Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Harry Potter vive su propia novela turca

Zidane debutó con victoria 1-0 ante Turquía en Kocaeli en una noche donde el guion se torció

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

Zinedine Zidane, el hombre que un día hipnotizó al mundo con una mediavolea en Glasgow y un cabezazo en Berlín, se sentó este viernes por primera vez en el banquillo de Francia y descubrió que la magia, en el fútbol de selecciones, se paga con sangre. El Kocaeli Stadyumu, un estadio a orillas del Golfo de İzmit, fue el escenario de un estreno que tuvo de todo: la emoción de un icono, la victoria por la mínima y la lesión de su capitán en el momento más luminoso de la noche.

Francia ganó 1-0 a Turquía en la primera jornada del Grupo A1 de la Nations League, un triunfo trabajado, sufrido, casi kafkiano, porque durante 45 minutos los otomanos cerraron todas las puertas y Zidane, desde la banda, encarnaba a un aprendiz de Hogwarts buscando el hechizo adecuado. En el primer tiempo, Turquía defendió con disciplina de manual, limitó los espacios y obligó a los Bleus a jugar de lado, sin profundidad. Olise lo intentó con un zapatazo que Çakır desvió por encima del travesaño, y Koundé estrelló un remate en el poste en la segunda mitad. El gol, cuando llegó, no fue producto de una jugada ensayada, sino de un instante de inspiración individual.

Minuto 54. Michael Olise filtró un pase al área. Kylian Mbappé, desplazado a la banda izquierda por decisión expresa de Zidane —«a mí me gusta mucho por la izquierda», había dicho el técnico en su presentación—, controló con la derecha, se perfiló y cruzó un disparo raso al primer palo. El balón besó la red. Era el gol número 67 de Mbappé con la selección francesa, un récord que sigue agrandando como quien colecciona cromos de una saga interminable.

Pero la alegría duró lo que un expecto patronum en una noche de dementores. Mbappé, al golpear el balón, sintió un pinchazo en la rodilla izquierda. Celebró el gol con una mueca, se llevó la mano a la zona afectada y, mientras sus compañeros lo abrazaban, él ya sabía que algo no iba bien. Intentó seguir. Recibió atención médica en el césped, volvió a levantarse, pero a los pocos minutos se echó al suelo y pidió el cambio. Zidane, con el gesto grave de quien acaba de ver cómo su varita se parte en dos, lo sustituyó por Désiré Doué en el minuto 59.

La imagen de Mbappé abandonando el campo cojeando, con la camiseta número 10 manchada de césped y la mirada perdida, fue el contrapunto amargo a una noche que debía ser de celebración. «No, no está bien. No está bien, por desgracia. Tendrá que regresar. No vamos a correr riesgos; se le extendió la rodilla cuando remató. No es muy alentador», admitió Zidane ante los micrófonos franceses. La Federación Francesa confirmó poco después que Mbappé sufre una lesión tendinosa y que volverá a Madrid para recibir tratamiento. En el Real Madrid, donde aún se lamían las heridas de la lesión de Konaté, la preocupación es absoluta: es la misma rodilla que ya le dio problemas la temporada pasada.

Turquía, mientras tanto, se quedó con diez hombres en el minuto 87 tras la expulsión de su portero Çakır, que salió del área a cortar un balón con la mano y fue expulsado tras revisión del VAR. El partido se cerró con los otomanos resignados y Francia administrando una victoria que supo a poco para lo que prometía. Zidane sumó sus primeros tres puntos como seleccionador, pero el grupo A1 queda liderado por Bélgica, que goleó 2-0 a Italia en Bruselas. El lunes, Francia visita a los belgas en un duelo que puede definir el destino de este grupo.

Zidane, el mago marsellés que esperó cinco años para sentarse en el banquillo de los Bleus, vivió su propia novela turca el día del capítulo uno: un estreno con final feliz en lo colectivo, pero con un cliffhanger médico que deja a Francia y a Madrid con el corazón en un puño. La era 'Zizou' ha comenzado. Pero el precio, esta vez, ha sido demasiado alto.

Comparte esta noticia