Entre tantos barbudos, a Guatemala se le ve delante, por idea de Celia, durante el viaje de Fidel a Venezuela en enero de 1959. Autor: Tomada de Cubadebate Publicado: 08/10/2026 | 07:44 pm
—¿Tú eres de Santiago?
—No, soy de Guatemala.
—Ah, tú eres Guatemala.
Ese día Fidel acuñó su sobrenombre.
Mario Carranza Rivera es el único guatemalteco que combatió en el Ejército Rebelde. Guatemala provenía de una familia humilde del país centroamericano y había ganado una beca en Cuba para estudiar una carrera técnica relacionada con aviones. Cuando terminó de estudiar y conmovido por la realidad del país, se sumó a la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista al punto de solicitar unirse a los rebeldes. Fue René Ramos Latour, Daniel, quien le dio esa posibilidad en el tercer refuerzo de hombres que se envió a la Sierra Maestra a finales de 1957.
Guatemala, en sus memorias escritas, recuerda diferentes momentos vividos en el Primer Frente José Martí: su encuentro con el máximo líder, sus primeros combates, su viaje con Fidel a Venezuela en enero de 1959 y todos los años vividos en nuestro país. Sin embargo, hoy queremos compartir una anécdota de cuando el ataque al cuartel de Estrada Palma a inicios de 1958. Allí recuerda que una vez que se ordenó retirada, todos lo hicieron a campo traviesa y no como se había acordado, pues el refuerzo enemigo había llegado en dos tanquetas y ellos no se lo esperaban.
«Salí corriendo al igual que el resto, porque la gente estaba loca por irse, cuando veo a Paquito, rodilla en tierra disparando, me detengo, hinco rodilla en tierra y trato de hacer lo mismo; Paquito me hala por la camisa y me dice:
—Comemierda, quieres que te maten— parece que él no se había dado cuenta de lo que también había hecho y nos fuimos echando.
Al otro día estábamos en Santo Domingo en casa de Lucas Castillo, pasó Fidel y se dirigió a mí y me preguntó:
—Guatemala, ¿qué se siente al pelear contra una tanqueta?
Sin saber lo que decía, le contesté:
—No, Comandante, no es muy bueno, solo se ven las chispas dando en el hierro.
Me miró de reojo y siguió de largo, no dijo nada; me perdonó. Conociéndolo un poco y algo su vocabulario, interpreté lo que pensó y no lo dijo.
—«Cabrón, mentiroso».
Le gente me lo corroboró cuando él ya no estaba, me dijeron: Guatemala, apretaste, ya que la balacera era tan grande y los guardias tirando tan cerca y en mejores posiciones que nosotros tirábamos, que no se podía estar mirando mucho.
En una anécdota relacionada con el Che, Guatemala recuerda cómo hubo que operar de apendicitis a un compañero, Francisco Cabrera Pupo, quien días antes se había batido fuerte contra las tropas de Sánchez Mosquera. Cuenta que el Che venía en su mulito fumando el cabo de un tabaco y le dice a Paco:
—Paco, me enteré que te operaste de apendijitis.
A lo que Paco contestó rápidamente:
―No, Comandante, que me batí con todos los hierros contra Mosquera.
El Che se viró hacia Guatemala y le dijo: «¿qué tú crees?» y Guatemala pensó: «Ta loco».
—No, él sí se batió contra Mosquera. A lo que el Che le respondió;
—Ah, tú lo que eres un guataca― y siguió de largo en su mulito mascando el tabaco y riéndose de aquellos combatientes a los cuales él les tenía mucho aprecio.
Son historias de un rebelde latinoamericano que decidió sumarse a la causa de la Revolución que también dedicó su vida a la construcción de la obra por la cual vio caer a muchos compañeros en la lucha. Mario Carranza es una de esas vidas intrépidas que motivan al estudio de nuestra historia y demuestran la grandeza de una Revolución que siempre encontró apoyo en los más humildes y gracias a ellos triunfó.
