recibir como herencia la finca de su padre:

«Estamos empeñados en aumentar las producciones, así que haremos nuestro mayor esfuerzo. Se habla de cantidad, pero también hay que elevar la calidad de los alimentos que le aportamos al pueblo.

«En etapas anteriores, las limitaciones para comercializar eran muchas, mas ahora las contrataciones son flexibles y discutimos precios, formas de entrega y otros aspectos».

Explica Ochoa que su rama principal es la pecuaria, y los precios de recepción de la leche, contratada a través de la cooperativa o de manera directa con el combinado lácteo, tuvieron un alza significativa. Él veía lejos que como productor pudiera sacrificar animales propios, pero ya eso es un hecho que favorece a la familia, la comunidad y otros destinos.

«Considero que urge mejorar la genética ganadera, para que la masa se fortalezca y accedamos a ejemplares con más condiciones. Mediante el sistema cooperativo o Acopio, trato de llegar con cultivos varios a puntos de ventas, hospitales y, al cumplir mi encargo, vendo en ferias, empresas o cualquier sitio», agrega.

Los campesinos aseguran que debe hacerse una mejor interpretación de las 63 medidas aprobadas por el Gobierno para dinamizar la agricultura.

Blas Aguilera, a quien todos escuchan por su dominio de técnicas innovadoras y agroecológicas en territorio nororiental, opina que la reducción de la tarifa eléctrica lo benefició, al igual que la disminución del impuesto: «Le vendo a la cooperativa, pero se amplió el número de destinos. Las ventas directas del excedente productivo son facultad nuestra. Aunque tengo riego desde pozos, el descenso en el pago del agua es otra buena noticia».

«Cogí maíz en noviembre pasado, lo entregué a la cooperativa y me pagaron en el mismo mes una remuneración alta. Y eso puede ir en alza si aumentan los rendimientos y aplicamos técnicas naturales».

Este mes, Aguilera empezará a sembrar en dos casas de cultivo que levantaron y pronto aplicará allí materia orgánica. «Todo lo que se flexibilice en la producción agrícola es bienvenido —agrega—, porque las trabas deben convertirse en algo del pasado».

Para Yosvani Pupo, presidente de la cooperativa Eugenio González, en Holguín, llegó la hora de hablar de algo novedoso —asevera—, así lo percibimos. Y el estímulo ha causado un efecto inmediato en el plano productivo, si bien es cierto que no todos aquí dominan las 63 medidas.

Los campesinos, de acuerdo con Pupo, discuten precios con la cooperativa y luego se valoran con los destinos: «En cultivos varios es grande el cambio y en la esfera ganadera igualmente, sea en la producción lechera o de carne. Antes, se conciliaba la leche mensual y el importe era de 20 000 o 30 000 pesos, en meses buenos; sin embargo, ahora hasta ganamos 280 000, y eso que no somos ganaderos por excelencia. Los requisitos para la comercialización de carne vacuna, según algunos productores, todavía son muy rigurosos».

Los afiliados de la Eugenio González, en el asentamiento de San Rafael, excepto los dedicados a la cría porcina, no son muy dados a solicitar créditos, pero ahora, aclara el presidente de la cooperativa, hay siete en ese proceso con la banca, que brinda tasas de interés muy bajas, las cuales motivan esas acciones y proporcionan el respaldo económico.

Traje a la medida

La Unidad Básica de Producción Agropecuaria Maniabo es un referente entre sus similares de la provincia de Las Tunas. Su colectivo toma en serio la implementación de las 63 medidas orientadas para reanimar la agricultura. La ingeniera Onelvis Marrero, su administradora, es la primera entusiasta.

«Durante años los productores agropecuarios aguardamos por una transformación radical en nuestro sector, y las medidas llegaron para satisfacer esas expectativas —asegura—. Son directrices que se ponen en práctica de acuerdo con el perfil de cada forma productiva».

Según cuenta, el objeto social de la cooperativa es la producción de leche, pero comercializan también carne bovina,caprina y cultivos varios. Se lo contratan al Estado, que les paga bien y es la causa de los buenos resultados de la cooperativa. Los trabajadores han incrementado sus ingresos.

«La leche ahora nos la compran a 20 pesos el litro, y, por cada uno que sobrecumpla la entrega planificada, recibimos 15 centavos en moneda libremente convertible (MLC). Eso nos ha permitido disponer hoy de una reserva de 12 500 MLC para adquirir insumos, que, por cierto, escasean a causa de los desabastecimientos o tienen precios demasiado elevados».

La falta de insumos y tecnologías también conspira contra la producción de alimentos. Foto: David Gómez Ávila

Sobre este tema, un recurso deficitario en la Maniabo es el alambre de púas, necesario para cercar las áreas de pastos y forrajes afectadas por la sequía. Al delimitarlas se crea sentido de propiedad y se evitan delitos. La producción de leche aumenta cuando el alimento de los animales se preserva. También urge reparar los medios de transporte y la maquinaria agrícola. Cualquier arreglo o pieza cuestan una millonada.

Otro acierto de la implantación de las 63 medidas se vincula con la banca. A inicios de 2021, la UBPC incurrió en gastos por los créditos puente y calculó que terminaría el año con pérdidas. Empero, se benefició con dos créditos de más de dos millones de pesos, lo cual, unido al aumento de los precios, favoreció que terminara con ganancias. En la medida en que se incremente su producción, podrá acceder a otros créditos.

Ahora los productores pueden solicitar créditos bancarios para desarrollar cualquier línea de producción. No hay límites, solo se pide respaldo productivo. En la Maniabo le entregaron tierras a un grupo de ellos. Hoy sus parcelas están en preparación y algunas hasta en cosechas.

Tienen algunas dificultades en la agricultura, como déficit de fuerza de trabajo. Este sector es de consagración y no es fácil enamorar a alguien para que se nos sume. Pero los que están aquí se esmeran en producir todos los días más, entre ello no pocos jóvenes.

En materia ganadera, la UBPC Maniabo no decrece en rebaño y mantiene sus indicadores tradicionales. Sin embargo, auguran un 2022 difícil por causa de la prolongada sequía. El año pasado se les afectó su programa de inseminación artificial durante cinco meses. En la primavera, que es el mejor momento para esa tarea, les faltó el nitrógeno, un elemento esencial, y perjudicará la natalidad. En consecuencia, no tendrán la cantidad de hembras gestantes para la producción de leche.

«Algo que nos está golpeando las finanzas es el precio de la electricidad —dice Onelvis—. En diciembre pasado pagamos 50 000 pesos por concepto de bombeo de agua. Consideramos que es demasiado dinero y debe ser analizado. Una de las 63 medidas tiene relación con ese problema. Confiamos en una respuesta».

Al cruzar por una tomatera cuando íbamos en retirada, preguntamos a uno de los recogedores su criterio sobre la implementación de las 63 medidas. Resultó ser un jubilado de manos callosas y semblante curtido. «Miren —respondió muy serio—, aquí la mejor medida es doblar el lomo sobre el surco y producir.Si eso se logra, todo lo otro saldrá bien». Y con la misma retomó su labor.

Frenar el éxodo del campo

De los testimonios recogidos casi todo pasa por asignar recursos a los que tienen tierra, dar tierras a los que quieran y puedan sostenerlas y resolver los problemas de la comercialización de una vez y por todas, con una dosis grande de ética y empatía por los consumidores.

Aunque el sistema empresarial da batalla para eliminar personal indirecto a la producción, y oficialmente se ha dicho que ya miles de trabajadores han pasado a tareas más vinculadas al surco, sigue siendo controversial la eliminación de estructuras intermediarias, como las empresas.

No pocos estiman que en ciertos casos estas en vez de ayudar a destrabar entuertos crean otros. E incluso no favorecen a la base productiva con  sus gravámenes a insumos y servicios. Y hay casos donde toman algunas de sus producciones para exportarlas, aun cuando estas fueron contratadas para el consumo social.

Los problemas con las gomas de las máquinas de riego son constante. Foto: Roberto Suárez

De igual modo, para lograr frenar el éxodo del campo, sigue siendo asignatura pendiente en predios rurales tener acceso a servicios e infraestructura que se han deteriorado o nunca han existido, por razones tan objetivas como el cerco norteamericano, pero también por erróneas decisiones y la desidia, crecida más que la verdolaga, desde hace mucho tiempo en disímiles lugares.

Otros defensores del sector agrícola— no solo con palabras, sino también sudando durante casi medio siglo a pie de surco—, cuando se debate sobre los altos precios de las producciones agrícolas se indignan; y aseguran que hoy solo hay uno trabajando la tierra para que coman 20. Y todo está caro en el país. Sugieren, además, una revisión integral de la política de precios en Cuba.

Lo cierto es que antes de la pandemia y el arreciamiento del bloqueo, el país destinaba cerca de dos mil millones de dólares para importar alimentos, muchos de los cuales pudieran obtenerse aquí.

E igualmente es irrefutable que, habiendo cerca de 400 000 productores valiosos —menos de los que necesitamos— y más tierra ociosa que la que debiera existir, la agricultura, esa «única fuente constante, cierta y enteramente pura de riquezas», como la definiera José Martí, no ha logrado consolidarse como debe.

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