Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La verdad siempre será revolucionaria

Además de su liderazgo, oratoria, carisma, firmeza en sus convicciones, hubo dos cualidades que a lo largo de su vida hicieron que fuese un líder seguido, respetado por millones de personas en Cuba y el mundo: su perenne apuesta por la verdad, por difícil que esta fuera, y su código de principios éticos que siempre consideró inviolables

Autor:

Rodolfo Romero Reyes

Durante muchos años los enemigos de la Revolución Cubana, en sus planes para destruirla, insistieron en el asesinato de Fidel como una vía directa para lograr su propósito. Pensaban que, eliminando al líder, el proceso inevitablemente sucumbiría.

Es indudable que la impronta del Comandante de Jefe fue decisiva en el movimiento insurreccional cubano. Su liderazgo y capacidad táctica le permitió liderar el asalto al Moncada, organizar la expedición armada a bordo del yate Granma y comandar las fuerzas insurrectas que desde la Sierra Maestra y el Llano derrocaron la dictadura de Fulgencio Batista.

Después de enero de 1959, Fidel tenía como nadie en Cuba, al decir de Ernesto Che Guevara, «la cualidad de tener todas las autoridades morales posibles para pedir cualquier sacrificio en nombre de la Revolución». Y siguiendo con las palabras del Che: «si nosotros estamos hoy aquí y la Revolución Cubana está aquí es, sencillamente, porque Fidel entró primero en el Moncada, porque bajó primero del Granma, porque estuvo primero en la Sierra, porque fue a Playa Girón en un tanque, porque cuando había una inundación fue allá y hubo hasta pelea porque no lo dejaban entrar. Por eso nuestro pueblo tiene esa confianza tan inmensa en su Comandante en Jefe».

Además de su liderazgo, oratoria, carisma, firmeza en sus convicciones, hubo dos cualidades que a lo largo de su vida hicieron que fuese un líder seguido, respetado —y me atrevo a decir, idolatrado y amado— por millones de personas en Cuba y el mundo: su perenne apuesta por la verdad, por difícil que esta fuera, y su código de principios éticos que siempre consideró inviolables.

No es casual que el 1ro. de mayo de 2005, cuando sintetizó su concepto de Revolución afirmara: «es no mentir jamás, ni violar principios éticos». Y cómo no hacerlo si se consideraba discípulo del autor intelectual del Mocada —quien añoró una República con todos y para el bien de todos—; cómo no mantener como brújula la ética martiana: «Mejor sirve a la Patria quien le dice la verdad».

Esa postura moral, y esa transparencia, distinguieron a Fidel de otros presidentes y mandatarios del siglo XX. Acostumbró al pueblo a siempre decir la verdad, incluso desde los primeros momentos de la Revolución.

En la noche de su histórica entrada a La Habana, el 8 de enero de 1959, donde quizás cualquier persona hubiera pretendido enardecer a las masas con la promesa de un futuro luminoso y triunfalista, con esa capacidad de anticiparse a los acontecimientos Fidel admitió: «No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias. ¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad».

Y más adelante, afirmó. «Y lo que haré siempre, en cada una de esas circunstancias, es venir y decirle al pueblo». Y el pueblo, ese que nunca se equivoca porque habla y siente con el corazón, le correspondió con una confianza inmensa. Por eso, había gran expectativa cuando se anunciaba: Hoy va a hablar Fidel. Y los cubanos y las cubanas en las cuadras, en las casas, decían: «si Fidel lo dijo, es porque va a ocurrir». Y sabiéndolo fiel a sus principios, cuando algo estaba mal hecho, cuando había algún síntoma de corrupción, ineficiencia o irresponsabilidad cualquiera exclamaba: «¡Deja que Fidel se entere!».

Que muestra más contundente e innegable de esa confianza que siempre le tuvo el pueblo, que nunca le dijimos por su apellido, Castro, ni por su cargo, presidente: para la gente fue simplemente Fidel.

Apenas unos días después del triunfo, cuando cumpliendo la voluntad del pueblo y para evitar que las personas tomaran la justicia por sus manos se iniciaron los juicios revolucionarios contra las personas que habían cometido crímenes, torturas y violaciones durante la dictadura de Batista, medios de prensa internacionales comenzaron una campaña mediática de descrédito contra el Gobierno revolucionario. Hablaron de juicios sumarios, de asesinatos, de baños de sangre. ¿Cómo enfrentó el Comandante aquella agresión? Con la verdad: invitó a más de 400 periodistas de todas las latitudes para que vinieran a la Isla y presenciaran la realidad con sus propios ojos; un audaz accionar que quedó guardado en la historia como Operación Verdad.

En diálogo con estos periodistas, afirmó: «Al pueblo de Cuba no tenemos nada que decirle, porque el pueblo de Cuba conoce muy bien la verdad; al pueblo de Cuba no tenemos que convencerlo de nada, porque el pueblo de Cuba está más que convencido. Hay que convencer a la opinión pública del mundo, y la vamos a convencer a través de los periodistas que han venido aquí.

«Si es necesario, invitamos no solo a los periodistas de América, sino de todo el mundo, a que vengan a Cuba a saber la verdad; y si es necesario, les damos una invitación permanente a los periodistas para que vean, porque aquí no tenemos nada que ocultar al mundo».

Cargando con el peso de la verdad, en innumerables ocasiones fue quien informó al pueblo delante de las cámaras de televisión la desaparición de Camilo Cienfuegos, el desenlace amargo de la Crisis de Octubre, el asesinato del Che en Bolivia. También, desde los micrófonos de su tribuna, debió comunicar fracasos y dificultades.

Fidel dijo no tener temor en admitir cuándo sus enemigos habían tenido razón. Por eso, aquella tarde, no dudó en afirmar: «Vamos a empezar por señalar, en primer lugar, en todos estos problemas la responsabilidad de todos nosotros, y la mía en particular». Una certeza lo acompañaba: «¡La mentira jamás será dicha al pueblo! ¡La confianza jamás será perdida en el pueblo!».

Lo cierto es que el Comandante siempre defendió la premisa de un Gobierno honrado. Y en más de una ocasión fue intransigente con quienes, cercanos a él, se alejaron del camino de la transparencia y de la verdad. Y esa premisa, no la perdió con los años. El líder de la Revolución siempre fue intransigente con la corrupción. Cuando en noviembre de 2005 intercambió con los universitarios cubanos se hizo importantes interrogantes: ¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? ¿Cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario?

En su transparente intervención, y lejos de cualquier espíritu triunfalista, Fidel reconoció que «uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolución, fue creer que alguien sabía cómo se construía el socialismo». «Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra».

…En cada momento difícil que ha tenido que vivir, el pueblo de Cuba contó con su palabra sincera, con su explicación oportuna, con su capacidad estratégica, con su fe inclaudicable en la victoria y con su apego a la verdad, a la solidez de las ideas y al valor que tiene un principio justo, así sea esgrimido desde el fondo de una cueva…

Es por eso que, para todos los que nos identificamos con las ideas de Fidel debería ser una premisa: «no mentir jamás, ni violar principios éticos».

(*) Fragmentos de la introducción del tomo 1 de la Colección Revolución, de la editorial Ocean Sur, que argumenta en diez tomos las ideas esenciales del concepto pronunciado por Fidel.

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