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Atrevimientos

Danielito me aseguró que me escribiría un personaje para su segunda película. Yooo. Y como era una locura, como me gustan los locos, le dije que sí... y me olvidé

 

Autor:

Reinaldo Cedeño Pineda

Pensé que era una broma, un exceso de entusiasmo, puro descoque, cuando Danielito me aseguró que me escribiría un personaje para su segunda película. Yooo. Y como era una locura, como me gustan los locos, le dije que sí... y me olvidé.

Este es un chico que había descubierto en las redes, que filmaba Oriente adentro, Guantánamo adentro, tierra adentro. Un espíritu renacentista que hacía música, poesía, pintura, y sobre todo, que filmaba.

Su primera experiencia fue un estreno a lo grande. Su cinta La espera mereció el Premio Luciérnaga de Oro en el Cannes World Film Festival en 2023. Guantánamo debió iluminarse, el cine cubano debió sacudirse con el acontecimiento, mas la sorpresa, o la modorra, o ambos, paralizaron a muchos. Yo corrí a abrazarlo.

Pasó el tiempo, pasó un águila, hasta que llegó la llamada. Mi personaje era una realidad.

Te atreves a ponerte un vestido... me soltó DaRoDe, es decir Daniel Ross Dieguez, ya en el set de filmación en el Teatro Guiñol de Guantánamo. Comprenderán que era una experiencia inédita, inusitada, más no titubée. Yo había dado mi palabra. Yo había decidido salir de mi zona de confort, correr la aventura.

No se trataba de un simple travestismo de ocasión. Era más que un ama de casa, debía representar la angustia de los cubanos a la hora de enfrentar el día a día en la cocina, ese laboratorio casero sometido a tensiones casi de guerra. Y debía hacerlo interpretando mi propio poema, delantal y plato por delante, tirado sobre las tablas

... estoy tejiendo a mi país / al derecho /al revés / con agujas de marabú/ con astillas de palma / tejiendo a mi país / con estas manos / a ciegas/ a rastras...

Daniel Ross asume la dirección, el guion, la posproducción, muchas veces la cámara. Es un artista multitalento, si se me permite la palabra. Foto: Cortesía del artista

He dicho muchas veces el poema homónimo del libro Tejiendo un país, pero una película es otra cosa. No salía, no daba el tono, no miraba como debía. Me fui subiendo y me fui bajando. Me dieron unas ganas repentinas de ir al baño. Algo me punzaba.

Cuando el custodio del teatro me observó en ropa femenina me echó una mirada de soslayo, una mirada inquisitiva. Tomé el pasillo, empujé la puertecita y... levanté el vestido buscando alivio. Me recorrió una sensación rara, casi esotérica.

Al regreso, el director me exigió, me sostuvo, cuando las repeticiones comenzaban a pesar. Hizo emerger de mí lo que yo mismo ignoraba... solo para dar paso a la escena de las velas. Susurro y símbolo. Primerísimo plano. Cargué la luz sobre mi espalda. Me convertí en candelabro, en destello, en faro entre las sombras. Puse mi voz en una especial, brevísima versión metafórica sobre los letargos y los despertares.

Bajo la corteza, que tal es el nombre de esta pieza audiovisual, es protagonizada por el reconocido actor y director teatral Juan González Fiffe. Un homenaje. En la cinta, un artista de teatro callejero de larga trayectoria debe reinventarse cada día ante los obstáculos, los teatros vacíos, la emigración. Sin embargo, los sueños, irredentos, tenaces, se niegan a apagarse.

Daniel Ross asume la dirección, el guion, la posproducción, muchas veces la cámara. Es un artista multitalento, si se me permite la palabra. Apuesta por hallar el histrionismo en personalidades de otras esferas que se atreven ante su lente, a saber, el escultor Ramón Moya y Regino Rodríguez Boti, nieto del mítico Regino E. Boti. Los exprime, los incita. La casa patrimonial del poeta de la aldea, como el autor de El mar y la montaña nombrara con intimidad y devoción a Guantánamo, resulta uno de los escenarios. Da gusto ver el desempeño del actor Alexis Ayala, integrante del grupo homorístico Komotú, como parte del pequeño elenco.

Bajo la corteza acaba de acreditarse el Premio de la popularidad en el Festival de cine LIFT-OFF Global Network de Inglaterra.

La cinta se da el lujo de mostrarnos la naturaleza exhuberante y escondida del parque Alejandro de Humboldt en las serranías orientales y de recorrer las calles reticulares de Guantánamo, entre el asombro, el absurdo, la hilaridad, las tinieblas. Ay, tinieblas. Reubica el foco, nos traslada del urbanismo habanero, plató de gran parte de nuestro cine.

La inteligencia artificial marca esta pieza audiovisual de Daniel Ross y lo convierte en pionero en el ámbito cinematográfico nacional. El cree en sus valores, en lo que potencia y no en lo que sustituye. La banda sonora y las escenas oníricas, por ejemplo, le deben mucho a la IA.

Bajo la corteza acaba de acreditarse el Premio de la popularidad en el Festival de cine LIFT-OFF Global Network de Inglaterra, patrocinado por los famosos estudios Pinewood. No por gusto se escogió estrenar la película en Cuba durante la Fiesta de la Cubanía en Bayamo, ámbito creativo del director de Teatro Andante, Juan González Fiffe. Se trata de la muestra de un artista en plena eclosión, de una obra de autor, de un espíritu con ideas propias, ese que un día convenció a un periodista de subir al escenario.

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