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Laura Mora y la ética de los afectos

Con su más reciente largometraje, Los reyes del mundo, la cineasta colombiana propone un retrato contundente del momento histórico que vive su nación, por tantas décadas asediada por la violencia

 

Autor:

Sergio Félix González Murguía

Rá y sus amigos persiguen la felicidad en la tierra que es suya por derecho y así poder vivir en paz. Signados por la orfandad en un entorno hostil, la búsqueda de la tierra prometida también es la posibilidad de escapar de la violencia. No pierden las esperanzas y hacen de la lucha, para exigir lo suyo, un acto célibe y comprometido. Pese a todo, ellos son Los reyes del mundo.

La cineasta colombiana Laura Mora está de regreso a nuestro país para presentar su más reciente propuesta al público cubano en el marco del 43er. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el mismo que aún recuerda su ópera prima Matar a Jesús (2017) proyectada en la edición 39na. de la gran fiesta del séptimo arte en La Habana.

Con Los reyes del mundo, la creadora desembarca en las salas habaneras con un relato onírico de una generación de jóvenes cuyo activismo ha sido clave en el cambio político en Colombia que hoy encabezan Gustavo Petro y Francia Márquez con el gobierno de «los nadies», y bebe de los estallidos sociales de 2019 y 2021, cuando miles de jóvenes salieron a las calles en defensa de sus derechos y ante la inactividad institucional.

Tras su éxito rotundo en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián con la Concha de Oro a mejor película y su paso por festivales en Biarritz, Zúrich y Varsovia, Cuba se estremece con la obra de Laura Mora, quien se declara profundamente influenciada por Henry David Thoreau, su Desobediencia civil y Walden. Pier Paolo Pasolini, Theo Angelopoulos y Andréi Tarkovski son autores de cabecera para esta realizadora que ha logrado un retrato contundente del momento histórico que vive su nación, por tantas décadas asediada por la violencia.

JR conversa con esta reconocida cineasta, en estos días en que los amantes de la gran pantalla se emocionan con una historia con la que su autora critica al mundo y celebra la vida.

—¿Cuáles fueron las inspiraciones que la llevaron a hacer esta película?

—Empecé a escribir Los reyes del mundo justo cuando terminé el rodaje de Matar a Jesús, en 2016. Mi primera película es tan autobiográfica y hacerla representó un acto tan liberador que me permitió indagar sobre otras cosas que me preocupan sobre mi país, pero que al final también tienen un eco en el mundo que nos ha tocado.

«Siempre me intrigó el tema de la expropiación de tierras y los desplazamientos en Colombia, como punto neurálgico del conflicto armado. Pero más allá de eso, me cuestiono cómo todos estamos buscando, de alguna manera, un lugar en el mundo y cómo la sociedad se ha vuelto tan dura y tan cruel que cada vez expulsa más gente a los extramuros.

«Paradójicamente en esos lugares, los extramuros, la marginalidad, es donde he encontrado lo que llamo la ética de los afectos: falta todo, pero también está todo, hay amor, solidaridad,
compañerismo. Sobre ello me interesaba hacer una especie de viaje hacia “la tierra prometida”, vinculando el contexto colombiano de un Estado burocrático que se vuelve victimario, para hacer una especie de oda a los despojados.

«Todo ello se fue juntando con mi interés por indagar en la masculinidad, porque me interesa analizar la violencia y siento que esa violencia es un patrimonio muy masculino; por eso los protagonistas son un grupo de hombres jóvenes.

«Desde que empecé a escribir el guion han pasado muchas cosas que obviamente hicieron eco en el guion. Como artistas tenemos la responsabilidad de estar interesados en el mundo que nos tocó vivir y hacer lecturas sobre lo que sucede. Pienso que el cine, muchas veces, puede ofrecer lo que la realidad quita.

«Lo sucedido durante los estallidos sociales de 2019 y 2021, tan definitivos en el presente político colombiano, tiene una presencia crucial en el guion de Los reyes del mundo. La película debía rodarse en 2020, pero se retrasó por la pandemia de la COVID-19, algo que fue muy conveniente para la historia que contamos».

—Cuando el entorno es tan hostil como en esta película, ¿existe la salida, la esperanza?

—Creo que sí, aunque quizá concibo la esperanza de una manera muy utópica. Ernesto Sábato decía que la resistencia es el único lugar donde habita la esperanza, pero también pienso que la esperanza incluye la palabra «espera». En el cine que hago necesito criticar el mundo y al mismo tiempo celebrar la vida, y en eso hay cierto tipo de esperanza. Debemos pararnos frente al horror, hablar, resistir, por supuesto, sin perder la poesía.

«El Estado y la justicia colombianos, ante la magnitud de lo que hemos vivido por décadas, se han vuelto muy negligentes e insensibles, como un Estado kafkiano, absurdo, diseñado para que no lo entiendas y yo tengo cierta obsesión con eso en mi obra.

«Vengo de una familia de abogados, un padre asesinado y un caso no resuelto. Mi hermano, que es artista visual, y yo tenemos una obsesión artística muy clara con ese Estado que se vuelve impenetrable y se vuelve como un gran monstruo en contra de sus ciudadanos, pero los verdaderos responsables no tienen nombre ni rostro.

«Como en Matar a Jesús queda claro que el sicario es solo la carne de cañón de un aparato criminal que no tiene cara y que nunca será condenado por eso, y en Los reyes del mundo también pasa un poco eso, pues los verdaderos culpables, los que están despojando, los explotadores, los que nos están empujando hacia los extramuros siguen ahí en las sombras. Esas inquietudes siempre atravesarán mi obra.

«Pero antes de que los jóvenes que protagonizan esta historia asistan a su destino fatal, me interesa que veamos su vida, sus sueños, afectos, y creo que la dureza de la película radica ahí, porque los hemos visto ser felices, sufrir, acompañarse, asumirse como cuerpo político, los hemos visto incluso en un intento de hacer las cosas bien».

—En Los reyes del mundo trabaja con un elenco de personas que originalmente no se dedican a la actuación ¿Cómo fue el proceso de casting y las dificultades que conllevó?

«Buscaba chicos que tuvieran reflejado el desamparo en su rostro. Dejar ver ese desamparo quizá implicaba que debían tener una sensibilidad de la que tal vez no eran conscientes. Basado en eso estructuramos una serie de preguntas que nos ayudaban en el momento en que hablamos con ellos, que tenían que ver con la imaginación, el dolor y el amor por su mundo.

«En la primera parte del proceso de casting salía mucho a la calle, hablaba con la gente, curioseaba. Conozco muy bien Medellín, ciudad de donde provienen los protagonistas y sé cómo moverme allí. En mi concepción de los personajes Rá es la justicia, Winny la revolución, Sere es el místico, Culebro es la rabia y Nano, la dignidad.

«Ninguno es actor, todos son jóvenes de la calle. Los no actores traen una carga emocional y vivencial que uno nunca puede prever. Fue un rodaje muy exigente, en un territorio muy complicado —el clima, la carretera—, fueron las nueve semanas más difíciles y emocionantes de mi vida, pero esos chicos llevaron toda su energía a la producción y nos volvimos una gran familia, una gran pandilla. Creo que hay mucho de ese amor que se ve en la pantalla.

«Valió la pena el viaje por llegar con esta película a Cuba, una vez más. Para mí este festival es muy importante, desde mi primera visita a este en 2014, mi estancia en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, siento el calor especial que me profesa el público cubano y espero poder seguir presentando mis obras para ustedes».

Laura Mora regresa a La Habana para celebrar la vida. Foto: Paula Piñeiro

 

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