El actual Balón de Oro Ousmane Dembelé fue uno de los grandes protagonistas de la fiesta del PSG en Manchester. Foto: Tomada de Fotmob Autor: Juventud Rebelde Publicado: 16/10/2026 | 10:58 am
A veces la herencia deja de ser un privilegio y se convierte en una losa. Enzo Maresca lo vivió este miércoles en el Etihad Stadium, con Pep Guardiola observando desde la tribuna, con el fantasma de una década de gloria flotando sobre el césped y con el PSG de Luis Enrique dispuesto a recordarle que el trono no se hereda: se defiende. El City había llegado al partido con ocho victorias consecutivas, un pleno de seis triunfos en Premier League, un 3-0 en Anfield y la sensación de que el heredero había encontrado la fórmula para hacer olvidar al padre. Pero el fútbol tiene una manera cruel de devolver a los equipos a la realidad. Y este miércoles, en Manchester, la realidad llegó en forma de cuatro goles.
El partido empezó como un susurro y se convirtió en un vendaval en apenas dos minutos. En el 13, Vitinha y Hakimi sacaron el balón con una calma insultante, Fabián Ruiz encontró a Désiré Doué con el exterior y el joven delantero firmó un disparo pegado al poste que dejó a Donnarumma sin opciones. El Etihad, que había rugido con la ilusión de una noche grande, enmudeció. Y en el 15, cuando aún digería el primer mazazo, Ousmane Dembélé y Doué intercambiaron toques aéreos de una banda a otra para que el Balón de Oro cabeceara casi sin oposición. Dos goles en dos minutos. El 2-0 reflejaba la distancia real entre un proyecto en su mejor momento y una reconstrucción que aún busca su identidad.
Maresca había planteado un equipo demasiado abierto en el mediocampo. La apuesta por Rayan Cherki como mediapunta, con Enzo Fernández ya ocupando zonas de creación, dejó a Elliot Anderson aislado y superado ante el mejor mediocampo del mundo. El PSG lo olió. Y lo castigó. En el 32, Warren Zaïre-Emery dejó un taco con intención, Akliouche prolongó y Vitinha, con un disparo endiablado, firmó el 3-0. En la grada, las cámaras buscaban a Guardiola. Su rostro se agriaba con cada gol. En el campo, Haaland se acercó a sus compañeros y pronunció la frase que se haría viral: «Es imposible».
Maresca movió el banquillo al descanso con la frialdad del que sabe que ya no tiene nada que perder. Entraron Bouaddi, Ndiaye y otros revulsivos, y el City, por primera vez en la noche, pareció un equipo de verdad. En el 53, Ndiaye sirvió desde la izquierda y Haaland conectó un cabezazo que devolvió la vida al Etihad. El Androide, que había estado desaparecido en combate durante la primera parte, despertó. El estadio volvió a rugir. Durante diez minutos, el PSG se replegó, incómodo, y el City acumuló ocasiones: Enzo Fernández estrelló un balón en el poste, Haaland probó a Safonov, y Antoine Semenyo, el hombre más desacertado de la noche, desperdició una ocasión clarísima para poner el 3-2. El partido estaba en el aire.
Pero el PSG no había ido a Manchester a dejarse remontar. En el 63, Maghnes Akliouche disparó a la media vuelta desde la frontal, un remate que parecía inofensivo, y un fallo clamoroso de Donnarumma convirtió el balón en el 4-1. Fue un gol sucio, casi accidental, pero valió lo mismo que los tres anteriores. El Etihad se quedó helado. La reacción del City, que había sido valiente y merecida, se desmoronó en una jugada que resumía la noche: un error, un regalo, un castigo.
Haaland no se rindió. En el 75, aprovechó una asistencia de Bouaddi para firmar su doblete y devolver cierta dignidad al marcador. El Androide, que había vivido una primera parte de pesadilla, terminó la noche con dos goles y la sensación de haber hecho todo lo que estaba en su mano. Pero el City no encontró el tercero. Safonov salvó un mano a mano con Haaland, y en el 90, Ferran Torres, exjugador del City, falló un penalti que habría supuesto el quinto para el PSG. El marcador final dejaba al PSG como líder de la fase de liga con seis puntos y diez goles a favor
Enzo Maresca, el heredero que había vivido ocho partidos en una burbuja de invencibilidad, afronta ahora la primera mini crisis de su proyecto. «Ha sido un partido un poco extraño porque encajamos dos goles en dos minutos», dijo tras el partido. «En la segunda parte hicimos lo suficiente como para merecer algo más». La frase resume la sensación agridulce de un equipo que fue mejor durante 45 minutos, que generó 27 remates y 2,5 goles esperados (xG), pero que se marchó del Etihad con una derrota que duele.
Pep Guardiola, el hombre que durante una década convirtió el Etihad en su casa, observó desde la tribuna cómo su heredero sufría la misma derrota que él sufrió en su último enfrentamiento con el PSG. El testigo había pasado de Guardiola a Luis Enrique, y de Luis Enrique a Maresca, en una cadena de mando que el fútbol europeo empieza a reconocer. Pero el heredero, por primera vez, ha descubierto el precio de la corona. La temporada del City no está terminada: quedan seis jornadas de fase de liga y la Premier League sigue siendo una posibilidad. Pero el miércoles, en Manchester, el PSG le dio cuatro golpes de realidad al heredero.
