El Bodø/Glimt volvió a hacerse grande en el círculo polar ártico tras vencer al Borussia Dormuntd. Autor: espndeportes.espn.go.com Publicado: 19/10/2026 | 10:49 am
El Círculo Polar Ártico no perdona a los que llegan con ínfulas de grandeza. El Bayern Múnich lo descubrió el martes en Stavanger, dejándose dos puntos en un empate agónico (3-3) ante el Viking tras la expulsión de Olise. Y el Borussia Dortmund lo comprobó este miércoles en Bodø, donde el vigente campeón noruego le propinó un correctivo que duele más por lo que significa que por el marcador en sí. Dos buques insignia del fútbol alemán, dos encallamientos en el mismo mar helado, dos recordatorios de que en el norte de Noruega el fútbol se juega con otras reglas.
El Dortmund, que llegaba al Ártico con siete partidos sin perder, se estrelló contra un muro llamado Nikita Haikin. El portero del Bodø/Glimt firmó una actuación monumental, desviando con la punta de los dedos un remate de Nmecha que habría cambiado la historia. Pero el naufragio comenzó antes, en el minuto 52, cuando Fredrik Sjøvold desvió al primer palo un centro raso de Sondre Auklend. El Aspmyra Stadion, con apenas 8.200 localidades, el recinto más pequeño de esta Champions, se convirtió en una caldera de hielo. El Dortmund, que mejoró con los cambios de Kovač en el minuto 60, se quedó con la miel en los labios: Guirassy, Nwaneri, Bellingham, todos probaron, todos se toparon con Haikin o con su propia puntería. La primera derrota de la temporada desde la Supercopa alemana dejaba un sabor amargo y una certeza incómoda: este Bodø/Glimt ya había tumbado a Manchester City, Inter y Sporting en su césped artificial.
La noche anterior, el Bayern había vivido su propio calvario noruego. Dos días, dos desplazamientos al norte, dos resultados que dejan a los equipos alemanes con la moral por los suelos y la clasificación en el aire. La coincidencia es demasiado cruel para ser casualidad. Alemania, la tierra del fútbol ordenado y eficiente, ha descubierto que el Ártico tiene sus propias leyes. El Bodø/Glimt, que había caído 5-0 en Múnich en la jornada inaugural, se reivindicó ante el Dortmund. La diferencia es que el Bayern aún conserva un punto de margen y el Dortmund se queda con tres puntos en dos jornadas, viendo cómo el sueño de la clasificación directa se complica. El buque alemán, esta vez, no fue un solo barco: fueron dos, encallados en el mismo banco de hielo, con el Círculo Polar como testigo silencioso de su naufragio.
Kovač lo resumió con dureza tras el partido: «Nos faltó pasión». Y esa frase, aplicada a ambos equipos, resume la noche. El Dortmund no supo sufrir, no supo competir en un campo donde el frío, el césped artificial y la historia del Bodø/Glimt pesan más que cualquier alineación sobre el papel. El Círculo Polar Ártico ha hablado, y su mensaje es claro: en el norte, los alemanes no son bienvenidos. El Dortmund ya lo sabe. El Bayern, también. Y mientras ambos equipos buscan la manera de enderezar el rumbo en la Champions, el fantasma de Noruega seguirá flotando sobre sus cabezas como una advertencia helada.
