La compañía Habana Sueños durante este lustro ha formado a más de 200 niños. Autor: Diego E. García García Publicado: 28/10/2026 | 03:38 pm
Era 2021 y una pandemia azotaba el mundo. Mientras las calles de La Habana Vieja lucían vacías por la Covid-19, un artista escénico se propuso una misión: buscar niños sedientos de arte. Frank Licor Alonso, cantante, payaso profesional y promotor cultural, observó que la nueva generación estaba perdiendo la oportunidad de instruirse sobre sus raíces.
Con esa convicción, caminó uno por uno los consejos populares del municipio para fundar lo que hoy es Habana Sueños, una compañía musical infantil que este 1ro. de noviembre celebra su quinto aniversario.
«El Covid-19 detuvo en masa a un sinfín de personas dentro del medio artístico. Yo sufrí cada proceso y me puse a pensar: si fue dura esa vivencia para los adultos, cuanto más lo sería para un niño», recuerda Frank sobre los inicios del proyecto. Así, el 1ro. de noviembre de 2021, la compañía dio sus primeros pasos en las comunidades.
La evolución de Habana Sueños ha sido vertiginosa. De las primeras presentaciones comunitarias, la agrupación ha escalado a montajes de gran formato como El Rey León, en el Teatro Karl Marx. Según su director, el secreto de este crecimiento radica en «respetar los códigos necesarios para el trabajo con niñas, niños y adolescentes, pero marcando un estilo bien organizado». Todo parte de la permanencia de un claustro de profesores expertos en las disciplinas que imparten.
El proceso de selección de los pequeños artistas, de entre seis y 12 años, comienza con pruebas de aptitud que permiten conocer en qué punto está su desarrollo y cómo trabajar con ellos.
La metodología es rigurosa: «Una muy exigente disciplina en cuanto a horarios, comportamientos, valores y, sobre todo, el respeto», explica Licor Alonso. Sin embargo, esa exigencia técnica no ahoga la esencia de la infancia. «Los niños son naturalmente espontáneos y todo lo que hacen en escena se ve natural. Los profesores ayudan a que eso se vea limpio, organizado y con buen gusto», añade.
El proyecto también ha crecido en edad. Para garantizar la continuidad de los niños que se convierten en adolescentes, Licor creó Musical Dance, una compañía pensada para los adultos, demostrando que Habana Sueños es un semillero que acompaña a sus integrantes a lo largo del tiempo.
Para celebrar estas cinco décadas de entrega —como define el propio Licor el tiempo transcurrido—, la compañía estrenará Blancanieves y la Guayaba, una versión cubana del clásico universal, escrita y musicalizada por Jennifer Almeida Vidal. Desde que el guion llegó a sus manos, niños y profesores se sentaron a trabajar juntos para darle vida a un montaje que fusiona la historia tradicional con la música cubana y latina.
«Su impacto desde el principio fue sensacional. En esta versión está plasmada la música cubana y latina con canciones totalmente nuevas, y también los mensajes que enseñan siempre», detalla el director. El montaje se convierte así en el reflejo de una filosofía que busca transmitir valores y mensajes para el desarrollo personal de los infantes.
El trabajo en red ha sido otra de las claves. Las alianzas con agrupaciones como Acontratiempo, ArteSuma, Coro Solfa y Passioni Dance demuestran que, para Habana Sueños, «el trabajo en equipo es la base del éxito, aun viviendo tiempos duros».
Dirigir a niños implica una gran responsabilidad, y Frank Licor lo sabe bien. Confiesa que al principio tuvo miedo de no lograrlo porque considera que estar al frente de la infancia es un reto sumamente difícil. «He tenido que estudiar y prepararme para afrontar cada acción. La experiencia ha sido sensacional, me ha servido para coger el camino exacto por dónde llevar a cada una de las personas que me rodean por un buen camino», reflexiona.
Su formación multidisciplinaria como cantante, payaso y promotor ha sido la base fundamental para su crecimiento. «Estudiar y conocer cada día algo más ha sido la clave. Sigo estudiando porque sinceramente es algo que nunca termina», afirma.
El impacto de su labor se mide en la transformación de los niños. Licor percibe que la dedicación y el cuidado en las acciones docentes y familiares han ganado el respeto de la comunidad y han logrado cambios positivos en cada uno de los pequeños.
Hoy Habana Sueños mira al futuro y desea poder llevar el talento de sus niños a otras provincias y comunidades del país, e incluso fuera de Cuba. Sin embargo, el objetivo inmediato es continuar creando un espacio donde la nueva generación crezca y se haga profesional en el mundo del arte.
Para Frank Licor, verlos crecer, hacerse fuertes y valientes es el verdadero premio. «Es la seguridad de que su éxito está garantizado», sentencia el director, mientras prepara a sus pequeños artistas para el gran estreno.
