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Adiós al descubridor de la Isla del Coco

Jorge Oliver deja para el disfrute de muchos una obra que ojalá siga trascendiendo a otros formatos y dando paso a nuevas historias que colmen de alegrías las infancias y reflejen con ingeniosidad la espesa diversidad que nos rodea

 

 

Autor:

Sergio Félix González Murguía

Ni Jorge Oliver tenía clara la razón por la que el Capitán Plin era de color verde. «Lo recuerdo bien, porque al final de mi exposición sobre las experiencias del uso del humor y la fantasía en la enseñanza primaria, un participante nos preguntó intrigado sobre el color del gato. Sin pensarlo, medio sorprendido por la interrogante, contesté: “Bueno, porque todos los gatos son verdes”. Nadie me criticó por aquella respuesta, por el contrario: todos aplaudieron de pie», comentaba con su particular jocosidad, el ilustrador cubano en una de las varias ocasiones en que conversó con Juventud Rebelde.

Este 18 de septiembre, cuando nos sorprendió la noticia del fallecimiento del reconocido historietista y multifacético Jorge Oliver Medina (La Habana, 1947), por la mente de muchos pasaron esas imágenes de la infancia donde eran protagonistas aquel gato verde, ataviado con botas, capa y boina rojas, armado con una espada, pícaro y buena gente, pero también el malhechor Rui la Pestex, junto a todos los habitantes de esa isla peculiar.

El descubridor de la Isla del Coco, el que nos contó cómo llegar a ella y las bondades de esa tierra verde, llena de personajes curiosos, edificó algo grande. Desde un cómic impreso en las ediciones de la revista Zunzún, hasta una serie televisiva, a través de los merchandisings o videoclips cantando algunas historias de los personajes creados por Oliver, Plin pulula por el imaginario popular cubano como un auténtico superhéroe criollo, como lo ha sido Elpidio Valdés y otros tantos creados por otro imprescindible: Juan Padrón.

Precisamente, gracias a Padrón, Oliver reconocía en otra conversación para este diario que Plin emprendió la gran historia que se ha extendido durante 42 años, desde su aparición en una revista Zunzún en 1981. «Resulta que Ian Ernesto, el director de Habanastation, de pequeño era muy intranquilo. Su padre, Juan Padrón, lo entretenía haciéndole cuentos. Un buen día Juanito le fabuló que el gato verde tenía una espada y luchaba contra ratones piratas. Al otro día me hizo la anécdota y se me ocurrió crearle un mundo completo al gato. Plin y la Isla del Coco vieron la luz posteriormente; por primera vez, en el número 8 de la revista Zunzún.

«El gato verde no nace como Plin. Y Plin, como casi todos los protagónicos, nace como un personaje secundario. Yo trabajaba en el equipo de propaganda de la Organización de Pioneros José Martí. Usaba la historieta como vehículo de comunicación. El problema era que cuando hacíamos propaganda en carteles, historietas…, sobre las cosas negativas, eran los mismos muchachos los protagonistas. Eso no funcionaba. Entonces buscamos un personaje secundario y se nos ocurrió que fuera un gato».

A través de sus personajes, Oliver transmitió valores como el compañerismo, el amor a la patria, la lealtad y la valentía a niños y jóvenes que décadas después transmiten a su descendencia, reconociéndose en esas historias, en esas canciones, en esas imágenes. Como mismo empezaron a reconocer al artista, aquel nombre —Jorge Oliver— que aparecía en las historietas, cuando un día decidió ponerse frente a la pantalla y conducir un programa como Cuadro a Cuadro.

El espacio televisivo convocaba a las audiencias ávidas de ver películas de superhéroes internacionalmente conocidos. En un tiempo en que no era tan sencillo acceder a este tipo de productos fílmicos, como ahora, Jorge Oliver podía salir de una escena de una película de Batman, como si estuviera dentro de set y explicarnos algunas características de la producción de la cinta que minutos después veríamos fascinados, de principio a fin. Era un artista del dibujo, pero sobre todo, un maestro de la comunicación que sabía transmitir, porque era un apasionado de su labor —el cómic, el dibujo, la ilustración, el animado— y sabía para quién hablaba.

«Para brincar de un medio a otro necesitas que los niños crean en ti», aseguraba sobre el salto que durante su historia ha dado Plin a los distintos formatos. Lo cierto es que muchos creímos en la obra de Jorge Oliver, en su capacidad para educar, para sintetizar aspectos de la cubanía, narrarlos, hacernos reír y, sobre todo, reflexionar. Inolvidables sus contribuciones como ilustrador de proyectos como Cantándole al Sol, Chamaquili, sus títulos publicados bajo el sello Abril, los libros de La Isla del Coco (2001, 2004, 2019), Katila: Doctora de animales (2007), Los Muñes… 1 ¿Cómo nacieron? ¿Cómo se hacen? (2013).

Jorge Oliver deja para el disfrute de muchos una obra que ojalá siga trascendiendo a otros formatos y dando paso a nuevas historias que colmen de alegrías las infancias y reflejen con ingeniosidad la espesa diversidad que nos rodea. Ya lo decía el propio Oliver en otra entrevista para Juventud Rebelde: «La nueva generación de historietistas es un vitral. Hay de todo. Desde quienes siguen aspirando a dibujar mangas hasta quienes solo trabajan con historias sacadas de la tradición yoruba. Mientras logremos seguir siendo un gran arcoíris, estaremos cumpliendo con Cuba. Nuestro país es un crisol en el cual caben los mangas y Changó».

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