Lamine Yamal firmó un gol de antología contra República Checa. Autor: Tomada de As Publicado: 06/10/2026 | 10:09 am
Oviedo volvió a sentir a su selección. Once años después, el Carlos Tartiere se vistió de gala para recibir a la campeona del mundo, y la respuesta de la afición asturiana fue un homenaje de los que se recuerdan. El himno nacional sonó al compás de las gaitas, un detalle que emocionó a propios y extraños, y el ambiente festivo se contagió a un equipo que salió a morder desde el primer minuto. España no tardó en traducir ese calor de la grada en fútbol. A los seis minutos, Lamine Yamal recibió en la esquina del área, amagó con quitarse a su marcador y dibujó un disparo imposible que se coló por la escuadra. Fue un gol de bandera, de esos que hacen levantarse a los aficionados y rascarse la cabeza a los entrenadores. Luis de la Fuente, incrédulo, se llevó las manos a la cabeza.
El segundo tanto llegó como fruto de la presión y la calidad de un centro del campo que es una sala VIP del fútbol. Pedri, Rodri, Olmo y Baena se juntaron en la medular para marear a un rival que apenas podía respirar. En una transición rápida, Macek intentó despejar y puso el balón en las botas de Rodri, que no perdonó desde la frontal. Era el 2-0 en el minuto 35, y el partido, en ese momento, parecía sentenciado. El capitán volvía a marcar con la Roja después de más de dos años, y el Tartiere, entregado, coreaba su nombre.
Pero el fútbol, como la vida, no entiende de guiones perfectos. Con el partido aparentemente controlado, España se dejó ir. Los cambios, nueve respecto al once que goleó a Croacia, refrescaron el equipo, y también le quitaron el ritmo y la precisión. La República Checa, dirigida por Santi Denia —un hombre de la casa, campeón olímpico en París—, se creció. Jiri Slama recortó distancias en el minuto 69 con un disparo cruzado que sorprendió a David Raya, y minutos después, el propio Raya dejó escapar un balón que acabó en el fondo de la red, aunque el árbitro anuló el gol por una falta previa sobre Le Normand. El Tartiere, que había sido una fiesta, contuvo la respiración.
El susto despertó a España. De la Fuente movió el banquillo y Mikel Merino, fiel a su cita con los goles importantes, sentenció el partido en los minutos finales aprovechando un rebote dentro del área. Fue el alivio para un equipo que había vuelto a ganar, sí, pero que esta vez no firmó la exhibición de otras noches por quitar el pie del acelerador en el momento clave. La República Checa terminó con diez por la expulsión de Krejci, y el Tartiere, tras el pitido final, pudo por fin celebrar sin sobresaltos. España sumaba su tercera victoria en la Nations League y estiraba su racha histórica hasta los 41 partidos consecutivos sin perder.
La noche dejó varios nombres propios. Lamine Yamal volvió a demostrar que está en otra dimensión, con un gol que ya es candidato a lo mejor del año y una puesta en escena que ilusiona de cara al Balón de Oro, aunque estos números ya no cuenten. Rodri firmó su regreso goleador con la selección. Fresneda debutó con solvencia en el lateral derecho, y Roberto Fernández, el delantero del Espanyol, peleó y arrastró defensas en su estreno, aunque se marchó sin premio. La fiesta en Oviedo fue completa: gaitas, goles y una victoria que, aunque sufrida, mantiene a España en lo más alto de su grupo y en la cima de una racha que ya es historia del fútbol. El Tartiere volvió a rugir con la Roja. Y la Roja, aun sin brillar como otras veces, sigue sin saber lo que es perder.
