Francia y Marruecos volverán a enfrentarse en una Copa Mundial de Fútbol cuatro años después de verse las caras en las semifinales de Catar 2022. Autor: Tomada de Cadena SER Publicado: 08/07/2026 | 08:04 pm
El Gillette Stadium de Foxborough se viste de gala este jueves 9 de julio para albergar uno de los duelos más esperados de los cuartos de final del Mundial 2026, un Francia-Marruecos que reedita el histórico cruce de Catar 2022 pero con un guion radicalmente distinto. Aquella semifinal, resuelta con un 2-0 que aún escuece en el alma marroquí, enfrenta ahora a una Francia que ha ganado sus cinco partidos sin necesidad de prórroga y a unos Leones del Atlas que ya no son la revelación de entonces, sino una potencia en pleno ascenso. El ganador de esta batalla de gallos y leones se medirá en semifinales a España o Bélgica, pero antes deberá resolver un duelo cargado de simbolismo, donde seis jugadores marroquíes nacieron en suelo francés y donde la venganza táctica y emocional flota en el aire húmedo de Massachusetts.
Francia llega como un rodillo imparable: pleno de victorias, 14 goles a favor y solo 2 en contra, con un tridente ofensivo formado por Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Michael Olise que es, sin discusión, el más letal del torneo. El capitán galo suma 7 dianas y 2 asistencias, alcanzando los 19 tantos en 19 partidos mundialistas, una cifra que solo Messi puede discutir, mientras que Dembélé (4 goles) y Olise (5 asistencias) completan un arsenal que ha desarbolado a Senegal, Irak, Noruega, Suecia y Paraguay sin contemplaciones. Sin embargo, la única sombra en el horizonte azul es la lesión de Aurélien Tchouaméni, el centinela del mediocampo que se perdió el duelo ante los guaraníes por problemas en los aductores y cuya ausencia, si se confirma, obligaría a Didier Deschamps a recurrir a Manu Koné, un pivote de mayor vocación ofensiva que podría abrir grietas en la retaguardia francesa ante un rival experto en castigar al más mínimo descuido.
Marruecos, por su parte, exhibe una solidez defensiva que ya fue su seña de identidad en Catar y que este año ha perfeccionado con un bloque bajo, presión intensa y transiciones rápidas que han dejado en la cuneta a Brasil (empate 1-1), Países Bajos (eliminados en penales) y a la anfitriona Canadá (3-0 en octavos con doblete de Azzedine Ounahi). Achraf Hakimi, su capitán, ha generado 15 ocasiones de gol, el mejor registro para un defensa africano en una sola edición mundialista, y su duelo particular con Mbappé por la banda derecha promete ser un partido dentro del partido. Pero las dudas acechan en el frente de ataque: Ismael Saibari, el nueve rompe récords que cayó lesionado ante Canadá, es seria duda y su eventual ausencia obligaría a Mohamed Ouahbi a reconfigurar un esquema que ya carece de un delantero centro fijo, dependiendo en exceso de la creatividad de Brahim Díaz y del renacido Ounahi para generar peligro desde segunda línea.
El centro del campo será el escenario de la batalla definitiva: Francia plantea un doble pivote de corte obrero, con Tchouaméni o Koné ejerciendo de vigilante y Rabiot como lanzadera, mientras que Marruecos otorga total libertad a sus mediocampistas para que fluyan y desordenen la estructura rival. Ahí radica la gran fortaleza gala, su capacidad para resolver partidos con la mínima aunque no tengan su mejor día, frente a la debilidad de una defensa que ofrece espacios y sufre desconcentraciones; y ahí también asoma la virtud marroquí, su disciplina táctica férrea y su especialización en el contraataque, aunque paguen el peaje de depender en exceso de la salud de Saibari y de la inspiración de su línea creativa. El choque trasciende lo táctico: el contexto emocional, con la convicción marroquí muy por encima del miedo reverencial que sintieron en 2022, y la presión de una Francia que no perdona ni un resquicio, convierten este cruce en un examen de madurez para ambos.
Los pronósticos inclinan la balanza hacia el vigente campeón del mundo, pero Marruecos ya ha demostrado que los papeles se mojan con la lluvia de Boston. La clave estará en si los galos logran imponer su ritmo ofensivo sin descuidar los espacios que generan al atacar, y si los leones del Atlas son capaces de mantener su solidez defensiva durante los 90 minutos mientras acechan con sus letales transiciones. El que gane la batalla del mediocampo y resuelva sus urgencias físicas tendrá un pie en el paraíso de los cuatro grandes, pero la historia reciente advierte que, entre estos dos gigantes, el fútbol siempre guarda una sorpresa. Este jueves, en Foxborough, se escribe un nuevo capítulo de una rivalidad que ya es patrimonio del fútbol mundial.
