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Moreira tiñe de rojo y negro la ciudad de la moda

Contra su máximo rival histórico, la escuadra rossonera sacó un enorme susto que rompió su invicto local

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Milán es la capital de la elegancia, pero este sábado en San Siro el fútbol se vistió de rojo y negro para impartir una lección de estilo, vértigo y autoridad. El AC Milan no solo ganó el Derby della Madonnina: lo interpretó como una pasarela donde el belga Diego Moreira se coronó como el nuevo rey de la ciudad, firmando una asistencia y un gol para enterrar el invicto del Inter y devolverle la vida a la lucha por el Scudetto.

El partido tuvo un arranque de esos que rompen guiones y taquillas. Apenas cuatro minutos en el reloj, Moreira encaró por la derecha, dejó atrás a Carlos Augusto con un cambio de ritmo seco y colgó un balón medido al área para que Christian Pulisic, el hombre de los derbis, cabeceara a la red sin oposición. San Siro, que había rendido homenaje minutos antes a Ricardo Kaká por su ingreso al Hall of Fame, rugió con la certeza de que la noche sería suya.

Y no tardó en confirmarse: seis minutos después, el propio Moreira sacó un córner corto con la precisión de un relojero y Adrien Rabiot fusiló de primeras con una vaselina sutil que se coló besando el palo lejano. Dos golpes, dos puñales, y el Inter de Chivu, que llegaba como líder invicto, se tambaleaba por primera vez en la temporada.

El conjunto nerazzurri tuvo su momento de reacción. Alessandro Bastoni recortó distancias en el 22 tras un córner botado por Çalhanoğlu y peinado por Akanji, y durante diez minutos el Inter olió sangre. Pero allí apareció la figura que sostuvo el edificio rossonero más crujía: Mike Maignan. El portero francés firmó una primera parte de reflexión felina, sacando un disparo de Spence desde el punto de penalti, otro de Çalhanoğlu y un cabezazo de Thuram que llevaba sello de empate. Maignan fue el muro contra el que se estrelló la rebelión interista, y su actuación permitió al Milan llegar al descanso con la ventaja intacta.

Y cuando el partido pedía un cierre de época, apareció de nuevo Moreira. En el 43, el belga se plantó frente al balón para ejecutar un tiro libre a unos 30 metros de la portería de Josep Martínez. Lo acarició con el interior de la zurda, la pelota sobrevoló la barrera con un suspense teatral y se coló junto al palo derecho antes de que el guardameta pudiera siquiera intuir la trayectoria. Un golazo de antología que silenció a la mitad del estadio y encendió la otra. Era el 3-1, el tercer tanto en el que Moreira participaba directamente, y la sentencia moral de un derbi que ya no tendría vuelta atrás.

La segunda parte fue un ejercicio de gestión emocional y resistencia táctica. El Inter lo intentó con más corazón que claridad, y tuvo un penalti a favor en el 75 que el VAR terminó anulando tras revisar una mano de Gila. Fue el último aliento de un equipo que se quedó sin ideas y sin gasolina, mientras el Milan administraba la ventaja con la serenidad del que sabe que el partido ya está en el bolsillo. El pitido final confirmó lo que San Siro ya sabía: el Milan sumaba su cuarta victoria consecutiva en el derbi y el Inter perdía su primer partido liguero de la temporada, cayendo del liderato al segundo puesto por diferencia de goles ante la Lazio.

Diego Moreira, el hombre que llegó procedente del Chelsea con la etiqueta de promesa y que este sábado se convirtió en la pesadilla del Inter, tiñó la ciudad de la moda con los colores del Milan. Su actuación no fue solo una exhibición individual: fue la demostración de que el proyecto de Amorim ha encontrado a su futbolista diferencial y de que el derbi, ese partido que paraliza a una ciudad entera, tiene un nuevo dueño.

El Inter, herido en el orgullo pero aún líder en la distancia de puntos, tendrá que lamerse las heridas rápido. El Milan, en cambio, celebraba en San Siro una noche que supo a reconciliación con su historia y a recordatorio para el resto de la Serie A: cuando el rojo y el negro se visten de gala, la moda se rinde al fútbol.

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