Mirko Casale compartió con Juventud Rebelde sus impresiones sobre el papel del humor político en tiempos de crisis, la construcción de narrativas alternativas y los retos que enfrenta hoy la difusión de contenidos en el ecosistema digital. Autor: Favio Vergara Publicado: 17/04/2026 | 02:14 pm
Durante los últimos cinco años, su propuesta ha conectado con audiencias de distintos países de habla hispana, al combinar el análisis de la actualidad internacional con un humor que no evade los temas complejos, sino que los traduce en claves accesibles y movilizadoras.
Defensor de una comunicación alternativa frente a los grandes relatos mediáticos, apuesta por un humor que, más allá de provocar la risa, invite a reflexionar y a implicarse en los desafíos contemporaneos.
En el marco del Coloquio Internacional Patria, el humor también encontró espacio para el análisis y la reflexión. Entre intercambios, debates y miradas sobre los retos de la comunicación actual, el guionista, presentador y director del programa ¡Ahí les va!, de RT en Español, Mirko Casale, compartió con Juventud Rebelde sus impresiones sobre el papel del humor político en tiempos de crisis, la construcción de narrativas alternativas y los retos que enfrenta hoy la difusión de contenidos en el ecosistema digital.
―¿Cuán poderoso es el humor político en tiempos marcados por armas nucleares y amenazas de destrucción masiva?
―Me encantaría decir que es más poderoso que las armas nucleares, pero no es así. Sin embargo, sí tiene una fuerza considerable. El humor posee la capacidad de encauzar noticias trágicas y hacerlas más tolerables. Ahora bien, el humor político no puede limitarse únicamente a ayudar a superar el trauma; también debe movilizar.
«Creo que el humor político necesita incorporar un componente de esperanza, de llamado a la lucha, a la resistencia y a las ganas de transformar la realidad. No debe ser un humor que desmovilice, que se quede en la idea de que “todo es un desastre” sin ofrecer una salida.
«En nuestro caso, siempre hemos intentado trabajar con una fórmula: hacer reír, invitar a la reflexión y, al mismo tiempo, movilizar. Que quien nos vea piense que sí es posible hacer algo, que las cosas pueden cambiar. En ese sentido, es un arma muy poderosa, pero también difícil de usar correctamente. No creemos tener una fórmula definitiva; estamos en constante aprendizaje.
«El humor político es complejo, y en tiempos de tragedia lo es aún más, porque existen límites. Nadie los impone desde fuera: los marca el propio ejercicio del humor, ese punto en el que puedes caer en el mal gusto o en un exceso.
«Esa apuesta por un humor que informa, cuestiona y moviliza también ha enfrentado obstáculos. En marzo de 2022, ¡Ahí les va!, que había logrado reunir a más de un millón de suscriptores en YouTube, fue bloqueado a nivel global en esa plataforma. A ello se sumó el cierre de otros canales vinculados al proyecto, así como restricciones y etiquetados en distintas redes sociales.
«Pese a ese escenario adverso, el programa no solo se ha mantenido, sino que ha continuado expandiéndose, en la búsqueda de nuevas vías de difusión. En la actualidad goza de notable popularidad, tanto entre especialistas como entre públicos interesados en la geopolítica, especialmente en América Latina, y se transmite en televisoras de varios países de la región, entre ellos Venezuela, Nicaragua, Cuba, Argentina, Bolivia y Colombia».
Desde distintas aristas, Mirko Casale abordará estos temas en la última jornada del evento, durante el taller El humor político en tiempos de tragedia, uno de los espacios más esperados del Coloquio. El propio Casale lo define como una especie de «autodisección» del programa ¡Ahí les va!, con el objetivo de «conocernos mejor y compartir las herramientas que hemos desarrollado con la práctica». Según explica, no ha sido un proceso estrictamente académico, sino de aprendizaje constante: «hemos aprendido haciendo, probando, equivocándonos y mejorando sobre la marcha».
―¿Qué significa para usted estar en Cuba durante el centenario de Fidel y en el Coloquio Patria?
―No es la primera vez que estoy en Cuba, pero participar aquí, en el centenario de Fidel y en el Coloquio Patria, representa una oportunidad, un privilegio y un honor.
«También implica una gran responsabilidad. Incluso diría que me genera cierta ansiedad, en el mejor sentido, porque siento el compromiso de dar lo mejor de nosotros y compartirlo en un momento tan significativo.
«Y no se trata solo del centenario o del coloquio. Todo esto ocurre en medio de una arremetida muy fuerte —no sé si la más intensa de la historia, pero sin duda entre las más significativas—, lo que le otorga aún mayor valor al intercambio y a lo que podamos aportar».
