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Perú: magma sin cauce

Un nuevo sujeto social trata de conducir la insatisfacción de la ciudadanía, pero no hay asidero político a la vista  

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Ha vuelto a emerger el magma que bulle bajo los pies del ejecutivo peruano, expresado en las encuestas que revelan la existencia de un 78 por ciento de la ciudadanía  que quiere la renuncia de Dina Boluarte. Pero junto con la demanda, que primó en las primeras manifestaciones tras su asunción como Presidenta designada para sustituir al depuesto Pedro Castillo, afloran otros reclamos. 

Hace unos días, la llamada tercera toma de Lima fue la explosión de lo que se visibiliza como un rosario de renovadas protestas populares con agenda reforzada.

La demanda de libertad para Castillo y todos los detenidos durante las manifestaciones anteriores se vocea ahora más alto, y constituye uno de los matices que colorean las acciones junto a un nuevo punto en la agenda popular: el pedido de renuncia a un Congreso que sigue legislando según las motivaciones de sus tiendas políticas, y no en el interés del país.

 

Foto: AFP

El adelanto de elecciones, una Constituyente y, por supuesto, la salida de la Presidenta sustituta completan las demandas, tan amplias como extenso es el espectro de gremios y movimientos políticos, sociales, campesinos e indígenas que se están movilizando.

También destaca una mejor articulación de las protestas que pudo observarse en la amplia afluencia de manifestantes de otras regiones para participar en la nueva toma de Lima, a pesar del dispositivo policial que desde días antes impidió a muchos el acceso. El clamor también exhibió una mayor extensión de regiones involucradas: 64 de las 195 provincias existentes en el país, se sumaron.

Pero ello no constituye lo único que distingue a estos acontecimientos en comparación con los que tuvieron en vilo a Perú desde diciembre hasta marzo, cuando inició un tramo caracterizado por aparente calma.

Un nuevo actor ha salido a la luz en el campo popular: la Coordinadora Nacional Unitaria de Lucha del Perú (CNULP), que se afirma ha sido el núcleo central de las movilizaciones recientes.

Luego de las protestas de los últimos días de julio en torno al Día de la Independencia, la CNULP ha anunciado lo que pudiera entenderse como lapso para proseguir la reorganización y tomar fuerzas de cara a otras movilizaciones, anunciadas para octubre.

Acaso la Coordinadora, integrada por más de un centenar de organizaciones políticas y sociales, otorgue más organicidad y capacidad de resistencia al heterogéneo abanico inconforme con una institucionalidad de estructura carcomida, que vuelve a mostrar su incapacidad moral para mantener la estabilidad.

Por eso recurre a la fuerza que dejó más de 60 muertos entre diciembre y febrero pasados y le ha ganado más repulsa a Boluarte, así como la desaprobación de instancias internacionales defensoras de los derechos humanos cuyos pronunciamientos, sin embargo, no parecen haber hecho mella en la mandataria.

Aunque no provocó muertos, la represión volvió a marcar las protestas pacíficas de hace unos días y amenazó con reforzar la violencia cuando, en medio de las manifestaciones, Boluarte pidió al Congreso poderes extraordinarios para «garantizar la seguridad», supuestamente, ante el auge de la delincuencia y la violencia. La solicitud despertó reacciones encontradas en el legislativo y mal esconde el peligro que representa para el movimiento popular, de llegar a aprobarse.

No falta quien se pregunte qué otros poderes estarían detrás de una mandataria que llegó a la primera magistratura desde la vicepresidencia, en lo que puede considerarse una traición a Castillo y al partido que lo postuló —el mismo al que ella pertenecía—, Perú Libre, del cual fue expulsada, razón por la cual ni siquiera tiene ahora bancada en el Congreso.

Las dudas vuelven a asaltar cuando se toma en cuenta que a instancias suyas, el legislativo aprobó en junio una resolución que autorizó la entrada al país de tropas extranjeras armadas. Aunque en otros dos proyectos aprobados a seguidas se precisaba el permiso para que militares de Estados Unidos y Japón realizaran intercambios de operaciones en la selva, con fecha de vencimiento el pasado mes, no se sabe si ello anuló o deja vigente la primera legislación, que mantendría las puertas abiertas para otros contingentes y otras armas…

Dónde están las salidas

Al dar a conocer las acciones futuras, la CNULP dio cuenta de que es sabedora de la necesidad de dotar de conciencia a las bases más allá del mero enojo, y habló de la pertinencia de «desarrollar eventos provinciales, regionales, macro regionales, sindicales, sectoriales, culturales, en los que se examine la situación política nacional, regional y local».

Ahora, afirman, se trata de forjar la unidad.

De hecho, 21 partidos y un centenar de personalidades políticas peruanas respaldaron las protestas recientes y expresaron en un comunicado «nuestra voluntad de caminar al lado del pueblo organizado, en torno a los puntos que nos unen, así como hacemos un llamado a toda la ciudadanía a defender la vida y la democracia».

Llama la atención que entre los firmantes se encuentran agrupaciones que no son de izquierda y quizá, ni siquiera se autodefinirían como progresistas como es el caso del Partido Morado, de la mano de cuyo titular, Francisco Sagasti, se ejecutó una labor limpia en el lapso que debió dirigir al país luego de la salida de Manuel Merino y, antes, de Martín Vizcarra.

Aquellas protestas de noviembre de 2020 que rodearon ambos acontecimientos, fueron las primeras en demostrar el disgusto existente, y condujeron finalmente a los comicios donde esos sectores catalizaron la molestia con la política tradicional mediante la elección del maestro campesino Pedro Castillo, en julio del año siguiente.

Desde luego, la salida ahora no está al doblar de la esquina. Jorge Pizarro, uno de los integrantes de la CNULP, ha declarado que «la lucha recién comienza».

Según informaron, durante este mes sostendrán reuniones regionales para consolidar la unidad en torno a la plataforma política planteada y concertar, dijeron, un mecanismo de articulación social y territorial.

No obstante, no parece posible hasta ahora que en el espectro político peruano exista una agrupación capaz de capitalizar o conducir insatisfacción tan extendida.

Hace pocos días, la decisión de la dirigencia de Perú Libre (PL), el partido que acogió la candidatura de Castillo y lo acompañó en la presidencia —hasta que, muy pronto, las presiones de la derecha sobre el mandatario y su incapacidad para resistirlas, los distanciaron—, optó por aspirar a la directiva de un Congreso repudiado.

La votación en el hemiciclo, que le concedió finalmente a PL una de las vicepresidencias, se realizó al mismo tiempo que, afuera, manifestantes rechazaban al legislativo.

Muchos de sus seguidores acusan ahora a PL de haber pactado con el fujimorismo, representado en Fuerza Popular y que se quedó con la primera vicepresidencia del Parlamento. Según cálculos del expresidente Martín Vizcarra, la agrupación que comanda Keiko Fujimori espera agazapada el momento de dar el zarpazo.

Aunque los líderes de PL han explicado que el propósito no es arriar sus banderas y enarbolar las de la derecha sino ir llegando, de algún modo, al poder institucional, la decisión le ha ganado críticas y hace temer una nueva fractura en un espectro progresista cada vez más amplio desde el punto de vista popular, pero con menos asidero en lo político. Es tarea ingrata e inútil obtener el poder arriba si, abajo, hay un distanciamiento de las masas donde radica el más fuerte poder.

Ello también invita a pensar en la falta de alternativas para representar los clamores populares en el caso hipotético de que Boluarte, muy distante del propósito de renunciar, de algún modo saliera del Gobierno; o se concretase el exigido adelanto de los comicios.

¿O emergerá otro representante del pueblo como Castillo, vapuleado y depuesto por los sectores que siguen mal dirigiendo los destinos de Perú?

La capacidad de lucha de las mayorías se ve intacta. O fortalecida. Lo que resulta imposible divisar desde aquí, es dónde está el cauce que las conduciría a buen puerto.

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