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Aventura titiritera

La obra Aventuras del soldado desconocido estará a disposición del público desde hoy y hasta el próximo día 16 en la capitalina sala Llauradó

Autor:

Osvaldo Cano

La Salamandra y Retablo, dos destacadas agrupaciones dedicadas al teatro de figuras, se unen en un espectáculo de títeres para adultos. La novela inconclusa Aventuras del soldado desconocido cubano, de Pablo de la Torriente Brau, es el punto de partida de esta puesta en escena, que estará a disposición del público desde hoy 14 hasta el próximo jueves 16 en la sala Adolfo Llauradó.

El montaje de la conocida novela antibelicista es dirigido por un equipo integrado por Christian Medina, Ederlys Rodríguez y Mario David Cárdenas. Medina también se responsabiliza con la adaptación del texto literario a los requerimientos de la escena e integra el elenco junto a Ederlys Rodríguez. En tanto que Mario David es, además, el encargado de la concepción visual a través de los diseños de escenografía, vestuario e iluminación.

Convertir una novela inconclusa en material dramático es un verdadero reto; sin embargo, este es sorteado por Medina con elegancia e inteligencia. Entre sus premisas cardinales estuvo atrapar el aura absurda y divertida del original, haciendo énfasis en la enconada diatriba contra la irracionalidad de la guerra, proveniente de las encendidas páginas de Pablo de la Torriente Brau. El tema resulta de notoria vigencia en las actuales circunstancias del mundo. Ese es, de hecho, uno de los puntos fuertes de esta propuesta, que es encarada, con rigor y profesionalismo, por el equipo de creadores encargados de su realización.

Christian Medina apela al tono desenfadado que proviene del texto original y hace del absurdo, la violencia que tipifica a la farsa, e incluso el choteo, certeros y desmitificadores recursos dramáticos. La historia del cubano Heliodomiro del Sol, ocurrente y anónima criatura enrolada en el ejército durante la Primera Guerra Mundial en contra de su voluntad, resulta un abordaje divertido en torno a los desatinos de la guerra. Al logro de estos presupuestos contribuyen el uso de recursos típicos de la parodia y la capacidad para desacralizar con certero aliento crítico. Humor negro y procacidad son otros recursos, bien conjugados en el relato original, que se mantienen en la versión escénica titulada Aventuras del soldado desconocido

Los sinsabores que padece Heliodomiro, a partir de su forzoso reclutamiento, y los ardides que emplea para intentar escapar de la guerra primero y del inframundo después, lo caracterizan como un legítimo representante de la picaresca insular. Lo insólito es que este jaranero y cubanísimo soldado, a pesar de haber muerto, conserva intactos sus sentidos y los deseos de vivir. En la imperiosa necesidad de regresar al mundo de los vivos, para disfrutar intensamente de los placeres mundanos, se centra la trama. El propósito es, precisamente, oponer las grandes y pequeñas delicias de la vida contra las laceraciones provocadas por la guerra.

La puesta en escena acude al tono festivo que proviene de la novela. Foto: Beatriz Fernández

Fiel a las pautas establecidas en la novela, la puesta en escena acude al tono festivo proveniente del texto original. Llama la atención en este espectáculo, realizado por un trío de directores, la depurada factura visual, en la cual las texturas, colores y atmósferas atrapan desde el inicio. Un pequeño retablo, diversos mecanismos que dinamizan el montaje y sorprenden gratamente al espectador, junto a la utilización de muñecos de diferentes técnicas, confluyen sobre el escenario de modo armónico y preciso. Títeres de guante, parlantes, figuras planas, marionetas o sombras chinescas conviven en un sitio insólito en el cual un eje vertical delimita el mundo de los vivos y el de los difuntos. La seriedad de los colores utilizados, la concepción del entorno escénico que, según las exigencias de la trama, va de lo festivo a lo sombrío, y el diseño de los títeres, en especial de los que habitan en el inframundo, son también elementos que consolidan, de buena manera, la propuesta visual.

A enfatizar esta crucial delimitación contribuye, con apreciable tino, la banda sonora creada por Verónica Pullés. Toda una amalgama de ritmos, marchas, himnos o sonidos, bien utilizados, apuntalan lo que se muestra sobre las tablas. Las diferentes y contrapuestas locaciones, en las cuales discurre la acción, cuentan con su propia caracterización musical, que funciona como una suerte de brújula que permite identificarlas de inmediato. Pullés consigue graficar, a través del sonido, tanto las atmósferas de los diferentes y contrastados espacios dramáticos como las obsesiones del protagonista. Un ejemplo de esto se aprecia cuando Heliodomiro del Sol, un cubano chispeante y sensual, escucha primero y después baila, con especial deleite, al compás de una conga santiaguera. De este modo se expresa su jovial naturaleza. En otros momentos del acontecer son la marcialidad, o lo absurdo de la situación, los aspectos que pone de relieve Pullés a través del universo sonoro.

Otro rubro que merece ser destacado es el diseño de iluminación de Mario David Cárdenas. La luz juega un rol  distinguido en esta puesta. La inteligente utilización del color, la nítida definición de las atmósferas de las diferentes escenas y locaciones, junto a la capacidad para atrapar y reforzar el tono de cada una de ellas, que en ocasiones resulta divertido y en otras lúgubre, son algunos de los argumentos que afianzan esta afirmación. 

Christian Medina y Ederlys Rodríguez son los encargados de darles vida a las diferentes criaturas que intervienen en la trama. La labor de ambos es de alta calidad. Ellos no solo manipulan con pericia o hacen diferentes voces para caracterizar a los personajes, sino que también muestran su histrionismo, de cuerpo entero y títeres en mano, sin que decaiga, en lo más mínimo, la calidad del trabajo interpretativo. Ambos apelan a recursos propios de la farsa, escarceos típicos de los títeres de cachiporra e incluso al choteo. En particular, Medina, en algunas escenas, recuerda la cadencia, el tono y modo de hablar del popular negrito del teatro vernáculo cubano. En tanto que Ederlys Rodríguez destaca por su bien timbrada voz y la habilidad a la hora de desdoblarse en varios personajes, singularizando a cada uno de ellos.   

Con la puesta en escena de Aventuras del soldado desconocido, título de la versión teatral de la conocida novela de Pablo de la Torriente Brau, realizada por Christian Medida, dos destacados colectivos teatrales se unen en un saludable esfuerzo creativo. La Salamandra y Retablo abordan un tema de innegable vigencia: las irracionales atrocidades de la guerra y la fragilidad de la vida. Estas premisas son expuestas, en este montaje, con una mezcla de preocupación y jocosidad. En nuestro contexto no son frecuentes los espectáculos de títeres para adultos. La oferta de estos creadores tiene el doble incentivo de abordar una temática de apremiante actualidad, y hacerlo utilizando los recursos propios del teatro de figuras, con la calidad y pericia propia de un equipo de aventajados profesionales. Estas son algunas de las principales razones que convierte a este singular espectáculo en una propuesta de real interés dentro de la muestra del 20mo. Festival de Teatro de La Habana.

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