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El regreso de los colosos

Racing de Santander y Deportivo de La Coruña, dos históricos que tocaron fondo en el barro de la tercera categoría, certificaron su regreso a la máxima división del fútbol español

Autor:

Ruben Darío García Caballero

El fútbol español tiene una deuda perpetua con los Campos de Sport de El Sardinero y con el césped de Riazor. Dos estadios que olían a mar y a gloria en los años treinta, cuando el Racing de Santander era subcampeón de Liga y se fundaba la competición que hoy conocemos, y que en los noventa y dos mil vibraban con los goles de Donato, Makaay y Bebeto mientras el Deportivo conquistaba Ligas y Copas. Pero durante demasiado tiempo, ese aroma se había transformado en puro polvo de barro, en esa tierra de categorías inferiores que se pega a las botas y al alma de los que un día fueron grandes.

Este mayo de 2026, la historia ha querido ser justa y ha escrito un mismo desenlace para dos colosos: el Racing, catorce años después, y el Dépor, ocho temporadas luego, vuelven a Primera División. Y lo hacen juntos, como si el destino no soportara más la idea de verles separados de la élite.

El Racing de Santander selló su billete el pasado 16 de mayo, en una tarde de comunión absoluta entre la grada y el césped. Los cántabros, que habían liderado la clasificación en 30 de las 40 jornadas disputadas, necesitaban una victoria ante el Valladolid y la derrota del Almería para certificar el ascenso. Ambas circunstancias se alinearon y El Sardinero explotó tras un 4-1 en el que Andrés Martín firmó un doblete y Asier Villalibre se inventó una chilena para la eternidad. El viaje de regreso había sido una condena de catorce años con cinco temporadas en Segunda B, una desaparición rozada en 2014 y la salvación por parte de una afición que literalmente rescató al club de sus cenizas.

La llegada en 2023 del empresario argentino Sebastián Ceria, casado con una santanderina, trajo estabilidad y el técnico José Alberto ha puesto la pizarra ofensiva. Pero si alguien merece este ascenso es la gente que nunca abandonó El Sardinero, esa afición que llenaba el estadio en Segunda y viajaba en masa a cualquier rincón.

Ocho días después, el Deportivo de La Coruña completó el círculo. En el José Zorrilla, mismo escenario de la gesta racinguista, los hombres de Antonio Hidalgo doblegaron 0-2 al Valladolid con un doblete de Bil Nsongo, un delantero que comenzó la temporada en el Fabril y que en pocos meses ha escrito su nombre en la historia del club. El Dépor sentenció su ascenso directo como segundo clasificado, con 77 puntos, tras una temporada en la que ha basado su solidez en las actuaciones de Mario Soriano, Yeremay, el portero Ferllo y un vestuario que ha sabido sobreponerse a los fantasmas del pasado. Porque el descenso de 2018 fue solo el principio del calvario: dos años después, en plena pandemia y en medio de una agria polémica con el Fuenlabrada, el equipo gallego cayó a la tercera categoría del fútbol español, la antigua Segunda B. Allí permanecieron cuatro cursos, viendo cómo el Celta Fortuna le ganaba en Balaídos y en Riazor, y perdiendo ascensos agónicos como el de 2022 ante el Albacete. Pero la afición coruñesa, como la santanderina, jamás soltó la mano de su equipo. Este domingo, casi cuatro mil deportivistas viajaron a Valladolid para ser testigos del renacer.

La importancia de estos dos ascensos trasciende lo meramente clasificatorio para convertirse en un acontecimiento cultural del fútbol español. Regresa a la élite el club decano, aquel que fue uno de los diez fundadores de la Liga en 1928, y vuelve también un campeón de Liga, dos Copas del Rey y tres Supercopas de España, un equipo que en 2004 rozó la gloria europea y que fue el último en arrebatarle un título liguero a los gigantes antes de la era del duopolio. Más allá de los trofeos, vuelven dos plazas con identidad propia: el norte cántabro y el noroeste gallego recuperan a sus representantes más ilustres. La próxima temporada, además, se reeditará «o noso derbi» entre Dépor y Celta, un duelo que Iago Aspas, recién renovado, podrá disputar en Primera nueve años después. El fútbol español, tantas veces acusado de centralismo y de monocultivo, se enriquece en matices.

Mientras en Santander la fiesta se desató con la chilena de Villalibre y en A Coruña los jugadores aterrizaban de madrugada para celebrarlo con su gente en la FanZone de Riazor, con DJ incluido, España entera tomaba nota de que la vieja guardia está de vuelta. Porque Racing y Dépor no vuelven de un tropiezo pasajero: vuelven de la muerte clínica, del abismo de la desaparición, de la constatación de que en el fútbol, como en la vida, no hay deuda que el amor incondicional no termine saldando. Que tiemblen los de arriba: el barro ya se ha secado y las botas de los colosos quieren volver a brillar.

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