Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El Betis pinta Europa de un color especial

Veintiún años después, el himno de la UEFA volvió a retumbar en una ciudad que se pintó de verde esperanza

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

Hay colores que no se explican. Se sienten. El verde del Betis no es un color: es una temperatura, un estado de ánimo, una manera de estar en el mundo. Este miércoles, en La Cartuja, ese verde se derramó por las gradas, se metió en los huesos de 60.000 personas y tiñó una noche de Champions League que Sevilla llevaba veintiún años esperando. El cartel a las afueras del estadio lo anunciaba sin pudor: "Verde esperanza". Y vaya si lo fue.

El partido empezó como empiezan las grandes noches: con un rugido. El himno de la Champions retumbó en La Cartuja y el Betis, lejos de arrugarse, se lanzó a por el Porto como quien lleva dos décadas conteniendo el aliento. En los primeros cinco minutos, los de Pellegrini generaron tres ocasiones claras. Abde probó a Diogo Costa, Roca disparó al lateral de la red y Deossa rozó el poste con un latigazo desde la frontal. El Porto, ocho victorias en ocho partidos en su liga, apenas podía respirar. El larguero salvó a los portugueses de un remate de André Silva, pero el mensaje estaba claro: el Betis no había vuelto a la Champions para ser un invitado.

El descanso llegó sin goles, pero con la sensación de que el partido estaba a punto de estallar. Y estalló. En el minuto 46, Fran García apareció por el medio, tocó para Abde y el marroquí, desde el vértice del área, sacó un disparo de primera que se coló por la escuadra. Fue un golazo de esos que se celebran con el cuerpo entero, un tirazo que hizo temblar La Cartuja y que parecía sentenciar la noche. El Betis ganaba, jugaba bien y el Porto miraba al reloj.

Pero el fútbol, como la vida, no entiende de guiones lineales. En apenas siete minutos, el Porto dio la vuelta al marcador. Primero, Gabri Veiga, el exjugador del Celta, firmó un tiro libre impecable que se coló junto al palo. Después, Samu Aghehowa, el delantero que el Atlético dejó escapar, culminó una jugada colectiva con un remate potente que dejó a Valles sin opciones. El 2-1 dolía. La Cartuja, que había cantado con el gol de Abde, se quedó en silencio. Y en ese silencio, apareció el Betis de verdad.

En el minuto 74, Antony desbordó por la derecha, puso un centro raso al área y el Cucho Hernández, con la frialdad de un delantero que sabe que su momento es ahora, empujó el balón a la red con un disparo de primera. El colombiano firmaba su primer gol en Champions y devolvía la vida a su equipo. La Cartuja volvió a rugir. Y cuando el partido parecía abocado al empate, llegó la jugada que lo cambió todo: una falta de Francisco Moura sobre Ángel Ortiz dentro del área. El árbitro, Clément Turpin, revisó el VAR y señaló el punto de penalti. Isco cogió el balón. El capitán, cinco veces campeón de Europa, sabía lo que significaba ese momento. Lo lanzó con la serenidad del que ha vivido mil noches como esta, engañó a Diogo Costa y selló el 3-2. La Cartuja explotó.

El Porto lo intentó hasta el final. Santiago Giménez tuvo dos remates de cabeza que Álvaro Valles, portero del Betis, salvó con paradas de mérito. El arquero verdiblanco, que había tenido un error en la primera parte, se redimió con una actuación decisiva en los minutos finales. Cuando Turpin pitó el final, La Cartuja era una fiesta. Los jugadores se abrazaban en el centro del campo, Pellegrini sonreía desde la banda y la afición, esa que llevaba veintiún años esperando una noche así, cantaba sin parar.

Lo que es seguro es que la afición bética llenará Europa de un color especial, escribió el Diario de León hace dos décadas, cuando el Betis se clasificó por primera vez para la Champions. Veintiún años después, ese color especial volvió a brillar. No fue en el Villamarín, sino en La Cartuja. No fue con un equipo invicto, sino con un Betis que tuvo que remontar. Pero fue, al fin y al cabo, una noche de Champions en Sevilla. Y eso, para los béticos, no tiene precio. Sevilla tuvo un color especial. Y el color, esta vez, fue verde esperanza.

 

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.