Las agencias de la ONU han denunciado cuán insuficiente resulta la ayuda financiera para aliviar las crisis alimentarias que padecen millones de personas en el mundo Autor: UN.org Publicado: 19/06/2026 | 09:07 am
TAL vez uno de los fenómenos más recurrentes y, a la vez, más complejos de desentrañar sea el del hambre y la inseguridad alimentaria que padecen centenares de millones de personas en el mundo. Dada la multiplicidad de factores que confluyen en este flagelo planetario —conflictos bélicos, deterioro de la situación medioambiental, bajos niveles de producción agrícola—, resulta extremadamente complejo satisfacer esta exigencia primordial de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Una de las evidencias más rotundas de cuánto se han agravado el acceso a las fuentes básicas de alimentación a lo largo del planeta, la acaba de aportar el informe Red mundial contra las crisis alimentarias, publicado semestralmente por el Programa Alimentario Mundial (PAM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Si bien el documento identifica una docena de naciones donde se localizan los principales «focos del hambre» a escala global, las mencionadas agencias de Naciones Unidas muestran particular preocupación hacia la situación imperante en Sudán, Sudán del Sur, Yemen, Somalia, Haití, Afganistán, Mali, Myanmar, Madagascar, la República Democrática del Congo y Nigeria.
Si existe un denominador común entre todos los países que demandan acciones urgentes para mitigar los efectos del hambre y la desnutrición, es el estado de guerra que padecen múltiples territorios expuestos a ocupaciones neocolonizadoras, desplazamientos forzados y guerras civiles.
A esta falta de seguridad ciudadana, se suman fenómenos naturales cada vez más mortíferos por la irregularidad climática, tales como sequías, inundaciones o precipitaciones irregulares. No menos preocupante es la situación que impera en el este de la República Democrática del Congo, donde el repunte de la epidemia del ébola dificulta el acceso de la ayuda humanitaria a los más necesitados.
Aunque resulta exigente estimar la cantidad de personas que padecen este estado crítico de inseguridad alimentaria en diversos puntos del planeta, el informe del PMA y la FAO considera que al menos 266 millones de individuos no cuentan con los alimentos básicos para garantizar su subsistencia. Este desolador panorama contrasta con la disminución de los recursos destinados por las agencias internacionales para la asistencia agrícola de urgencia y a la ayuda nutricional. En efecto, entre 2022 y 2025 —según develó el portal web news.un.org—, el financiamiento para mitigar las crisis alimentarias disminuyó en un 59 por ciento, alcanzado el nivel más bajo en más de una década.
Lejos de avizorar un escenario de solución que revierta este panorama a escala global, el mencionado informe prevé un agravamiento de la situación alimentaria tanto en Sudán como en Sudán del Sur. En esta región próxima al Cuerno de África —identificada como el «epicentro del hambre» en el planeta—, la falta de alimentos podría afectar a 36 millones de personas, casi la mitad de la población conjunta de ambos Estados.
Tampoco se vislumbra un escenario más halagüeño para la Franja de Gaza donde, dada la fragilidad del alto el fuego esgrimido por el régimen sionista desde octubre de 2025, y que viola a diario, continúan existiendo dificultades para el acceso de la ayuda humanitaria que demandan los habitantes del enclave costero.
Aunque el PMA y la FAO anunciaron el acceso futuro a fondos de emergencia superiores a 800 millones de dólares gracias a la buena voluntad de donantes internacionales, ambas agencias no minimizaron la magnitud de la crisis. Según declaró el director adjunto del Programa Mundial de Alimentos Carl Skau citado por PL, buena parte de esos recursos financiarán acciones inmediatas en los ámbitos de la nutrición, la salud materna y la protección a la infancia. De acuerdo con las declaraciones del funcionario internacional sueco, el sistema de Naciones Unidas aspira emprender las acciones más eficaces y menos onerosas para salvar vidas y para que las crisis alimentarias identificadas no deriven en catástrofes humanitarias de incalculables dimensiones.
